Flandes

Me gusta Flandes. Pero sobre todo me gusta la luz de Flandes. No soy nada original al afirmarlo, la luz de Flandes ya encandiló a los maestros de la pintura flamenca, que la buscaron, la entendieron y la plasmaron en todas sus versiones, que ahí es donde radica el secreto de la luz flamenca, en la variedad. Me gusta, por supuesto, en los días soleados. Pero también entre brumas, los días de tormenta, tras la lluvia gracias a los reflejos que crea el agua en el asfalto y cuando vuelve a asomar el sol con más ganas si cabe. Porque si a Jan van Eyck, a Pieter Brueghel el Viejo, a Rubens, a Anton van Dyck, a Jacob Jordaens o a Frans Hals no les importó en absoluto lo caprichoso de la luz, ¿por qué iba a importarme a mí y por qué iba a dejar de sacarle partido?

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Pero claro, luego es que delante de la luz se ponen ciudades como Amberes, Gante, Brujas, Lovaina o Malinas, todas ellas entre las de más encanto en Europa. Ciudades con una arquitectura a la que los cronistas de viajes suelen referirse como “de cuento”. Y para muestra la coqueta plaza del Burgo de Brujas, con edificios construidos a lo largo de siete siglos. Los canales, los mercados y las iglesias también dan motivos de sobra para apretar el disparador de la cámara. Y luego está la cerveza y el chocolate…

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Para compartir mi entusiasmo por la luz de Flandes he decidido llevarte de viaje conmigo. Serán tres días en los que trataremos de capturar las mejores luces, nos subiremos a las torres, navegaremos por los canales, fotografiaremos los interiores de una cervecería, haremos fotos en la hora azul. Las fechas escogidas son del 18 al 20 de octubre, un viaje con todos los gastos pagados en el que visitaremos Lovaina y Brujas. ¿Te vienes?
Para ser uno de los candidatos tienes que entrar en la aplicación en Facebook de Turismo de Flandes y escoger a tu experto entre los cuatro propuestos (a mí, a mí, a mí…)

Jesús Terrés (Gastronomía). Joder cómo escribe Jesús, cómo vive, cómo te cuenta Madrid… Hace tiempo que sigo su irreverente perfil en Twitter y si yo tuviera que escoger experto, me iría con él.
Javier Sanz (Historia). He descubierto a Javier hace relativamente poco, pero su manera de contar la Historia ya me tiene enganchado. Ahora que lo pienso, ya tengo dudas entre escoger a Jesús o a Javier.
Cristina García-Adán (Moda). Qué decir de Marie Claire, uno de los grandes medios de siempre, papel que resistirá tempestades. Creo que ya he resuelto el dilema “a qué experto escojo”. Cristina es la única chica, así que Jesús y Javier, sintiéndolo mucho, me voy con ella. Supongo que me entenderéis.
Rafa Pérez (Fotografía). Ese soy yo, no hay más cera que la que arde.

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Los ganadores de los viajes no serán escogidos por sorteo, sino que entre Turismo de Flandes y los expertos correspondientes se determinará quién es el candidato más idóneo, el que demuestre buen arte y salero en el manejo de las redes sociales y ganas de viajar a Flandes.

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Los canales para estar al día del concurso son Facebook y Twitter:
El hashtag que utilizaremos será #Flandesnosune , aprovecha de paso para seguir a Turismo de Flandes en Twitter y en su página de Facebook Turismo de Bélgica: Flandes y Bruselas.

Tienes tiempo desde ahora mismo y hasta el 6 de octubre. El próximo día 8 de octubre se decidirán los ganadores.

¡Participa!

¿He dicho ya que habrá cerveza y chocolate?

