Cuando se visita el glaciar Perito Moreno lo clásico es hacerlo desde las pasarelas, en un recorrido de más o menos tiempo. En función de la prisa del autocar. Otra opción es navegar por el lago Argentino y llegar hasta la cara norte del glaciar. Si has escuchado alguna vez el sonido del hielo al resquebrajarse o el estruendo y las olas que provocan los enormes trozos que se suicidan desprendiéndose de la pared, seguro que no lo olvidas. Es uno de esos sonidos que se meten muy adentro.

Existe una tercera vía para visitar el Perito Moreno: el trekking sobre el glaciar. Ahí ya pasas a formar parte del mismo, llegas a un acuerdo de no agresión que acabas de rubricar cuando bebes agua de alguno de los sumideros que se forman en el hielo. La empresa concesionaria de la actividad, por lo tanto la única con la que se puede hacer el trekking (no está permitido ir por libre) es Hielo & Aventura. Tras una breve navegación por el lago Rico, de unos veinte minutos, se llega a un pequeño embarcadero frente a la pared sur, desde donde parte una senda que lleva hasta el pie del glaciar. Allí hay que colocarse los crampones.

Su uso es relativamente fácil si se siguen unas indicaciones. Hay que tener bien sujeto el calzado antes de colocar el crampón, que se atará fuertemente pasando las cuerdas por las distintas argollas y haciendo un nudo final. A la hora de caminar por el hielo hay que dar pasos firmes, con las piernas separadas y levantando el pie sin arrastrar, se pisa con el pie plano para que se claven todas las puntas en el hielo. Si el camino hace subida, caminaremos con pasos cortos y con las puntas de los pies hacia el exterior en cuña. Si se pone cuesta abajo, pies rectos y bien separados para no engancharse, las rodillas flexionadas y la espalda recta.

Al finalizar el recorrido, se hace una de esas concesiones que tan bien quedan en las tertulias de domingo con la familia. Un trago de bourbon servido con hielo del glaciar.

Por cierto, que no te vendan el cuento de los hielos milenarios, no hay tiempo para ello. El Parque Nacional de los Glaciares está situado en una latitud equivalente a la de Londres en el norte. El motivo de que se hayan formado glaciares en esa zona lo encontramos en el omnipresente viento, que forma corrientes que llegan desde el mar arrastrando gran cantidad de humedad. En su recorrido hasta el lago, no hay tiempo suficiente para que el hielo alcance la senectud que se le supone a otros glaciares repartidos por el mundo, que necesitan de otras condiciones como temperaturas extremas y/o altitud para su formación. Aún es un poco pronto para concretarlo, se están llevando a cabo los correspondientes estudios, pero parece ser que el Perito Moreno es uno de los pocos glaciares del mundo que no está en retroceso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Más información sobre el trekking en el glaciar Perito Moreno en la web de Hielo & Aventura.

La ciudad de Buenos Aires está ligada al tango como pocas ciudades en el mundo a cualquier otra música. Si acaso Lisboa con sus fados. Se puede asistir a todo tipo de espectáculos, algunos de dudosa calidad como pasa en España con las cenas de paella, sangría y velada amenizada con flamenco. Uno de los espectáculos de mayor calidad en la ciudad es el que ofrece cada noche El viejo almacén, que da nombre al local y a un tango. Su espectáculo está enfocado al turismo, no es lo mismo asistir a uno de estos locales que a una milonga mucho más ímtima, pero dentro de la amplia oferta de la ciudad, éste cuenta con bailarines, músicos y cantantes de mucha calidad. Os dejo una selección de fotos intercalada con algunos extractos de letras de los tangos más famosos: Malena, El día que me quieras, Mi Buenos Aires querido, Caminito y Cafetín de Buenos Aires.

Malena canta el tango con voz de sombra,
Malena tiene pena de bandoneón.

La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar…

Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver,
no habrá más pena ni olvido.

Caminito que todas las tardes
feliz recorría cantando mi amor,
no le digas, si vuelve a pasar,
que mi llanto tu suelo regó.

Cómo olvidarte en esta queja,
cafetín de Buenos Aires,
si sos lo único en la vida
que se pareció a mi vieja…
En tu mezcla milagrosa
de sabihondos y suicidas,
yo aprendí filosofía… dados… timba…
y la poesía cruel
de no pensar más en mí.

La respuesta de la D700 a ISO alto, fabulosa como siempre. Sólo tuve que tener la precaución de hacer mediciones puntuales y sus correspondientes compensaciones e ir variando la temperatura de color (WB) según la luz que predominaba sobre el escenario en cada momento.

