La 1ª parte aquí, la 2ª aquí y la tercera aquí.
Ayer martes dio comienzo la Fiesta del Cordero (Aid al-Adha) o Fiesta Grande (Aid el-Kebir). Celebraciones de las que os he venido hablando en las últimas entradas. Tras los fastuosos días, quedará llevar las pieles de los animales (ya os dije que se aprovechaba todo) a las curtidurías y, más tarde, a las tenerías para teñir las piezas. Para este proceso nos trasladamos a Fez, donde se encuentran las más conocidas. Os llevaré directo a los lugares donde van a parar las pieles y dejamos la medina más laberíntica del mundo islámico para otra entrada.
Una de las cosas que más valoro de Marruecos es el hecho de poder encontrar oficios y tradiciones ya perdidos en nuestro país. Me hablaba en un comentario Paco Nadal de los olores del pan que hemos tenido que imaginar por las descripciones que hacían nuestros abuelos. En Marruecos ese aroma todavía no ha sido sustituido por colorantes y demás de la familia E-. Pero no todos los olores son tan amables. En las curtidurías y las tenerías la gente suele poner una barrera hecha de hojas de menta entre sus prejuicios de urbanita y la realidad del olor de los mejunjes que usan para teñir y que llevan casi de todo. En la primera parte del proceso darán una capa de cal viva al reverso de la piel. Después llegará el momento de dar color a la pieza.
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En la tenería Chouara, podemos subir a una de las terrazas y ver los pozos de líquidos de mil colores y las pieles puestas a secar al sol o, mejor aún, bajar para comprobar como los chavales bucean en las cubetas. Toda una experiencia.



Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.