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Ayer estuve visitando el Rikjsmuseum, el Hermitage Amsterdam (que expone parte de la colección del museo Van Gogh hasta que éste abra sus puertas) y el Stedelijk. La sensación que me quedó es que hemos ido perdiendo el norte progresivamente. Hice un recorrido por la pintura del Siglo de Oro holandés, viví una epifanía atea con mi queridísimo Vermeer para pasar luego por Van Gogh, cuyas obras se exponen temporalmente en el Hermitage Amsterdam. Más tarde decidí asomarme al Stedelijk y menos mal que acerté en el orden cronológico de la visita. Tras pasar por el impresionismo y por el expresionismo alemán -mira que me gusta Ernst Luwdig Kirchner- llegué a Picasso, Pollock o Kandinsky. Y aún. No es la sala donde pasé más rato, pero di mis vueltas. Hasta que de repente me encontré rodeado de Malévich y Mondrian. Uf, tengo que escapar de aquí, pensé. Pero me fui de Guatemala a Guatepeor. Para muestra las imágenes que adjunto. Ayer tuve ocasión de ver todas estas obras. Mi cerebro asimiló una parte, para lo demás tengo que reconocer que está totalmente hermético. ¿Me falta gafapastismo? ¿Me sobran canas?

Así que os hago algunas preguntas para saber si no eres tú, soy yo. Si somos todos o si el mundo se ha vuelto definitivamente loco.

¿Dónde perdimos el oremus? Jugamos a las diferencias (Haced clic para verlo más grande).

Evolución del arte

La vida imita al arte.

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Twenty-five. Por el culo te la hinco. ¿Vale todo en el mundo del arte?

Twenty-five

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Pisa morena, pisa con garbo… Ah, no, que no es esa Pisa. Tras la visita a Florencia, tocaba regresar a Pisa desde donde tenía el vuelo de regreso a casa. Tenía unas horas por delante para visitar la ciudad. Pisa es una bonita ciudad con casi todas sus calles vacías. Casi todas menos una, la que cruza a toda prisa su centro histórico para llegar hasta la torre de Pisa. Pasado el susto, cuando casi se les cae, la torre vuelve a estar apuntalada con esa extraña verticalidad que le ha dado fama mundial. ¿Y a qué va la gente a Pisa? Pues a hacerse fotos en las más ridículas de las posturas.

Así como el reto en Florencia fue ver la ciudad a través de sus escaparates, en Pisa me propuse hacer fotos diferentes de la torre en el par de horas que tenía por delante, salirme un poco de la foto de postal para abrir un reportaje a doble página o para una portada: buena luz, líneas, etc. Siempre es bueno asumir esta serie de retos cuando no estás con la presión de un encargo. Son un ejercicio estupendo para ganar agilidad y educar la mirada. Los sitios tan vistos y visitados aumentan la dificultad, pero con un poco de paciencia las imágenes acaban surgiendo. El lunes ya pudisteis ver una de las fotos de Pisa hecha con el smartphone. Esta vez os dejo una selección más amplia de las que hice con la cámara. Fue un rato muy divertido. De toda la serie, ¿cuál es vuestra preferida? (Si hacéis clic en la imagen se ven mucho mejor, a un tamaño más grande).

Como veis, hay para todos los gustos y en todas las posturas. Hasta los chuchos querían salir en la foto.

 

Y sí, al final no pude resistirme a hacer la foto clásica de postal, no vaya a ser que a alguna revista de papel le dé por necesitarla. ¡Juas!

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Hace algunas semanas, durante mi visita a Florencia, tengo que reconocer que acabé saturado. No de la ciudad, eso sería imposible, sino de la excesiva, aberrante por momentos, afluencia de visitantes. Tengo en la cabeza un post sobre eso que publicaré en su momento. Salía a la calle cada mañana a las 6, para tener durante un par de horas la ciudad para mí solo. Bueno, para mí y para todo el engranaje que pone en marcha una ciudad así: barrenderos, repartidores, gente que se dirige al trabajo. Como pequeño acto de rebeldía, decidí dar la espalda a la ciudad en las horas punta. Fue cuando descubrí la ciudad reflejada, la que observan los escaparates más privilegiados de la ciudad. Una manera de hacerla íntima, de capturar detalles que pasaban inadvertidos para los miles de visitantes que se movían por cada rincón de Florencia. Para no llamar la atención en exceso, utilicé el iPhone como en aquella serie de Praga. Ya me diréis qué os parecen.

Ah, aunque también estoy preparando un post sobre la torre de Pisa, no me puedo resistir a dejar una foto hecha de la misma manera.