Esta es la vista desde la terraza, en el piso 23, del hotel Panamericano. Quise hacer un experimento montando un time-lapse de la avenida 9 de julio, una de las de más tráfico de la ciudad. Aunque las fotos están hechas en domingo, se puede ver el ajetreo de vehículos por la avenida. Son 300 disparos para montar apenas 12 segundos.

Buenos Aires es un estado de ánimo. Una ciudad se compone de calles, edificios, personas y tiempo para nada. No se puede reducir a algo tan simple. Buenos Aires son emotivos reencuentros tras medio siglo fuera, celos, historias de amor junto al río de la Plata. Un mate que amarga pero me callo, una sonrisa saliendo del Panamericano, cuarenta años sirviendo cafés en la misma barra, una caricatura porteña durmiendo en un parque, un mucho de Borges y un poco de Vázquez-Rial, más Maradona que Messi y que la sigan chupando; una cabina de Tele-fornica.

En Buenos Aires los gobiernos de la nación y del municipio discuten en vallas publicitarias por las obras de la autopista, los manifestantes trabajan -oxímoron porteño- de lunes a viernes en la 9 de julio, los fines de semana con los pies en remojo en el Tigre. Buenos Aires son bosteros y gallinas, una entrada para el cine Arteplex Centro, librerías de saldo y pizza para cenar entre los neones de Güerrin.

Claro, que también es Caminito, un Especial de lomo en el café Tortoni, operaciones de estética y 36 billares venidos a menos. Un carterista en Palermo, excedente de psicólogos y mil cartas de ultramar (ahora un e-mail). Circula un Ford Falcon con la incertidumbre de si abrirá sus puertas de repente. Son las tres, la hora en que se cae el cielo y da igual que corras.

Buenos Aires es como contabas, una postal de San Telmo, lágrimas en la plaza de Mayo, pero todo esto ya lo dijo Sabina. Son horas perdidas, avanzo, un giro a la derecha, estoy perdido. ¿Dónde está el mapa? Buenos Aires son teatros en noche de estreno, una milonga en La Ideal, un buen polvo bailado.
Buenos Aires es vida, amor a primera vista. Llevo un día en Buenos Aires.

¿Cómo se llega a la cueva El Soplao? Muy fácil. Sales de Santander y si te encuentras un cartel que pregunta ¿Te quieres casar conmigo?, vas en la dirección correcta. Aunque la empresa anunciadora se llame Milagros, no hagas caso y sigue recto. Unas cuantas naves industriales, pocas, y el paisaje se transforma en un mosaico de tonos verdes, eucaliptos invasores, alguna vaca y casas con la colada tendida en sus ventanas. Aunque llueva. Luego llega Torrelavega para poner una pausa en el paisaje. En el cruce que indica Los Tánagos, hay que girar a la derecha. A nuestra izquierda, quedará el bar Venecia con sus barcas y todo. Si pasas la estatua de Naranjito, junto al bar Royal 2, ya no hay perdida.

En Cantabria hay más de 60.000 cuevas registradas. Algunos se empeñan en decir que parece un queso gruyer, aunque el conocido queso suizo no tenga agujeros. La cueva El Soplao fue una antigua explotación minera de zinc y plomo. El nombre lo recibe de las pequeñas cuevas que encontraban los mineros y que contribuían a generar una corriente de aire o soplao. Un tren de aspecto minero te introduce en la cueva. Los efectos de luz y sonido tratan de trasladarte a la época en que los mineros se jugaban la vida en el interior. Entre murmullos, goteo de agua, picos chocando contra la roca y falsos derrumbes discurre la visita.

Varias son las particularidades que convierten a la cueva El Soplao en única. Una de ellas, las formaciones excéntricas, compuestas principalmente por calcita y aragonito (sí, a mí también me suena a apelación cariñosa para los maños o a baile tradicional). Otra de las rarezas son las pisolitas, conocidas como perlas de las cavernas. También se ha encontrado muy cerca de la cueva ámbar azul con bioinclusiones: más de 50 clases de insectos ya extinguidos, una especie de Parque Jurásico de moscas y mosquitos.

