La primera parte aquí y la segunda aquí.

El gran referente del barroco minero, Aleijadinho, utilizó para sus esculturas la esteatita, conocida como piedra jabón, en sustitución del mármol. La vida de Antonio Francisco Lisboa fue un continuo tormento. Enfermo desde pequeño, tuvieron que amputarle parte de los pies y manos -el apodo Aleijadinho significa lisiadito-, lo que le llevó a caminar de rodillas. Sus ayudantes le ataban las herramientas a los muñones e hizo sus mejores obras cuando la lepra había hecho estragos en su cuerpo, llegando a trabajar tumbado la última parte de su vida. Las esculturas de la iglesia de San Francisco de Asís en Ouro Preto y del Santuario del Buen Jesús de Congonhas son algunas de sus obras más destacadas. En los interiores encontramos las pinturas de Manuel da Costa Ataíde con sus vírgenes y ángeles mulatos. La gente en Minas Gerais profesa idolatría hacia Aleijadinho en una mezcla del sentido religioso de su trabajo y de la empatía derivada de la difícil vida del artista.

En la actualidad, la vida de los mineros transcurre a ritmo lento, como el del trezinho Maria Fumaça, un ritmo contagiosamente melódico, igual que las modinhas que cantan los seresteiros (cantantes de serenatas) por las calles de Diamantina. Es habitual encontrarse a la gente sentada en los escalones de sus casas. A la mínima oportunidad te contarán leyendas de los tiempos del colonialismo y dejarán aflorar el orgullo que sienten por personajes como Xica da Silva, que pasó de ser una esclava mulata a una gran señora cuando João Fernandes de Oliveira se enamoró de ella. El hombre más poderoso de la región en la época -dicen que su fortuna pudo ser mayor que la del rey de Portugal- compró a Xica y le concedió la alforria (libertad). Debido a que sólo se permitían los enlaces entre gente de la misma raza y religión nunca se casaron, pero tuvieron tiempo de tener trece hijos. Xica da Silva está enterrada en la Iglesia de San Francisco de Asís, privilegio reservado a la gente de raza blanca acaudalada.

Debido a la orografía del terreno donde crecieron las ciudades mineras se planteó un problema a la hora de que la capital histórica, Ouro Preto, diera respuesta al incremento demográfico. Hubo que trasladar la capital a una pequeña localidad llamada Curral del Rei, la actual Belo Horizonte. Medio siglo antes de que se proyectara Brasilia, la capital de Minas Gerais ya era una realidad.
Las dramáticas páginas que se escribieron en la Estrada Real llegan hoy contadas como anécdotas, un ejercicio de armisticio necesario para cohesionar esfuerzos y convertir la ruta en un proyecto de turismo sostenible que ha fijado sus objetivos en la preservación del medio ambiente y sus comunidades.

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La primera parte aquí.

Para evitar el contrabando, los portugueses prohibieron la circulación de oro en polvo, crearon las Casas de Intendencia donde se legislaba y establecieron un impuesto conocido como el quinto real. A finales del siglo XVIII, el mineral empieza a escasear y por tanto a bajar la recaudación del impuesto. Ante esa situación, el Marqués de Pombal pretende cobrar la derrama, hecho que servirá como detonante para que un grupo de intelectuales de buena cuna, reunidos en la casa del Padre Toledo, articulara la declaración de intenciones de la Inconfidencia Minera.

El líder de aquel grupo de revolucionarios fue Joaquim José da Silva Xavier, conocido como Tiradentes por su profesión de dentista. Su exacerbado proselitismo le lleva a contactar con Silvério dos Reis que lo acaba traicionando por su alta deuda con el Estado. Ahorcado y descuartizado, los restos de Tiradentes fueron repartidos por diferentes lugares de Minas Gerais para reprimir cualquier nuevo intento de insurrección. El lema que enarbolaron aquel grupo de inconfidentes aún permanece hoy en la bandera del Estado: Libertas quæ sera tamen (Libertad aunque tarde).

