Una píldora más corta para digerir el empacho del vídeo de ayer del Camino de Nidaros. No son tomas falsas, ni siquiera un making of en toda regla como sugiere el título. Es ni más ni menos que un servidor haciendo un poco el payaso. Ya lo siento. Espero que por lo menos os resulte divertido.
El día 28 por la tarde fue el gran día, poníamos el punto final al Camino de Nidaros haciendo entrada en Trondheim, el nombre actual para la antigua ciudad de Nidaros. Si bien hubo algo de truco. Tras recorrer por la mañana una dura etapa, el bus nos había recogido en Hjerkinn para trasladarnos a Trondheim o Nidaros. Por la tarde, retrocedimos algunos kilómetros para reunirnos con todos los peregrinos llegados de otros puntos.
Era la víspera de San Olav y había preparados una serie de actos oficiales. Fue una especie de paseo triunfal, de unos ocho kilómetros, para ir tras las últimas señales del camino. Tras detenernos en una serie de pequeñas iglesias, llegamos a la Catedral donde nos esperaba un grupo de gente con antorchas haciendo un pasillo hasta la puerta del templo.
La llegada a la plaza de la Catedral fue muy emotiva, abrazos y besos de alegría por el final del camino. Por la noche, se celebró una misa en honor de los peregrinos. Y poco más. Caí derrotado sobre la cama, esta vez de hotel, sin poner el despertador como había estado haciendo las últimas dos semanas. Òscar y yo habíamos caminado alrededor de 300 kilómetros, aproximadamente la mitad del Camino de Nidaros, recorriendo sus etapas más emblemáticas. Haciendo balance, debo afirmar que ha sido una experiencia muy enriquecedora. El Camino de Nidaros es pura naturaleza, como sólo Noruega y alguno más de sus vecinos nórdicos puede ofrecer. El haber tenido la oportunidad de charlar íntimamente con ella durante un par de semanas ha cargado mis pilas para una buena temporada. Pese al esfuerzo.
El 29 era el día grande de la ciudad, la celebración de San Olav. Por la mañana, tuvo lugar la entrega del Olavsbrevet, el equivalente a la Compostela del Camino de Santiago. Acreditación que fue entregada incluso a algunos peregrinos que hicieron todo el recorrido en coche. En fin. Luego llegó el momento de disfrutar de Trondheim, una agradable ciudad sobre el río Nidelva. Las casas que hay junto al puente de madera forman la postal de la ciudad y justo detrás está la zona más agradable, con pequeñas casas de madera convertidas en bares más parecidos al salón de una casa que a un espacio para el ocio.
Como última anécdota que refleja hasta que punto hablamos de un país sincero y honrado, os contaré lo que me pasó en el bus que me tenía que llevar desde la ciudad al aeropuerto. En Noruega puedes pagar hasta un café con tarjeta, también el bus. Pero hay algunos datáfonos que no leen todas las tarjetas. Nos había pasado el día anterior en el lugar donde cenamos en Trondheim, un local de kebabs, pero un cajero delante del restaurante solucionó el imprevisto. El conductor del bus hizo subir a los pasajeros que esperábamos en la parada, diciendo que nos cobraría más tarde. Cuando pasó por los asientos, la máquina no leía ninguna de las dos tarjetas que le di. Le ofrecí ir al cajero en el aeropuerto o pagar en euros, que sí llevaba, ya que como volvía a casa apenas me quedaban algunas monedas, insuficientes para las 120 coronas que costaba el billete. No quiso cobrarme. En España me han hecho bajar del bus porque el conductor no tenía cambio de 20 euros, lo de la tarjeta ya les parece ciencia ficción. En fin, deseando volver a Noruega. Tras varias visitas al país, aún quedan un par de destinos que me apetecen mucho, las Lofoten y las Svalbard. A ver si lo soluciono en breve. Y ya sabéis, cualquier duda que tengáis sobre el Camino de Nidaros no dudéis en contactarme.
Camino de Nidaros (Etapa Furuhauglie-Hjerkinn). El despertador sonó más temprano de lo que hubiéramos querido. Había que arrancar a las 7 de la mañana porque el bus nos recogía en Hjerkinn a las 13 horas. Y no esperaba. Nos separaban casi 20 kilómetros con una sorpresa final, cómo no en forma de kilómetros extras. Al poco tiempo que teníamos, había que sumar lo que dedicáramos a las paradas para hacer fotos. Y pasó lo peor que le puede pasar a un fotógrafo; que apareció una espectacular luz de tormenta para bañar un paisaje de humedales y ciénagas. Por un lado, aparecían oportunidades para fotografiar a cada paso. Y por otro, las nubes de tormenta que tan bien quedaban en las fotos, venían tras nosotros.