Pero eso no es todo. Hace apenas un par de meses, se ha publicado el descubrimiento de estromatolitos, rocas biológicas cubiertas de bacterias que se desarrollan mediante un proceso similar a la fotosíntesis. ¿Pero no estábamos en una cueva? En ella continuamos. Han conseguido liberar el óxido de manganeso del agua en un proceso no apto para mentes de letras. Microbios extremófilos oxidaban el manganeso que contenía el agua y utilizaban el óxido de manganeso resultante, en lugar de la luz, para sintetizar su materia orgánica. Otro buen argumento para dar algunas pistas sobre el origen de la vida. Siempre y cuando la iglesia esté de acuerdo.

Horario de apertura
De lunes a viernes de 8 a 22 horas. Sábados de 10 a 22 horas. Domingos de 9 a 15 horas.

Precios
La entrada general cuesta 10,50 euros.
Existe también la posibilidad de hacer un recorrido más completo llamado Turismo-Aventura, durante el cual se mezcla la visita ordinaria con un poco de espeleología adaptada a casi todos los públicos. El precio es de 32 euros.

Más información en la página de Turismo de Cantabria

En Cantabria, los pueblos tienen nombres para ser tomados en serio: Cabezón de la Sal, Los Corrales de Buelna, Alfoz de Lloredo, Ucieda de Arriba, Santa Cruz de Bezana. No aptos para urbanitas adictos al asfalto. Los nombres más conocidos, no por el hecho de serlo dejan de sonar a asunto importante. De Santillana del Mar dijo Jean Paul Sartre que era la aldea más bella de España. Aunque luego vino Bukowski para decir que el existencialismo eran pedos de Sartre. También la revista Viajar, en un concurso realizado entre sus lectores cuando el que esto escribe soñaba con publicar en sus páginas, coronó a Santillana del Mar como el pueblo más bonito de España.

El primer tópico que intentarán contarte -siempre puedes escaquearte diciendo que vas a comprar anchoas y sobaos- es el de las tres mentiras. ¿Santa? Hombre, alguna flaqueza, algún desliz tiene en el haber. ¿Llana? A sus cuestas me remito. ¿Mar? Aires del Cantábrico como mucho.

 

 

 

 

 

La verdad es que sí tiene números para ocupar plaza privilegiada en todas esas listas, aunque en ocasiones parezca más un museo que un espacio habitable. Recuerdo una anécdota de mi infancia. En una escapada desde Asturias, a una hora concreta, las vacas pasaban junto al abrevadero cerca de la colegiata. Al momento, los pequeños negocios de alrededor empezaban a ofrecer pura leche de vaca. Uno, que ya tenía esa vena curiosa del viajero, toca narices dirían otros, vio como llenaban vasos y vasos de pura leche pasteurizada, con su Tetra Brik y todo.

Pero vamos con los ingredientes originales: calles adoquinadas a las que les sienta bien el calabobos, esa lluvia fina que sus vecinos llaman orbayu o chirimiri; contraventanas de madera, cortinas de encaje, adobe en fachadas, una colegiata con ínfulas y uno de los establecimientos más interesantes de la red de Paradores. También un Museo de la Tortura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la cercana localidad de San Vicente de la Barquera andan de celebración. La concesión del fuero en el año 1210 es el motivo. Las cuentas no acaban de cuadrar, estamos en el 2011, pero es que la ocasión merece el que hayan prolongado en el calendario los festejos del 8º centenario. Mil veces visto, mil veces sorprendido. Nunca dejará de maravillarme el efecto de la marea en el Cantábrico. Mi indolencia mediterránea de adopción contribuye bastante a ese entusiasmo marinero. Dos veces al día, las barcas embarrancan y en las playas se forman pequeñas pozas con sus peces y todo.

La carretera que lleva a Comillas, uno de los pocos lugares donde Gaudí jugó fuera de casa, es uno de esos milagros que todavía se dan en nuestro litoral. Apenas un puñado de casas pre-ley de costas. En la playa de Oyambre quedan las huellas de uno de aquellos episodios de tintes épicos tan del gusto de los antiguos cronistas. El aterrizaje forzoso del Pájaro Amarillo, uno de los primeros aviones en cruzar el Atlántico, fue motivo para que en Comillas organizaran una gran fiesta a los tres pilotos y al polizón culpable de que el destino final fuera la playa cántabra y no París, como se había previsto. El tema del sobrepeso no era cuestión baladí en una época en que las aventuras aéreas eran asuntos a ser tratados en el diván.

