mar 112010


A la hora de fotografiar en el interior de los museos me he encontrado de todo. Desde los países donde con tu carné de prensa tienes todas las facilidades, hasta aquellos donde lo mejor es pagar religiosamente la entrada y pasar como un turista al que sí le permiten hacer fotos. Cuando ya he hecho las fotos de rigor, las que sé que publicará el medio, me gusta darme una vuelta para ir a la búsqueda de situaciones curiosas. Hablaría también de los guardias de seguridad de los museos y su exceso de celo, pero otro día les dedicaré una entrada.




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ene 272010


Se acabó Fitur (ya sé que hace unos días, pero no he tenido tiempo). Esa cita imprescindible cada vez más prescindible que nos lleva a Madrid en el mes de enero. Este año ha cambiado la fecha: se ha adelantado. Lo que no ha cambiado es lo que allí sucede en los tres días supuestamente dedicados a profesionales. Ya desde primera hora del miércoles, visitantes con acreditación de expositor y, lo que es peor, de prensa, llegan pidiendo pins, bolis, bolsas, maletas de Skyteam, ¿me das algo? Tiene su punto entrañable hasta que esos señores y señoras, canapeteros profesionales, se abalanzan sobre el aperitivo que tan gentilmente ofrecen algunas oficinas de turismo a la prensa para presentar sus novedades. No se preocupe señora, coma, coma, que esta ronda corre de mi cuenta.
El cartel de la foto, hecha con el móvil, se parece al No hay billetes de las tardes de toros. El de Skyteam es uno de los expositores de más exito. Por lo visto regalan una maleta de cartón, que se va demontando según la llenan de pósters y folletos que, digo yo, deben servir para empapelar la habitación. Dicen las malas lenguas que algunos se estudian esos folletos para contar luego a los amigos que han estado en los Mares del Sur en lugar de la excitante excursión al pueblo con la suegra. Pero no creo que eso suceda.
Y pese a las quejas, pese a la España de pandereta, allí estaré el año que viene. Dando abrazos a los compañeros que veo de año en año, cerrando la feria en Tailandia y dejándome la voz en citas con gente de muchos países.

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Un poco antes de la Expo de Zaragoza la revista Viajar me envió a hacer un reportaje de la ciudad. Una vez tuve el tema completo me pareció divertido jugar con las palabras del suelo de la Plaza del Pilar y alrededores. ¿Alguien se siente identificado con la primera foto?
Al reportaje se le dio bastante espacio en la revista y se publicó una foto con el juego de palabras “Goza”, pero en lugar de la chica de zapatos rojos pasaba un niño con una bicicleta. Fotografía mucho más correcta para una revista de viajes.




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En mi reciente viaje a Marruecos ha habido lugar para todo: incluso para un buen puñado de curiosidades.
La llegada al país tuvo lugar en plenas celebraciones. La afluencia de turistas a la ciudad de Marrakech dejó lugar a curiosas anécdotas. Una mujer llamaba a casa para contar que el vuelo de un euro desde Sevilla había ido bien pero que la ciudad era una mierda porque era la Fiesta del cordero y estaban las tiendas cerradas. No pude ir de compras pero viví, junto a una familia, las celebraciones. Que se le va a hacer. Por la tarde, la versión árabe de Robinson retransmitía el Barça-Madrid.

Al día siguiente tocaba ponerse serio. Sin saber muy bien cómo me encontraba en un entierro. No, no era el mío. Siento las falsas esperanzas que haya podido dar a algunos y espero que alguno se haya alegrado de que así fuera. Azaona oua Azaokum wahed. Vuestro dolor es el mío. La cámara tuve que guardarla y las caras cambiaron al instante. Tal es así que, tras llevar el cuerpo a la mezquita, pude seguir al masculino cortejo fúnebre hasta el cementerio. Las mujeres se quedan en casa por escandalosas. Por la mortaja se puede saber si el fallecido es hombre o mujer. Hombre era en este caso.

Ya en Essaouira llegó la hora del merecido té a la menta. En la tetería, el humo del hachís, que como en el caso del sepelio tampoco era mío, hacía cada vez más denso el ambiente. Una abuela que parecía la de la película Tapas parece cortar el bacalao. Todo el mundo se acerca a saludarla y a continuación comienza a ejercitar los dedos. Un hombre está tan colocado que se le cae el porro. Tras hacer levantar a toda la concurrencia cae en la cuenta que está dentro de su vaso. De su vaso de té lleno. A partir de entonces la conversación gira en torno a mí. El único guiri. Además con cámara y un bloc de notas. Peligro. La conversación probablemente no tenía trascendencia. Probablemente no tenía desperdicio.

