¿Cómo se llega a la cueva El Soplao? Muy fácil. Sales de Santander y si te encuentras un cartel que pregunta ¿Te quieres casar conmigo?, vas en la dirección correcta. Aunque la empresa anunciadora se llame Milagros, no hagas caso y sigue recto. Unas cuantas naves industriales, pocas, y el paisaje se transforma en un mosaico de tonos verdes, eucaliptos invasores, alguna vaca y casas con la colada tendida en sus ventanas. Aunque llueva. Luego llega Torrelavega para poner una pausa en el paisaje. En el cruce que indica Los Tánagos, hay que girar a la derecha. A nuestra izquierda, quedará el bar Venecia con sus barcas y todo. Si pasas la estatua de Naranjito, junto al bar Royal 2, ya no hay perdida.

En Cantabria hay más de 60.000 cuevas registradas. Algunos se empeñan en decir que parece un queso gruyer, aunque el conocido queso suizo no tenga agujeros. La cueva El Soplao fue una antigua explotación minera de zinc y plomo. El nombre lo recibe de las pequeñas cuevas que encontraban los mineros y que contribuían a generar una corriente de aire o soplao. Un tren de aspecto minero te introduce en la cueva. Los efectos de luz y sonido tratan de trasladarte a la época en que los mineros se jugaban la vida en el interior. Entre murmullos, goteo de agua, picos chocando contra la roca y falsos derrumbes discurre la visita.

Varias son las particularidades que convierten a la cueva El Soplao en única. Una de ellas, las formaciones excéntricas, compuestas principalmente por calcita y aragonito (sí, a mí también me suena a apelación cariñosa para los maños o a baile tradicional). Otra de las rarezas son las pisolitas, conocidas como perlas de las cavernas. También se ha encontrado muy cerca de la cueva ámbar azul con bioinclusiones: más de 50 clases de insectos ya extinguidos, una especie de Parque Jurásico de moscas y mosquitos.

Pero eso no es todo. Hace apenas un par de meses, se ha publicado el descubrimiento de estromatolitos, rocas biológicas cubiertas de bacterias que se desarrollan mediante un proceso similar a la fotosíntesis. ¿Pero no estábamos en una cueva? En ella continuamos. Han conseguido liberar el óxido de manganeso del agua en un proceso no apto para mentes de letras. Microbios extremófilos oxidaban el manganeso que contenía el agua y utilizaban el óxido de manganeso resultante, en lugar de la luz, para sintetizar su materia orgánica. Otro buen argumento para dar algunas pistas sobre el origen de la vida. Siempre y cuando la iglesia esté de acuerdo.

Horario de apertura
De lunes a viernes de 8 a 22 horas. Sábados de 10 a 22 horas. Domingos de 9 a 15 horas.

Precios
La entrada general cuesta 10,50 euros.
Existe también la posibilidad de hacer un recorrido más completo llamado Turismo-Aventura, durante el cual se mezcla la visita ordinaria con un poco de espeleología adaptada a casi todos los públicos. El precio es de 32 euros.

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En Cantabria, los pueblos tienen nombres para ser tomados en serio: Cabezón de la Sal, Los Corrales de Buelna, Alfoz de Lloredo, Ucieda de Arriba, Santa Cruz de Bezana. No aptos para urbanitas adictos al asfalto. Los nombres más conocidos, no por el hecho de serlo dejan de sonar a asunto importante. De Santillana del Mar dijo Jean Paul Sartre que era la aldea más bella de España. Aunque luego vino Bukowski para decir que el existencialismo eran pedos de Sartre. También la revista Viajar, en un concurso realizado entre sus lectores cuando el que esto escribe soñaba con publicar en sus páginas, coronó a Santillana del Mar como el pueblo más bonito de España.

El primer tópico que intentarán contarte -siempre puedes escaquearte diciendo que vas a comprar anchoas y sobaos- es el de las tres mentiras. ¿Santa? Hombre, alguna flaqueza, algún desliz tiene en el haber. ¿Llana? A sus cuestas me remito. ¿Mar? Aires del Cantábrico como mucho.