Más información en la página de Turismo de Cantabria

Hacía tiempo que no preparaba una entrada de la serie Fotos en el Calendario. Estos días, la celebración del Carnaval tiene de desmadre a esos países del mundo que la única manera que han encontrado de salir del tancredismo con el que citan a los problemas de la vida diaria es echarse a las calles vestidos con caretas, excesos y mil noches de ocio en el debe. Suelo aprovechar los días de Carnaval para experimentar, sobre todo con el flash, ese pequeño artilugio con el que he intentado mil veces reconciliarme y mil veces he vuelto a dejar en casa para las cosas serias. No acabo de encontrar el sentido a inventarme la luz y siempre intento trabajar con la luz que encuentro. Con más razón desde que puedes poner las cámaras a un millón de ISO.
Os dejo una galería de fotos hechas, desde este mismo año, el sábado en Cunit, hasta el año anterior en el desfile del martes en Sitges y en la guerra de caramelos de Vilanova i la Geltrú, donde casi me abren la cabeza (literal) por ir como Pedro por su casa pensando que iba a un acto de Carnaval. Me extrañó ver a los fotógrafos de prensa parapetados en mitad de la plaza, en una pequeña elevación junto a una farola. Todos llevaban casco, bien de obra o de moto. Algunos acabaron con el filtro UV roto. Yo, por suerte, con un chichón que estuvo a punto de ser herida abierta. Otra de esas muestras de que cuando nos dividen en bandos o equipos nos volvemos viscerales: las dos Españas, el clásico que siempre es del siglo, las dos comparsas. Haciendo clic en la primera miniatura se pueden ver las fotos en pase de diapositivas.

Santander posee las virtudes y carece de los defectos de las ciudades con bahía. Más elegante que gamberra, más discreta que ruidosa, más café con leche que whisky de garrafón. Vamos, antagónica a Nápoles o Marsella. Aunque probablemente esa debilidad mía que me impide encontrar defectos a los lugares con parada de FEVE, el engarce cantábrico de vía estrecha, me empuje a ser benévolo en mis notas.

Los sueños lanzados al mar tienen ahora billete de vuelta y la troupe que llega al puerto desde Plymouth y Portsmouth se encuentra cómoda entre sus calles y bares. Toda la zona anexa al puerto, la del Paseo Marítimo, espera con paciencia y muchas ganas, el lavado de cara previsto por obra y gracia, más bien por gracia, de Emilio Botín. Inmejorables vistas desde el despacho y lugar de encuentro para la gente, previo al café con leche en el hotel Bahía, uno de los asuntos serios entre los santanderinos que dejan la hora del té británico en mera anécdota. Diario bajo el brazo, lustre en los zapatos y algún abrigo caro se dan cita en una de esas mesas en las que los camareros cursan un máster en semiótica cafetera: signos, gestos y nombres de café dignos de carta Michelín.

Sólo un tema, que llega del mar, se toma más en serio que ese rato de tertulia. El honor a bordo de las traineras no se discute. No vuelvas del mar sin él. Sobre traineras escribió mucho y muy bueno Ambrosius en su serie Al norte en trainera, publicada el verano pasado en El País digital. (Aquí un buen ejemplo). Las fotos las pone Humberto Bilbao.

Diferentes interpretaciones con la anchoa como solista

Entre calles de regios nombres se llega al Palacio de la Magdalena, recurrente tema de noticiero estival por los cursos de la Menéndez Pelayo. Aunque mi verdadero interés lo suscita la isla de Mouro, pero ese día el mar estaba en calma. Hechos sorprendentes tienen lugar en la pequeña isla los días de galerna. Tras la decepción insular, busco suerte en Cañadío, la zona de copas. Regreso solo al hotel cuando empieza a soplar un ligero viento que no se atrevió a ser galerna. Al menos en la bahía. Pero mar adentro, los pescadores se santiguan y gritan ¡Jesús y adentro! una vez pasan El Puntal, el cierre de la bahía que les asegura cenar en casa. Pienso en la razón que tenía Pereda. Las santanderinas no son mujeres, sino pura sutileza.

A media hora de Santander, fauna salvaje en los montes. Si Magritte visitara el Parque de la Naturaleza de Cabárceno diría que esto no es un zoo. Entre el paisaje kárstico de una antigua explotación minera, con pinta de decorado jurásico, campan a sus casi anchas especies animales tan fuera de juego como los tigres, las jirafas o la elefanta Cristina, que como Tristón sólo quiere un amiguito. La alimentación es asistida, pero en todo lo demás se intenta respetar el comportamiento natural de los animales. Se están quedando sin tigres porque a uno de los hermanos le apeteció ejercer de macho dominante y liarse a palos con el resto de la prole. El parque está recorrido por 20 kilómetros de carretera para acceder a las distintas zonas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Más información en la página de Turismo de Cantabria