Hoy es complicado seguir el trazado exacto de la Estrada Real. Aquel antiguo camino de tierra y adoquines, por el que bajaban el oro y las piedras preciosas al mismo ritmo que la vida de los esclavos, nos lleva hoy por antiguas ciudades, iglesias barrocas y haciendas que nos hacen revivir los tiempos del colonialismo. Viendo las casas de las localidades de Minas Gerais nada lleva a pensar que de las entrañas de esa tierra salieron enormes riquezas. La opulencia la dejaron para las iglesias y sus excesos barrocos. La arquitectura barroca en Brasil tuvo una serie de particularidades que la diferenciaron de la europea. Llegó tarde y utilizó materiales propios debido a la dificultad que suponía traer materiales desde la costa. Además, no estuvo influenciada por otras órdenes religiosas a las que se les impidió entrar en el territorio para evitar la competencia espiritual.

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Desde el punto de vista histórico, la Estrada Real es un profundo corte en el pasado de Brasil por el que sangraron toneladas de oro, diamantes y un alto número de vidas humanas. Desde el geográfico, es un camino que engarza algunas de las mejores joyas de la arquitectura colonial y barroca de Brasil. Los sucesos de aquella época están tallados en las facciones de sus actuales habitantes y es necesario escucharlos para saber que la herida ha cicatrizado bastante bien.

La Estrada Real se extiende a lo largo de 1.594 kilómetros y 178 municipios, la mayoría de ellos en el estado de Minas Gerais. Los mineiros de hoy son descendientes directos de aquellos ambiciosos buscadores de oro que partieron desde São Paulo en épicas expediciones para ir empujando la frontera brasileña hasta las estribaciones andinas, pisoteando a su paso el Tratado de Tordesillas como el caballo de Atila. Los bandeirantes se organizaban alrededor de un líder y una bandera, de ahí el nombre, y les movía una codicia ilimitada, consecuencia directa de la miseria en la que vivían. Primero trataron con el comercio de esclavos y más tarde con el oro que acabó llamando la atención de la Corona portuguesa.

Para explotar las minas hacían falta dos cosas: esclavos y una vía de comunicación desde el interior del país hasta la costa para partir rumbo a Lisboa y engordar las arcas de los reyes de Portugal. Para la mano de obra tuvieron que recurrir a esclavos africanos ya que los indios gastaban sus energías en rituales, celebraciones y guerras, siendo incluso perezosos. Durante algo más de dos siglos, se calcula que llegaron a los puertos de Brasil cuatro millones de esclavos. Cada paso que daban, cada piedra que ponían en el camino, les alejaba un poco más de la libertad.

Para las comunicaciones aprovecharon en primera instancia el Camino Viejo abierto por los bandeirantes que comunicaba Paraty con Ouro Preto, pero resultaba un largo y complicado viaje para los tropeiros que conducían las recuas de mulas. Con la finalidad de tener una salida más rápida al mar se construye el Camino Nuevo hasta Río de Janeiro. Tras el hallazgo de diamantes en aquellas tierras, la Estrada Real fue extendida hasta Arraial do Tijuco, la actual Diamantina. El nuevo tramo permitía el control del tráfico por parte de agentes de la Corona, aunque siempre hubo quien encontró la manera de burlar el peaje impuesto abriendo caminos ilegales en los que abundaban las historias de ladrones y cargamentos que llegaban llenos de arena a Lisboa.

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Tras publicar ayer la 1ª parte, seguimos con la entrevista a Bernardo Gutiérrez, autor de Calle Amazonas (Ed. Altaïr - Colección Heterodoxos) Fotografías © Bernardo Gutiérrez

EFV - Nos parece algo nuevo la invasión del Made in China, pero lo cierto es que ya en 1913 la producción asiática, cual Pantagruel, se da un festín con el caucho amazónico. Hoy en día han apostado por los chips, las motocicletas y las redes sociales. ¿Es todo tan perfectamente “verde” como te lo pintaron en tus visitas a las fábricas?