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Tras París, la ciudad de Lourdes es el lugar que más turistas recibe en Francia. La historia de Lourdes es, como poco, peculiar. Vamos con ella. Bernardette era una joven pastora, analfabeta, que se encontró con una señora en la cueva de Massabielle. No sé si por escéptica o por pocas luces, tuvieron que suceder 18 encuentros hasta que un día la señora le dijo: Pero no ves, alma cándida, que soy la Inmaculada Concepción… ¡Milagro! La Virgen le dijo que fuera a tomar agua de la fuente y que comiera hierba. Diréis lo que queráis, pero ¿no es eso lo que hacen las ovejas y no tienen los pastores la costumbre de echarse un sueñecito mientras pastan? Ahí lo dejo y no digas que fue un sueño.

La cosa es que la fuente no ha dejado de brotar, hasta cien mil litros diarios de agua que los fieles embotellan en todo tipo de cachivaches fruto de la mercadotecnia: cantimploras, vasos, garrafas de distintas capacidades y marianas formas. Llegué a Lourdes por la noche, cuando la ciudad tiene aspecto de Las Vegas del cristianismo, a caballo entre un circo rancio y un bazar chino. Se ven todo tipo de recuerdos en venta, amontonados tras neones cegadores. Aunque por lo visto, hay poco que hacer con ese tema. Hubo un intento de mejorar la calidad de la mercadotecnia, hasta que un cardenal de visita en Lourdes compró el más hortera de todos los recuerdos y entendieron que eso debía ser lo que demandaba la gente. Aunque también habría que hablar de la capacidad como coolhunter de un tipo que mezcla púrpura con rojo escarlata, se pone birreta y lleva un anillo tamaño rapero.


Por la mañana temprano todo estaba en aparente calma. Hasta que los autocares empezaron a regurgitar y se dio inicio a la función: abrían iglesias y capillas para que curas políglotas fueran ocupando su lugar en el altar, voluntariado de los cinco continentes asesoraba a los grupos y la gente caminaba por el mapa sin salirse del trazado mariano. Se formaron las primeras colas junto a la cueva, en las máquinas que venden velas o medallitas y en las fuentes instaladas a lo largo del río de las que, supuestamente, brota agua del manantial. Como me debo a vosotros, hice un completo trabajo de campo y probé el agua, no-vaya-a-ser-qué. Al rato me picaba toda la espalda, de manera nerviosa, como si un sarpullido la recorriera de arriba a abajo. Enfrente, la gente frotaba estampas, medallas y velas por la pared de la cueva; ponían a arder toneladas de velas que operarios con enormes carros se encargaban de retirar para dar cabida a otras nuevas.

El itinerario clásico tiene en la basílica de San Pío X uno de sus must. Es una especie de búnker nuclear, diseñado por el arquitecto Vago -no es coña, es su nombre-, adornado con retratos gigantes de santos, el primero de ellos en la frente, nada más entrar: Escrivá de Balaguer.
También tenemos el museo de la santa, donde vemos algunos trozos de ropa, fotos, libros y sorprendentes manuscritos de caligrafía propia de cantoral gregoriano, de la época que pasó en el convento. Todo un mérito teniendo en cuenta que, meses antes, no sabía leer ni escribir. Cada noche, se vive el momento con más carga emocional en lo que supone una visita a Lourdes, la procesión de las antorchas. El día que visité la ciudad el grupo mayoritario era de catalanes, que por lo visto son de los visitantes más asiduos a Lourdes. Iban cantando el Virolai mientras transportaban velas, otro de los productos superventas, hasta la puerta del santuario.

Vi mucha emoción durante el escaso día y medio que estuve en Lourdes, pero también comportamientos que en otras religiones se achacan al fundamentalismo. Mientras sigan existiendo ese tipo de conductas, probablemente no tengamos remedio como sociedad. Y el tiro no va hacia la gente que llega hasta Lourdes, cada uno es libre de emocionarse y creer en lo que quiera: señores que caminan sobre las aguas, futbolistas, contertulias yonquis, incluso en pulpos advenedizos con perfil en Facebook. Mi crítica apunta arriba del todo, al que se esconde en la respuesta al Cui Prodest.

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