Los últimos días los he pasado en una tierra que me es afín. Se ha celebrado en Cantabria un encuentro de bloggers de viajes y redes sociales al que fui invitado. Han sido días intensos, de intercambio de opiniones entre parada y parada de un viaje que nos llevó a conocer algunos de los principales encantos de la región. Cantabria ocupa el 1% del territorio nacional. No obstante, poniéndose su patrimonio por montera, recibe a todo el que se acerca a conocer esa tierra con un atrevido Cantabria infinita.
La llegada a Cantabria por aire me lleva a los paisajes de mi infancia. Desde el aire todos los gatos son pardos, verdes en este caso. Los verdes de un tapiz salpicado de casas de Monopoly, de un paisaje sugerente que se insinúa entre las curvas de las ligeras elevaciones que rodean los valles pasiegos. Los límites, por la ventanilla de la izquierda, los Picos de Europa. El mar Cantábrico por la de la derecha. La ría de Solía refleja, antes de mandar sus aguas a la de Astillero y de ahí a la bahía, los últimos rayos de un sol que se acuesta todavía temprano en esta época del año. Justo antes de aterrizar, apenas unas pecas que afean la llegada: un polígono industrial, otro en marcha y una fábrica junto a la pista. No sólo de la tierra vive el hombre.

El primer destino iba a ser el Balneario de Puente Viesgo. Tras una breve visita a la zona antigua del balneario, cambié la cámara y la Moleskine por el albornoz y el gorro de baño. Por cierto, os podéis ahorrar las risas, el gorro es obligatorio para todo el mundo. (El clip de vídeo es gentileza de Juan Coma)

De que las aguas termales funcionan no cabe ninguna duda. Los jugadores de la selección española de fútbol quedaban tan relajados, que no ganaron nada hasta que dejaron de concentrarse en Puente Viesgo. Después de una sesión en la piscina termal los problemas y achaques son menos. Pero aún quedaba una sorpresa. En el jacuzzi exterior pude disfrutar de un baño con Orión y su fiel Sirius sobre mi cabeza.
A un paso del balneario está la cueva de El Castillo, una de las integrantes del conjunto de cuevas de la cornisa cantábrica designadas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Sobre estos dibujos de estilo “con un 6 y un 4…” se han hecho todo tipo de conjeturas. Las primeras muestras de arte del hombre quedaron plasmadas en las paredes interiores de las cuevas.

Como no tenía autorización para fotografiar la cueva de El Castillo, ilustro el arte rupestre con esta fotografía de otra de las cuevas de la cornisa cantábrica, la de El Pendo en Escobedo de Camargo.

El mérito que tenían estas pinturas realizadas alrededor de 22.000 años atrás, en un mes de junio, se ha perdido hoy en día y todos sabemos qué nombre recibe el hecho de pintar en una pared. Los materiales empleados eran sencillos: óxido de hierro para el rojo, limonita para el amarillo o naranja y carbón vegetal para el negro. Como pinceles las manos. Por hallazgos similares en cuevas del sur de Francia, se ha podido saber que los artistas eran nómadas, más que por el asunto de la caza, por cuestión genética. La consanguinidad no ha dado buenas descendencias tradicionalmente. Sobre el arte rupestre todo son interpretaciones que además evolucionan con el cambio generacional. Las rocas, por ejemplo, adquieren una forma u otra en función de la época o la edad de la persona que haga el análisis. Así, los magdalenienses veían animales, los mayores de hoy ven motivos religiosos y la gente joven protuberancias fálicas.

Tras visitar la cueva, participamos en una reunión informal con el consejero de Turismo Francisco Javier López Marcano. El encuentro tuvo lugar en el Museo Marítimo del Cantábrico. Llegamos a Santander.