Complementábamos el trabajo fotográfico con tramos de carrera en montaña para recuperar el tiempo perdido. Pudimos ver lo que Òscar identificó como un chorlito dorado con el plumaje nupcial. Debía tener el nido cerca e intentaba intimidarnos acercándose cada vez más a nosotros, por lo tanto al objetivo de nuestra cámara. Como venía siendo costumbre en las últimas etapas, también pillamos barro. Y la tormenta que nos perseguía también nos pilló a nosotros. El segundo tercio de la ruta discurrió paralelo al lago Avsjøen, que tiene su salida por el curioso río Folla. No tuve tiempo de demostrar si era una leyenda o algo empírico. Prometo volver, hay oportunidades que no se pueden dejar escapar.
La etapa acababa, o eso creíamos, en un ascenso plagado de barro que conducía hasta Hjerkinn Fjellstue. Al preguntar si era el centro de peregrinos, lógicamente nos dijeron que no. Hubiera sido raro que acabáramos una etapa sin kilometraje extra y resultó que había una propina de 2,5 kilómetros, cómo no por asfalto y cuesta arriba, hasta el centro de peregrinos de Hjerkinn, nuestro punto de recogida. Entramos en el centro a la vez que el bus, con tiempo únicamente para subirnos. Ya a bordo, dirección Trondheim, unas galletas y una pequeña cabezadita nos dejaron casi nuevos. Por la tarde hacíamos la entrada triunfal en Trondheim, con una etapa de ocho kilómetros que os explicaré mañana. Los desniveles de la de hoy fueron de 411 en ascenso y 399 en descenso. Insisto en la importancia de hacer clic en las fotos para verlas más grandes y en galería. Se disfruta mucho más de ellas.
Las fotos de esta entrada están hechas con una Fuji XS-1 que estoy probando estos días. Son JPEG directos, sin tocar nada.
Camino de Nidaros (Etapa por el Parque Nacional Dovre. Busjord-Fokstugu). El día 27, el grupo tenía el día libre y se marchó a ver el fiordo de Geiranger, uno de los más espectaculares de Noruega. Òscar y yo decidimos hacer dos etapas más del camino, las que cruzan una parte del Parque Nacional Dovre. El primer día empezó un poco torcida la cosa. El bus que llevaba a los peregrinos hacia el fiordo de Geiranger nos dejó en el pueblo de Otta a las 9 de la mañana, donde debíamos coger otro bus hasta un punto cercano al inicio de la etapa prevista. Hasta las 12.25 no había ninguno. Hubo un intento infructuoso de hacer dedo, pero no debe llevarse demasiado en este país eso de coger a dos pobres en la carretera.
Una vez en el bus, no conseguimos que funcionara ninguna de nuestras tarjetas para pagar (en Noruega puedes pagar hasta el café con tarjeta), así que carrera al cajero para sacar efectivo. Total, que llegamos a Busjord para empezar la etapa a las 3 de la tarde. La distancia prevista era de unos 20 kilómetros, más un par extras de subir desde la gasolinera donde nos dejó el bus hasta el albergue de Busjord. Los desniveles que acumulamos fueron de 904 metros en ascenso y 422 en descenso.
Una vez iniciada la etapa, se nos olvidaron todos los contratiempos. Un ascenso hasta los 1200 metros de altitud, nos metió en el Parque Nacional Dovre, un precioso paisaje de tundra. Las montañas todavía permanecían con grandes clapas de nieve y el agua de los diversos ríos que tuvimos que atravesar bajaba helada. La temperatura durante todo el recorrido fue de unos 10 grados, con rachas de viento que bajaban varios grados la sensación térmica. Hago un inciso para lanzar un aviso a navegantes: la temperatura en la zona del Dovre, en los meses de julio y agosto, suele rondar los 8-10 grados, por lo que conviene salir a caminar con la ropa adecuada. La vez anterior que estuve recorriendo parte del Camino de Nidaros, en septiembre del 2010, nevó copiosamente.
Además, una vez coronado el punto más alto de la ruta empezó a llover con ganas de diluvio. Parte del camino de bajada se convirtió en un entretenido barrizal. Llegamos a Fokstugu chorreando, con una tiritera importante, y nos dieron la mala noticia de que no tenían alojamiento para esa noche. No sé qué sucedió a continuación, pero acabamos metidos en una pequeña capilla con un grupo de alemanes entra bastante y muy católicos, rezando las novenas en noruego con un libro de salmos en las manos. La sacerdotisa, de riguroso negro y alzacuello, no acababa de conciliar un ojo con el otro. Durante segundos que se hacían eternos, cerraba los ojos y se sumía en un estado de duermevela para abrirlos de repente. Argumentos para novela de Stephen King.