BG - Lógicamente, no. Es verdad que la Zona Franca ha contribuido a que Manaos no dependa de la explotación maderera. Pero la gestión de residuos es ineficiente y el estado de Amazonas está menos deforestado que Pará, por ejemplo, porque tiene muy pocas carreteras. En estos momentos, está en marcha el asfaltado de una carretera hacia Rondonia… Infelizmente, los asfaltado no suelen servir para nada positivo en la Amazonia. Llega la devastación, los camiones, las madereras ilegales.

EFV - Montaigne fue de los primeros en defender a los indígenas. Habla de pueblos donde no hay mentira, ni avaricia, ni envidia. Para que luego llegue la TV a acabar con siglos de tradición, como retrata Werner Herzog en Ten minutes older: the trumpet. Parece que el progreso ha hecho más daño que la colonización portuguesa.

BG - Creo que existe un mito sobre la colonización portuguesa: que no fue mala, por lo menos, que fue mejor que la española. Es lo que yo pensaba antes de documentarme y conocer la Amazonia y Brasil a fondo. Realmente, fue brutal. El exterminio fue total, el río Negro se quedó casi sin indígenas. Mezclaban a diferentes tribus indígenas, con diferentes lenguas, en misiones católicas, para que perdieran sus raíces, para que perdiesen su cultura. Les hicieron perder sus raíces, su cultura oral. El denominado progreso no es más que una continuación de aquella política colonizadora. Quizá sea más rápida la degradación, la pérdida… El contacto con la tecnología actual, con las costumbres, es más impactante…

EFV - Vayamos a Parintins. El hecho de que Coca-cola pepsicolizara sus latas con el tono azul, ¿es debido a la fuerza de la gente o simplemente a una estrategia comercial?

BG - Estrategia comercial pura y dura. ¿Se iban a arriesgar a que la mitad de la ciudad no bebiese Coca Cola por concepto?

EFV - ¿Se utiliza con mucha frecuencia la excusa del hijo del boto para los embarazos de una noche de locura?

BG - Sí, realmente es una leyenda con calado. Quizá, sobre todo en las ciudades, se dice en broma, sabiendo que el boto vive a tres calles de la embarazada…

EFV - ¿Cómo imaginas el futuro de la Amazonia?

BG - Lo imagino lleno de dificultades, con el Gobierno brasileño construyendo presas y presas y autopistas y centrales hidroeléctricas. Pero también la imagino con más redes sociales de conocimiento, con más grupos organizados, con más presión internacional para protegerla. Sin dudas que es un futuro apasionante.

EFV - En un plano más práctico y como consejo para el viajero, ¿se puede llegar a tutear a la Amazonia? Precauciones en cuanto a comida, vacunas, seguridad.

BG - Primero de todo: paciencia, paciencia y paciencia. El ritmo es otro, lento, diferente, cósmico. Hay que adaptarse. Después hay que llevar ropa apropiada, mangas largas para por la noche, repelente y hasta mosquiteras para algunas situaciones. No comer cualquier cosa en la calle, siempre agua embotellada… Cosas muy básicas.

EFV - Por último, ¿ha aparecido ya Adelir, el cura volador?

El cura Adelir falleció presa de su sueño, víctima de ese anhelo lunático que rige muchos rincones del mundo.
Muchas gracias, Bernardo.

Calle Amazonas, un libro para viajeros (activos y pasivos) que os llevará a conocer los entresijos de un río que es más una forma de vida. Tras haber visitado el Amazonas en el lado peruano y la Amazonia ecuatoriana, estoy deseando preparar la mochila para visitar de nuevo el Amazonas, esta vez en su parte brasileña.