Más información en la página de Turismo de Cantabria

Con el referente de los fotógrafos de calle clásicos y grupos como In-Public o seconds2real, nace Calle 35, el primer grupo de fotógrafos de calle de habla hispana.
Calle 35 es un colectivo cuya finalidad es divulgar y disfrutar la fotografía de calle. Formado inicialmente por Marcelo Caballero, Carlos Prieto, Rafa Pérez, Domingo Venero Barberán y Rafa Badia, este colectivo con base de operaciones en Barcelona está abierto a nuevas incorporaciones y miradas. La voluntad de los fundadores es ofrecer espacio a quienes disfruten con la práctica de la foto urbana como forma de expresión estética y testimonio documental de una época. También como una pacífica y lúdica reivindicación de la vía pública como espacio social perteneciente a la ciudadanía. Hemos creado una página web con galerías de imágenes, y tenemos previsto realizar charlas y conferencias para dar a conocer el trabajo de maestros de la street photography; desarrollar proyectos fotográficos en colectivo y, a medio plazo, realizar exposiciones y editar publicaciones con imágenes de nuevos autores. Se pretende, además, ofrecer una perspectiva diferente a la de la órbita anglosajona, apostando por la visión propia de los fotógrafos del sur de Europa y América Latina.
Podéis ver las galerías de Calle 35 en nuestra nueva web y estar informados de todo lo que acontece en el colectivo en el blog, en la página de Calle 35 en Facebook y en nuestra cuenta de Twitter.

El miércoles se generó un intenso debate en diferentes muros de Facebook sobre la noticia de que Javier Arcenillas iba a empezar a colaborar con Magnum. La noticia ha sorprendido en el mundo fotográfico, en muy pocos casos de manera grata. A mí me pareció interesante seguir el hilo del debate en algunos muros, pero decidí dejar de participar en aquéllos en los que se entraba en descalificaciones personales. A última hora (fue una lástima no haberlo hecho antes) me pareció oportuno seguir una de las máximas del periodismo y dar voz a todas las partes, por lo que envié una solicitud de amistad a Javier explicándole mis motivos. Solicitud que él aceptó de inmediato. La flexibilidad e inmediatez del mundo 2.0 nos ha permitido generar todo tipo de debates, muchas veces enriquecedores y, quiero creer, constructivos. Pero también nos hace caer en errores importantes y seguir una serie de informaciones aparecidas en la red, dándoles toda credibilidad sin consultar el origen ni a las personas afectadas. Resulta que muchas veces no nos creemos lo que nos cuenta la Wikipedia, tras analizar a fondo su contenido, pero nos dejamos arrastrar por el sensacionalismo y la descalificación gratuita en muchos otros. Dicho esto, quiero puntualizar que no apruebo la actuación o actuaciones pasadas de Javier en su participación en determinados concursos y así se lo hice saber. Ahora mismo no me importa si fue en un concurso con una monja que desapareció o en otro que le premiaban fotos no inéditas. Hay unos hechos pasados confirmados por el propio autor que están ahí y tienen mucho peso en su currículum. Ahora bien, ¿alguien se ha preocupado de pedirle a Javier que nos muestre las fotos por las que Magnum ha decidido empezar a colaborar con él? Yo no lo he hecho, desde luego. Y es importante precisar que ha sido Magnum quien ha llamado a Javier. ¿O es que alguien piensa de verdad que Javier le ha colado un gol por la escuadra a la agencia de agencias? Vuelvo a decir que repruebo el proceder de Javier en el pasado, por el que pidió ayer perdón de todas las maneras posibles, pero hubo mucha gente que no quiso escuchar, aunque luego siguiera pensando lo mismo, pero simplemente hay que saber escuchar, además de hablar. Como estas nuevas impresiones excedían el espacio destinado a un comentario en Facebook, he decidido colgar este post en el blog.
Si demostráramos la misma vehemencia y ejerciéramos la crítica de manera tan feroz con nuestros políticos, quizás otro gallo cantaría. Mientras, estaré encantado de que Javier me enseñe las fotos con las que intenta borrar sus errores del pasado y con las que ha convencido a Magnum de que merece la pena que cuenten con su trabajo.

Valle de Cabuérniga. Carmona

Me marcho unos días a Cantabria. Una tierra en la que me encuentro cómodo, supongo que por mi condición de hijo del Cantábrico, de la vecina Asturias. He visitado la comunidad cántabra en otras ocasiones pero esta vez es un viaje especial. Me han invitado al Primer Encuentro Nacional de bloggers y redes sociales especializados en turismo y viajes, organizado por el Gobierno de Cantabria.

Valle de Cabuérniga. Carmona

Un viaje de familiarización con la peculiaridad de que el soporte final para las publicaciones serán los blogs y páginas de los asistentes al viaje, además de las cuentas de Twitter que bajo el hashtag #cantabriainfinita harán un seguimiento al minuto de lo que acontezca en el viaje.

Santillana del Mar

Valle de Nansa. Picos de Europa desde la entrada de la cueva El Soplao

El programa previsto nos llevará a visitar San Vicente de la Barquera, Comillas, Santillana del Mar y Santander, las cuevas de El Soplao y Monte Castillo, el balneario de Puente Viesgo, el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, el Parque Natural de Oyambre y el Valle de Cabuérniga. También habrá tiempo para los museos de Altamira y el Marítimo del Cantábrico, donde tendrá lugar un encuentro con el Consejero de Turismo, Cultura y Deportes, Francisco Javier López Marcano.

