La 1ª parte aquí, la 2ª aquí y la tercera aquí.

Ayer martes dio comienzo la Fiesta del Cordero (Aid al-Adha) o Fiesta Grande (Aid el-Kebir). Celebraciones de las que os he venido hablando en las últimas entradas. Tras los fastuosos días, quedará llevar las pieles de los animales (ya os dije que se aprovechaba todo) a las curtidurías y, más tarde, a las tenerías para teñir las piezas. Para este proceso nos trasladamos a Fez, donde se encuentran las más conocidas. Os llevaré directo a los lugares donde van a parar las pieles y dejamos la medina más laberíntica del mundo islámico para otra entrada.
Una de las cosas que más valoro de Marruecos es el hecho de poder encontrar oficios y tradiciones ya perdidos en nuestro país. Me hablaba en un comentario Paco Nadal de los olores del pan que hemos tenido que imaginar por las descripciones que hacían nuestros abuelos. En Marruecos ese aroma todavía no ha sido sustituido por colorantes y demás de la familia E-. Pero no todos los olores son tan amables. En las curtidurías y las tenerías la gente suele poner una barrera hecha de hojas de menta entre sus prejuicios de urbanita y la realidad del olor de los mejunjes que usan para teñir y que llevan casi de todo. En la primera parte del proceso darán una capa de cal viva al reverso de la piel. Después llegará el momento de dar color a la pieza.

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En la tenería Chouara, podemos subir a una de las terrazas y ver los pozos de líquidos de mil colores y las pieles puestas a secar al sol o, mejor aún, bajar para comprobar como los chavales bucean en las cubetas. Toda una experiencia.
La primera parte de la Fiesta del Cordero aquí y la segunda aquí.
El fuego ya estaba listo. Pronto iban a empezar a llegar los olores que abrirían el apetito. Las rondas de pinchitos se iban a suceder una tras otra, tampoco el té faltaría. Era fiesta y además los Chinani tenían invitados.

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Había perdido la cuenta de los pinchos que me había comido cuando me llamaron para que viera que del cordero se iba a aprovechar todo. Tras voltear la piel, le tiraban por encima una generosa capa de sal gorda para que soltara todo el agua y evitar así olores y la podredumbre de una pieza que acabaría en las tenerías para, posteriormente, poder confeccionar alguna prenda o accesorio.
Las cabezas de los animales también formarán parte del menú en los próximos días, pero antes las llevan a las plazas del barrio para que las asen -carbonicen- en unas grandes parrillas dispuestas para ese fin.
En la mayoría de ocasiones se habla de la sumisión de la mujer en la cultura islámica y así es en muchos casos, pero no se puede obviar otro hecho importante que fue el que viví en casa de los Chinani. Hay una serie de valores que nosotros hemos ido perdiendo a pasos agigantados y que es fácil ver en el día a día de la sociedad marroquí. Hablo sobre todo del respeto por los mayores y el sentido de familia donde se da sin pedir. En la próxima -última- entrada sobre la Fiesta del Cordero os hablaré del proceso en la curtiduría y las tenerías.
El año pasado por estas fechas estaba viajando por Marruecos. Los días en que los musulmanes celebraban su fiesta más importante iban a coincidir con mi estancia en Marrakech. Pese a que a una señora le pareciera una mierda (sic) que las tiendas estuvieran cerradas por la Fiesta del Cordero, a mí me pareció un oportunidad estupenda para seguir aprendiendo cosas de la cultura de un país fascinante. (Este paréntesis no estaba previsto cuando preparaba esta entrada hace unos días, pero debido a los recientes acontecimientos debo añadir que con unos dirigentes que no se merecen)
Los barrios están estructurados en torno a cinco elementos: horno, baño público, escuela, fuente y mezquita. Llevaba un rato sentado en el horno del barrio de Ben Youssef cuando apareció un chaval que se presentó como Mustafa Chinani y explicó que venía a dejar el pan para cocer. Ese día había trabajo extra en el horno por la celebración de la fiesta. Muy temprano, había tenido la oportunidad de ver como en el patio de una casa tenían un cordero colgado, pero estaba por venir lo mejor. Mustafa se despidió de mí y al momento volvió a entrar en el horno. Me invitaba a ir a su casa.
Para la ocasión se había reunido toda la familia que, tras el rezo de la mañana, lo tenía todo dispuesto. Siguiendo el rito musulmán, con un cuchillo santo y la cabeza del animal mirando a la Meca, iban a ser sacrificados once corderos. Tras rezar unos versículos del Corán se da inicio a la fiesta que se prolongará durante dos días, llegando incluso a la semana de festejos en zonas del interior de Marruecos.
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La literalidad del silencio de los corderos ante la cámara. Tras degollarlos, utilizan una bomba de hinchar ruedas para introducir aire entre la piel y la carne del animal y poder despellejarlo mejor. A continuación se vacía y limpia el animal de toda la casquería con la que se harán los primeros platos, unos deliciosos pinchos de hígado recubiertos con grasa de las tripas.
Para no entorpecer digestiones no daré más detalles, pero se cocina absolutamente todo y el resultado es sabroso. El cordero queda colgado en el interior de la casa y lo van comiendo durante los siguientes días, ofreciendo una parte a la caridad.

Continuará…

Durante los próximos días más de 1.000 millones de musulmanes celebrarán la Fiesta del Cordero (Aid al-Adha) o Fiesta Grande (Aid el-Kebir). La celebración tiene lugar pasados sesenta días como mínimo del fin del Ramadán y viene determinada por la fase lunar. Parece que la fecha que se baraja para su inicio es el próximo 17 de noviembre. Por la importancia de la fiesta se podría establecer un paralelismo con la Navidad, aunque la celebración musulmana varía de fecha cada año. Antes de contar mi experiencia el año pasado en Marruecos, os pongo en antecedentes explicando lo que dice el cuento: entre otras cosas que Abraham murió a los 175 años. Según la interpretación que se haga de las escrituras, el hijo mandado a sacrificar fue Ismail o bien Isaac. Parece ser que para los musulmanes fue Ismail.

Y cuando Ismail era lo bastante mayor
para ayudar en las tareas de Ibrahîm, éste dijo:
“¡Oh mi querido hijo!
¡He visto en sueños que debía sacrificarte:
considera, pues, como lo ves tú!”
Ismail respondió:
“¡Oh padre mío! ¡Haz lo que se te ordena:
hallarás que soy, si Al-lâh quiere,
paciente en la adversidad!”
Pero cuando ambos se hubieron sometido
a la voluntad de Al-lâh,
y le hubo tendido sobre el rostro, le llamamos:
“¡Oh Ibrahîm, has cumplido ya con la visión!”
Así, realmente, recompensamos
a los que hacen el bien:
pues, ciertamente, todo esto fue en verdad
una prueba, clara en sí misma.
Y le rescatamos mediante un sacrificio magnífico,
y de esta forma le dejamos como recuerdo
para futuras generaciones:
“¡La paz sea con Ibrahîm!”

(Corán, surat 37, ayats 99-107)

Pues eso, que por arte de birlibirloque cambiaron al hijo por un cordero y de ello deriva la abolición de los sacrificios humanos a las divinidades.
La gente suele comprar el cordero semanas antes de la celebración por lo mismo que aquí compramos antes las gambas: los días previos sube el precio. Tienen al animal conviviendo con ellos, sin cogerle demasiado cariño, y los días de la fiesta se hornea más pan y se sirve más té.
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