Malawi mojado en miel. En eso consiste mi desayuno diario. En una tetería que utilizaba pancartas del Ministerio de la Modernización de los Sectores Públicos para hacer manteles me sirven el plato con miel. Tras escrutar al personal y estar más que acostumbrado a mi alopecia llego a la conclusión de que el pelo que hay en la miel es de la abeja.

Uno de los placeres de viajar a Marruecos es la visita al barbero. Por apenas dos euros dejo que una certera navaja rasure barba y cabeza. La vista se para ora en un póster de La Meca con brillantina fosforita ora en una tele con tapete y DVD marca Genial. Por la noche un pequeño susto. Una chica guapísima entra corriendo en el restaurante donde ceno. Tras un buen rato, ya más calmado, lo primero que me viene a la cabeza cuando vuelve a salir es: “Joder, tan guapa y cagándose”. Al día siguiente soy yo el que hago parar al bus en un peaje y tiro los pantalones en la cuneta. Los conductores van pagando en las cabinas y el chófer del bus no para de pitar: “Así no hay quien lea”.
Y como el pelo de la barba sí crece, poco pero crece, toca otra vez barbero. Me cuenta las maldades que la droga causa en la juventud y al rato se merienda galletas, caseras, con las que hace una pasta con el aceite resultante de trabajar el hachís. ¿Conocerá la Nocilla?
Después de cenar sienta bien la infusión. En la tele del café en el que la gente ve pasar la vida televisan fútbol sala de la Liga húngara. Luego cambian a noticias de la Liga rumana y después a los documentales de la Geographic. Ni siquiera el vendedor de crucigramas fotocopiados consigue distraerles del apareamiento de la foca monje.
Otro día más. Hay piedras más blandas que la cama de la pensión de Meknés. Por la mañana sirven el té en un local homenaje a la Pantera rosa, con las paredes pintadas del color del añorado pastelito. En la radio suena algo parecido a Camela fusionado con una folclórica árabe. Fuera llueve y yo sin babuchas de agua. Llega el norte. Chaouen, la ciudad azul. Azul o amarilla o roja; depende de lo que se fume. Junto a un puesto de caracoles una chica comenta (poner voz de yonqui para leer su comentario): “Yo es que a los caracoles les tengo mucho cariño. Si es que cuando piso uno…”
Muchos gatos, demasiados. Gatos gordos. Pero ningún ratón. El cocinero mira embobado la televisión. Normalmente ven series y películas en V.O. subtituladas. Pero algunas series les vienen dobladas de otros países que comparten idioma. Salam Aleikum, Frijolito, acierto a escuchar. Bendito Dios. O Alá.
Faltaba el viaje en tren de regreso al sur. Por la mañana hago equilibrios en un baño con la taza a punto de desbordarse. De hecho ya ha llegado antes hasta el pasillo. Adelante, atrás, salto. Como cuando eres niño y saltas las olas del mar. Después de la cena llega el desayuno. Otra vez pensando en comer. Acaba primero un entrañable anciano que se sienta al lado. Se levanta a lavarse las manos y le echa un agua también a la dentadura. Se la coloca en su sitio, limpia la comisura de los labios. Besalama. Adiós.
Mientras tanto, hacer caso a las señales (foto).

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sep 212009


A menudo hablamos de las sensaciones que nos produce el “acto” fotográfico o de las que provoca en el espectador. Cuando se habla de sensaciones en fotografía generalmente se asocian a las imágenes del World Press, a los reportajes en zonas conflictivas o los realizados en hambrunas, migraciones masivas y un largo etcétera. Pero, ¿cuántas veces nos ha hecho sonreir una fotografía? ¿Puede una imagen alterar nuestro estado de ánimo positivamente? La respuesta es sí. Basta echar un vistazo a la obra de Richard Kalvar, Martin Parr, Elliott Erwitt, parte de la obra de Tino Soriano, la serie de fotos de Doisneau “La mirada de soslayo (tienda de Romi)” y otros muchos que encuentran diversión, además de compromiso, en el ejercicio de su trabajo. A todo el que se acerque a leer este post le propondría un juego. ¿Qué foto te ha arrancado una sonrisa? Quizás una tuya. Os animo a comentarlo para ver si damos con las fotos más divertidas y no me refiero al típico powerpoint que recibimos cada semana. Y por último, un consejo: No hace falta ser fotógrafo para ver el lado divertido de la vida, bastaría con levantar la cabeza cuando caminamos por la calle.

Post Scriptum: Como de humor hablamos, aquí va un link muy interesante para fotógrafos. Navegando por otros blogs me topé con el entrañable Whattheduck.net
Os dejo una de sus viñetas que hace referencia a la fiebre de la triple w.

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