Cueva El Soplao

Escobedo de Camargo. Cueva El Pendo

Santander. Palacio de la Magdalena

Por supuesto, habrá tiempo para los sobaos, el queso, el orujo (con moderación), también para la gastronomía cántabra más contundente, la de olla al fuego durante horas. El viaje tiene un inicio prometedor con una sesión de talasoterapia en el Balneario de Puente Viesgo. Durante los próximos días os iré contando algunas cosas de Cantabria pero ya os dejo las primeras fotos para que os vayáis situando. También podéis seguir el viaje a través de otros puntos de vista: los blogs de mis compañeros de ruta.

María Jesús Tomé de tusdestinos

Quique Cardona de viajablog

Doris Casares de 3viajesaldia

Inés Fernández de misviajesporahi

Rebeca Granero de viajeschavetas

Eddy Lara de destinosactuales

Juan Coma de tomcomvideo

Juan Antonio Martínez de somosviajeros

José Miguel Redondo de elrincondesele

Sergi Bellver de revistadeletras

El martes por la tarde me hicieron una entrevista en Onda Cero para hablar del encuentro. Podéis escuchar el podcast aquí o en este enlace directo. También en la página en Facebook de Gipuzkoa en la Onda (hay que dar a Me gusta).

Parque de Cabárceno

Ruente. Casa Nacho

Más información en la web de Turismo de Cantabria

La primera parte aquí y la segunda aquí.

El gran referente del barroco minero, Aleijadinho, utilizó para sus esculturas la esteatita, conocida como piedra jabón, en sustitución del mármol. La vida de Antonio Francisco Lisboa fue un continuo tormento. Enfermo desde pequeño, tuvieron que amputarle parte de los pies y manos -el apodo Aleijadinho significa lisiadito-, lo que le llevó a caminar de rodillas. Sus ayudantes le ataban las herramientas a los muñones e hizo sus mejores obras cuando la lepra había hecho estragos en su cuerpo, llegando a trabajar tumbado la última parte de su vida. Las esculturas de la iglesia de San Francisco de Asís en Ouro Preto y del Santuario del Buen Jesús de Congonhas son algunas de sus obras más destacadas. En los interiores encontramos las pinturas de Manuel da Costa Ataíde con sus vírgenes y ángeles mulatos. La gente en Minas Gerais profesa idolatría hacia Aleijadinho en una mezcla del sentido religioso de su trabajo y de la empatía derivada de la difícil vida del artista.

En la actualidad, la vida de los mineros transcurre a ritmo lento, como el del trezinho Maria Fumaça, un ritmo contagiosamente melódico, igual que las modinhas que cantan los seresteiros (cantantes de serenatas) por las calles de Diamantina. Es habitual encontrarse a la gente sentada en los escalones de sus casas. A la mínima oportunidad te contarán leyendas de los tiempos del colonialismo y dejarán aflorar el orgullo que sienten por personajes como Xica da Silva, que pasó de ser una esclava mulata a una gran señora cuando João Fernandes de Oliveira se enamoró de ella. El hombre más poderoso de la región en la época -dicen que su fortuna pudo ser mayor que la del rey de Portugal- compró a Xica y le concedió la alforria (libertad). Debido a que sólo se permitían los enlaces entre gente de la misma raza y religión nunca se casaron, pero tuvieron tiempo de tener trece hijos. Xica da Silva está enterrada en la Iglesia de San Francisco de Asís, privilegio reservado a la gente de raza blanca acaudalada.

Debido a la orografía del terreno donde crecieron las ciudades mineras se planteó un problema a la hora de que la capital histórica, Ouro Preto, diera respuesta al incremento demográfico. Hubo que trasladar la capital a una pequeña localidad llamada Curral del Rei, la actual Belo Horizonte. Medio siglo antes de que se proyectara Brasilia, la capital de Minas Gerais ya era una realidad.
Las dramáticas páginas que se escribieron en la Estrada Real llegan hoy contadas como anécdotas, un ejercicio de armisticio necesario para cohesionar esfuerzos y convertir la ruta en un proyecto de turismo sostenible que ha fijado sus objetivos en la preservación del medio ambiente y sus comunidades.

La primera parte aquí.