 

 

 

 

 

La verdad es que sí tiene números para ocupar plaza privilegiada en todas esas listas, aunque en ocasiones parezca más un museo que un espacio habitable. Recuerdo una anécdota de mi infancia. En una escapada desde Asturias, a una hora concreta, las vacas pasaban junto al abrevadero cerca de la colegiata. Al momento, los pequeños negocios de alrededor empezaban a ofrecer pura leche de vaca. Uno, que ya tenía esa vena curiosa del viajero, toca narices dirían otros, vio como llenaban vasos y vasos de pura leche pasteurizada, con su Tetra Brik y todo.

Pero vamos con los ingredientes originales: calles adoquinadas a las que les sienta bien el calabobos, esa lluvia fina que sus vecinos llaman orbayu o chirimiri; contraventanas de madera, cortinas de encaje, adobe en fachadas, una colegiata con ínfulas y uno de los establecimientos más interesantes de la red de Paradores. También un Museo de la Tortura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la cercana localidad de San Vicente de la Barquera andan de celebración. La concesión del fuero en el año 1210 es el motivo. Las cuentas no acaban de cuadrar, estamos en el 2011, pero es que la ocasión merece el que hayan prolongado en el calendario los festejos del 8º centenario. Mil veces visto, mil veces sorprendido. Nunca dejará de maravillarme el efecto de la marea en el Cantábrico. Mi indolencia mediterránea de adopción contribuye bastante a ese entusiasmo marinero. Dos veces al día, las barcas embarrancan y en las playas se forman pequeñas pozas con sus peces y todo.

La carretera que lleva a Comillas, uno de los pocos lugares donde Gaudí jugó fuera de casa, es uno de esos milagros que todavía se dan en nuestro litoral. Apenas un puñado de casas pre-ley de costas. En la playa de Oyambre quedan las huellas de uno de aquellos episodios de tintes épicos tan del gusto de los antiguos cronistas. El aterrizaje forzoso del Pájaro Amarillo, uno de los primeros aviones en cruzar el Atlántico, fue motivo para que en Comillas organizaran una gran fiesta a los tres pilotos y al polizón culpable de que el destino final fuera la playa cántabra y no París, como se había previsto. El tema del sobrepeso no era cuestión baladí en una época en que las aventuras aéreas eran asuntos a ser tratados en el diván.

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Santander posee las virtudes y carece de los defectos de las ciudades con bahía. Más elegante que gamberra, más discreta que ruidosa, más café con leche que whisky de garrafón. Vamos, antagónica a Nápoles o Marsella. Aunque probablemente esa debilidad mía que me impide encontrar defectos a los lugares con parada de FEVE, el engarce cantábrico de vía estrecha, me empuje a ser benévolo en mis notas.

Los sueños lanzados al mar tienen ahora billete de vuelta y la troupe que llega al puerto desde Plymouth y Portsmouth se encuentra cómoda entre sus calles y bares. Toda la zona anexa al puerto, la del Paseo Marítimo, espera con paciencia y muchas ganas, el lavado de cara previsto por obra y gracia, más bien por gracia, de Emilio Botín. Inmejorables vistas desde el despacho y lugar de encuentro para la gente, previo al café con leche en el hotel Bahía, uno de los asuntos serios entre los santanderinos que dejan la hora del té británico en mera anécdota. Diario bajo el brazo, lustre en los zapatos y algún abrigo caro se dan cita en una de esas mesas en las que los camareros cursan un máster en semiótica cafetera: signos, gestos y nombres de café dignos de carta Michelín.

Sólo un tema, que llega del mar, se toma más en serio que ese rato de tertulia. El honor a bordo de las traineras no se discute. No vuelvas del mar sin él. Sobre traineras escribió mucho y muy bueno Ambrosius en su serie Al norte en trainera, publicada el verano pasado en El País digital. (Aquí un buen ejemplo). Las fotos las pone Humberto Bilbao.