Al acabar el asunto nos acercaron a Furuhauglie, el siguiente albergue del camino a escasos cinco kilómetros, donde pasamos la noche con la estufa puesta intentando entrar en calor y secando la ropa para el día siguiente. La cabaña de madera era ciertamente acogedora, con capacidad hasta para cinco personas. Y el precio sobre los 60 euros, lo que no está nada mal. La cena rápida, a base de sobres de salmón, filetes de caballa y pan. Y pronto a dormir que había que madrugar para la etapa del día siguiente. Mañana os cuento.
Las fotos de esta entrada están hechas con una Fuji XS-1 que estoy probando estos días. Son JPEG directos, sin tocar nada. Las foto con paisaje otoñal las hice en un viaje anterior, en septiembre del 2010. En este caso están hechas con una Nikon D700.
Camino de Nidaros (Etapa Dale-Gudbrands-Sødrop). El día empezó de maravilla, con el paso del camino por una de las iglesias más bonitas que he visto estos días de peregrinación por Noruega. Sobre nuestras cabezas pasaba una bandada de grullas, elegantes en su vuelo como pocas aves. La etapa ha tenido un nivel de exigencia algo más alto que el resto del días. 643 metros de desnivel en subida para un total de 18 kilómetros, pero el ascenso estaba concentrado en unos pocos kilómetros alternando camino rural, carretera secundaria y bosque. El descenso acumulado ha sido de 575 metros, pero estos sí a lo largo de bastante distancia.
Al alcanzar el punto más alto, hemos caminado por un cortado coronado por altísimas coníferas que daban algo de dramatismo al suave paisaje de los valles de Gudbransdalen. Los pasados días, que las etapas han sido un poco más exigentes, ha ido cayendo algún peregrino víctima de ampollas y otras heridas en los pies o, simplemente, del cansancio acumulado. Tras pasar una zona de viejas granjas y terrenos para pasto, iniciamos el descenso hasta la iglesia de la localidad de Sødrop donde ha concluido la etapa, muy cerca de la E6 que conecta Oslo con Trondheim, una especie de Camino de Nidaros de asfalto.
Hay un alto en el camino del que me gustaría hablaros. Empezamos a comentar algo de los albergues en pasadas crónicas. En esta etapa me detuve a fisgar en el albergue Middelalder, que conserva el edificio para peregrinos más antiguo del Camino de Nidaros. Aunque no suelo dar demasiada información práctica (alojamientos, restaurantes, transportes, etc.) por aquí, creo conveniente comentar alguna cosa acerca de los precios para que podáis hacer una estimación de los costes de peregrinar a Nidaros. Hay un albergue gratuito en el camino y los demás van entre las 75 coronas (10 euros) y las 950 coronas (125 euros). Aunque podemos situar la media en los 30-40 euros por persona noche. Son precios muy razonables teniendo en cuenta que Noruega es un país más caro que España, pero cada vez menos. Y baratos si tenemos en cuenta los lugares donde están situados. Los precios varían en función de las comodidades exigidas. Así, por ejemplo, el mencionado de Middelalder cobra 250 coronas si llevas saco de dormir, 350 si quieres desayuno (no os podéis perder la mermelada de arándonos en los albergues o el bizcocho de jengibre) y 450 si además quieres ropa de cama. El cambio que estoy utilizando, redondeando, es de 7,5 coronas por euro. Pero es algo variable.

Otro dato práctico más, que hoy estoy que lo tiro. El camino está muy bien señalado, pudiendo peregrinar solos sin ningún problema. Tan solo he tenido un par de dudas estos días, pero siguiendo el camino que dictaba la lógica no hubo pérdida. En ocasiones, hay señales con algún nombre que indican un desvío fuera de ruta para llegar a algún albergue o punto de interés. Las señales del camino no tienen ningún tipo de letras. Si hay que poner un pero, diría que falta algo más de información en cada etapa sobre distancias y perfil o el nombre de la etapa que se está recorriendo. Si todo ha salido bien, a esta hora estaré recorriendo el P.N. Dovrefjell, uno de los lugares más interesantes de la ruta. Os contaré ya desde Trondheim.
Las fotos de esta entrada están hechas con una Fuji XS-1 que estoy probando estos días. Son JPEG directos, sin tocar nada.



















































Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.