Para evitar el contrabando, los portugueses prohibieron la circulación de oro en polvo, crearon las Casas de Intendencia donde se legislaba y establecieron un impuesto conocido como el quinto real. A finales del siglo XVIII, el mineral empieza a escasear y por tanto a bajar la recaudación del impuesto. Ante esa situación, el Marqués de Pombal pretende cobrar la derrama, hecho que servirá como detonante para que un grupo de intelectuales de buena cuna, reunidos en la casa del Padre Toledo, articulara la declaración de intenciones de la Inconfidencia Minera.

El líder de aquel grupo de revolucionarios fue Joaquim José da Silva Xavier, conocido como Tiradentes por su profesión de dentista. Su exacerbado proselitismo le lleva a contactar con Silvério dos Reis que lo acaba traicionando por su alta deuda con el Estado. Ahorcado y descuartizado, los restos de Tiradentes fueron repartidos por diferentes lugares de Minas Gerais para reprimir cualquier nuevo intento de insurrección. El lema que enarbolaron aquel grupo de inconfidentes aún permanece hoy en la bandera del Estado: Libertas quæ sera tamen (Libertad aunque tarde).

Hoy es complicado seguir el trazado exacto de la Estrada Real. Aquel antiguo camino de tierra y adoquines, por el que bajaban el oro y las piedras preciosas al mismo ritmo que la vida de los esclavos, nos lleva hoy por antiguas ciudades, iglesias barrocas y haciendas que nos hacen revivir los tiempos del colonialismo. Viendo las casas de las localidades de Minas Gerais nada lleva a pensar que de las entrañas de esa tierra salieron enormes riquezas. La opulencia la dejaron para las iglesias y sus excesos barrocos. La arquitectura barroca en Brasil tuvo una serie de particularidades que la diferenciaron de la europea. Llegó tarde y utilizó materiales propios debido a la dificultad que suponía traer materiales desde la costa. Además, no estuvo influenciada por otras órdenes religiosas a las que se les impidió entrar en el territorio para evitar la competencia espiritual.

Desde el punto de vista histórico, la Estrada Real es un profundo corte en el pasado de Brasil por el que sangraron toneladas de oro, diamantes y un alto número de vidas humanas. Desde el geográfico, es un camino que engarza algunas de las mejores joyas de la arquitectura colonial y barroca de Brasil. Los sucesos de aquella época están tallados en las facciones de sus actuales habitantes y es necesario escucharlos para saber que la herida ha cicatrizado bastante bien.

La Estrada Real se extiende a lo largo de 1.594 kilómetros y 178 municipios, la mayoría de ellos en el estado de Minas Gerais. Los mineiros de hoy son descendientes directos de aquellos ambiciosos buscadores de oro que partieron desde São Paulo en épicas expediciones para ir empujando la frontera brasileña hasta las estribaciones andinas, pisoteando a su paso el Tratado de Tordesillas como el caballo de Atila. Los bandeirantes se organizaban alrededor de un líder y una bandera, de ahí el nombre, y les movía una codicia ilimitada, consecuencia directa de la miseria en la que vivían. Primero trataron con el comercio de esclavos y más tarde con el oro que acabó llamando la atención de la Corona portuguesa.

Para explotar las minas hacían falta dos cosas: esclavos y una vía de comunicación desde el interior del país hasta la costa para partir rumbo a Lisboa y engordar las arcas de los reyes de Portugal. Para la mano de obra tuvieron que recurrir a esclavos africanos ya que los indios gastaban sus energías en rituales, celebraciones y guerras, siendo incluso perezosos. Durante algo más de dos siglos, se calcula que llegaron a los puertos de Brasil cuatro millones de esclavos. Cada paso que daban, cada piedra que ponían en el camino, les alejaba un poco más de la libertad.

Para las comunicaciones aprovecharon en primera instancia el Camino Viejo abierto por los bandeirantes que comunicaba Paraty con Ouro Preto, pero resultaba un largo y complicado viaje para los tropeiros que conducían las recuas de mulas. Con la finalidad de tener una salida más rápida al mar se construye el Camino Nuevo hasta Río de Janeiro. Tras el hallazgo de diamantes en aquellas tierras, la Estrada Real fue extendida hasta Arraial do Tijuco, la actual Diamantina. El nuevo tramo permitía el control del tráfico por parte de agentes de la Corona, aunque siempre hubo quien encontró la manera de burlar el peaje impuesto abriendo caminos ilegales en los que abundaban las historias de ladrones y cargamentos que llegaban llenos de arena a Lisboa.

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