Diferentes interpretaciones con la anchoa como solista

Entre calles de regios nombres se llega al Palacio de la Magdalena, recurrente tema de noticiero estival por los cursos de la Menéndez Pelayo. Aunque mi verdadero interés lo suscita la isla de Mouro, pero ese día el mar estaba en calma. Hechos sorprendentes tienen lugar en la pequeña isla los días de galerna. Tras la decepción insular, busco suerte en Cañadío, la zona de copas. Regreso solo al hotel cuando empieza a soplar un ligero viento que no se atrevió a ser galerna. Al menos en la bahía. Pero mar adentro, los pescadores se santiguan y gritan ¡Jesús y adentro! una vez pasan El Puntal, el cierre de la bahía que les asegura cenar en casa. Pienso en la razón que tenía Pereda. Las santanderinas no son mujeres, sino pura sutileza.

A media hora de Santander, fauna salvaje en los montes. Si Magritte visitara el Parque de la Naturaleza de Cabárceno diría que esto no es un zoo. Entre el paisaje kárstico de una antigua explotación minera, con pinta de decorado jurásico, campan a sus casi anchas especies animales tan fuera de juego como los tigres, las jirafas o la elefanta Cristina, que como Tristón sólo quiere un amiguito. La alimentación es asistida, pero en todo lo demás se intenta respetar el comportamiento natural de los animales. Se están quedando sin tigres porque a uno de los hermanos le apeteció ejercer de macho dominante y liarse a palos con el resto de la prole. El parque está recorrido por 20 kilómetros de carretera para acceder a las distintas zonas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Los últimos días los he pasado en una tierra que me es afín. Se ha celebrado en Cantabria un encuentro de bloggers de viajes y redes sociales al que fui invitado. Han sido días intensos, de intercambio de opiniones entre parada y parada de un viaje que nos llevó a conocer algunos de los principales encantos de la región. Cantabria ocupa el 1% del territorio nacional. No obstante, poniéndose su patrimonio por montera, recibe a todo el que se acerca a conocer esa tierra con un atrevido Cantabria infinita.
La llegada a Cantabria por aire me lleva a los paisajes de mi infancia. Desde el aire todos los gatos son pardos, verdes en este caso. Los verdes de un tapiz salpicado de casas de Monopoly, de un paisaje sugerente que se insinúa entre las curvas de las ligeras elevaciones que rodean los valles pasiegos. Los límites, por la ventanilla de la izquierda, los Picos de Europa. El mar Cantábrico por la de la derecha. La ría de Solía refleja, antes de mandar sus aguas a la de Astillero y de ahí a la bahía, los últimos rayos de un sol que se acuesta todavía temprano en esta época del año. Justo antes de aterrizar, apenas unas pecas que afean la llegada: un polígono industrial, otro en marcha y una fábrica junto a la pista. No sólo de la tierra vive el hombre.

El primer destino iba a ser el Balneario de Puente Viesgo. Tras una breve visita a la zona antigua del balneario, cambié la cámara y la Moleskine por el albornoz y el gorro de baño. Por cierto, os podéis ahorrar las risas, el gorro es obligatorio para todo el mundo. (El clip de vídeo es gentileza de Juan Coma)

De que las aguas termales funcionan no cabe ninguna duda. Los jugadores de la selección española de fútbol quedaban tan relajados, que no ganaron nada hasta que dejaron de concentrarse en Puente Viesgo. Después de una sesión en la piscina termal los problemas y achaques son menos. Pero aún quedaba una sorpresa. En el jacuzzi exterior pude disfrutar de un baño con Orión y su fiel Sirius sobre mi cabeza.
A un paso del balneario está la cueva de El Castillo, una de las integrantes del conjunto de cuevas de la cornisa cantábrica designadas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Sobre estos dibujos de estilo “con un 6 y un 4…” se han hecho todo tipo de conjeturas. Las primeras muestras de arte del hombre quedaron plasmadas en las paredes interiores de las cuevas.