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La semana pasada tuve ocasión de leer el libro Calle Amazonas (colección Heterodoxos de la Ed. Altaïr) escrito por Bernardo Gutiérrez. Hacía tiempo que no encontraba una crónica de viajes tan adictiva, con rasgos de los mejores libros de los grandes viajeros. En Calle Amazonas se mezcla el viaje con el rigor periodístico al que nos tiene acostumbrados su autor. Bernardo ha vivido varios años en Brasil como corresponsal de La Vanguardia (acaba de regresar al país para pasar de nuevo una larga temporada) y fruto de su trabajo allí ha publicado reportajes en medios como Geo, Interviu, National Geographic, Courrier International (París), Internazionale (Roma), Expresso (Lisboa) o Clarín (Buenos Aires).

Leyendo Calle Amazonas he sumergido mis pies en el fango, he sentido el ajetreo, el sudor y los empujones gracias a su minuciosa descripción del puerto de Manaos y todavía me entra la risa al recordar los detalles de su encuentro en la fábrica de motocicletas con la empleada maquillada en exceso. Tras leer el libro, me puse en contacto con Bernardo y accedió a contestar algunas preguntas que comparto con todos vosotros.

Todas las fotografías © Bernardo Gutiérrez

El fotógrafo viajero - Tras leer el libro y tomar multitud de notas, la primera pregunta que se me ocurre es ¿Qué tal el viaje, Fidel?

Bernardo Gutiérrez - Pues surrealistamente bien. Fidelandia existe en un rinconcito de Pará. Al acabar el viaje, la realidad y la ficción están sutilmente enredadas… Creo que recordando el viaje valoro más la magia, las cosas positivas. Las negativas te machacan cuando has acabado el viaje, las injusticias, la pobreza… Luego, poco a poco, comienzas a ver todo con más perspectiva.

EFV - El prólogo de Calle Amazonas empieza con una cita de Amélie Nothomb: “La mirada es una elección”. ¿Es, con demasiada frecuencia, una elección demasiado estrecha? No solo al hablar de la Amazonia, sino al viajar en general.

BG - Creo que es tan estrecha como la mente de cada uno. Hay miradas que abarcan el todo, que son un prisma, un ángulo. A eso me refería principalmente. Que la mirada es situarte en un punto de la realidad, para mirar. Sobre la Amazonia cuelgan tantos tópicos, clichés y mitos que hay que situarse bien a la hora de juzgarla, de vivirla.

EFV - El libro nos trae una ecléctica banda sonora de la Amazonia. Albery Albuquerque (grato descubrimiento), Scorpions o Roger Waters (Pink Floid) queriendo ser Fitzcarraldo. ¿Los sueños de Fitzcarraldo están condenados al fracaso?

BG - Rotundamente sí. Pero creo que en ese intento, ese intentar llegar a algo, ese sueño febril, tiene algo de grandioso. Quien intenta algo, ya sea un Aureliano Buendía buscando un galeón desde Macondo o un Fitzcarraldo persiguiendo un anhelo, siempre consigue algo.

EFV - Personificas en el cacique Luiz la historia de muchos de los habitantes de la Amazonia, con falsas promesas de un título de propiedad. Con una Funai corrupta hasta la médula y la alargada sombra de la esclavitud, ¿qué solución ves para los caciques Luiz de la Amazonia?

BG - Es delicada. La solución pasa por una política seria del gobierno brasileño – y por extensión del resto de países – de protección de propiedades colectivas, indígenas o quilombolas. Por una política sostenible donde el “progreso” no esté reñido con las formas tradicionales de vida, que curiosamente siempre protegieron la selva. Existen algunas iniciativas interesantes que quieren que los indígenas y habitantes de la jungla se beneficien del mercado de carbono. Si avanzasen, sería muy efectivo. Recibirían rendimiento económico a través de los fondos internacionales por el simple hecho de proteger la selva.

EFV - De la época del caucho han quedado principalmente los vicios. ¿Dejaron también algo bueno en herencia?

BG - Queda el mito, las leyendas. Y edificios maravillosos, teatros de la ópera como en Manaos y Belém, calles maravillosas, y algunos barrios, como el de Nazaré en Belém, encantadores. Y el puerto de Manaos y mercados de hierro forjados en Belém y Manaos.

Mañana la segunda parte.

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