Como no tenía autorización para fotografiar la cueva de El Castillo, ilustro el arte rupestre con esta fotografía de otra de las cuevas de la cornisa cantábrica, la de El Pendo en Escobedo de Camargo.

El mérito que tenían estas pinturas realizadas alrededor de 22.000 años atrás, en un mes de junio, se ha perdido hoy en día y todos sabemos qué nombre recibe el hecho de pintar en una pared. Los materiales empleados eran sencillos: óxido de hierro para el rojo, limonita para el amarillo o naranja y carbón vegetal para el negro. Como pinceles las manos. Por hallazgos similares en cuevas del sur de Francia, se ha podido saber que los artistas eran nómadas, más que por el asunto de la caza, por cuestión genética. La consanguinidad no ha dado buenas descendencias tradicionalmente. Sobre el arte rupestre todo son interpretaciones que además evolucionan con el cambio generacional. Las rocas, por ejemplo, adquieren una forma u otra en función de la época o la edad de la persona que haga el análisis. Así, los magdalenienses veían animales, los mayores de hoy ven motivos religiosos y la gente joven protuberancias fálicas.

Tras visitar la cueva, participamos en una reunión informal con el consejero de Turismo Francisco Javier López Marcano. El encuentro tuvo lugar en el Museo Marítimo del Cantábrico. Llegamos a Santander.

Más información en la página de Turismo de Cantabria

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Valle de Cabuérniga. Carmona

Me marcho unos días a Cantabria. Una tierra en la que me encuentro cómodo, supongo que por mi condición de hijo del Cantábrico, de la vecina Asturias. He visitado la comunidad cántabra en otras ocasiones pero esta vez es un viaje especial. Me han invitado al Primer Encuentro Nacional de bloggers y redes sociales especializados en turismo y viajes, organizado por el Gobierno de Cantabria.

Valle de Cabuérniga. Carmona

Un viaje de familiarización con la peculiaridad de que el soporte final para las publicaciones serán los blogs y páginas de los asistentes al viaje, además de las cuentas de Twitter que bajo el hashtag #cantabriainfinita harán un seguimiento al minuto de lo que acontezca en el viaje.

Santillana del Mar

Valle de Nansa. Picos de Europa desde la entrada de la cueva El Soplao

El programa previsto nos llevará a visitar San Vicente de la Barquera, Comillas, Santillana del Mar y Santander, las cuevas de El Soplao y Monte Castillo, el balneario de Puente Viesgo, el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, el Parque Natural de Oyambre y el Valle de Cabuérniga. También habrá tiempo para los museos de Altamira y el Marítimo del Cantábrico, donde tendrá lugar un encuentro con el Consejero de Turismo, Cultura y Deportes, Francisco Javier López Marcano.

Cueva El Soplao

Escobedo de Camargo. Cueva El Pendo

Santander. Palacio de la Magdalena

Por supuesto, habrá tiempo para los sobaos, el queso, el orujo (con moderación), también para la gastronomía cántabra más contundente, la de olla al fuego durante horas. El viaje tiene un inicio prometedor con una sesión de talasoterapia en el Balneario de Puente Viesgo. Durante los próximos días os iré contando algunas cosas de Cantabria pero ya os dejo las primeras fotos para que os vayáis situando. También podéis seguir el viaje a través de otros puntos de vista: los blogs de mis compañeros de ruta.

María Jesús Tomé de tusdestinos

Quique Cardona de viajablog

Doris Casares de 3viajesaldia

Inés Fernández de misviajesporahi

Rebeca Granero de viajeschavetas

Eddy Lara de destinosactuales

Juan Coma de tomcomvideo

Juan Antonio Martínez de somosviajeros

José Miguel Redondo de elrincondesele

Sergi Bellver de revistadeletras

El martes por la tarde me hicieron una entrevista en Onda Cero para hablar del encuentro. Podéis escuchar el podcast aquí o en este enlace directo. También en la página en Facebook de Gipuzkoa en la Onda (hay que dar a Me gusta).

Parque de Cabárceno

Ruente. Casa Nacho

Más información en la web de Turismo de Cantabria

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