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Por la falta de tiempo de la que os hablé en la primera etapa, inicié el día haciendo un poco de trampa. Me salté la subida a El Palo solicitando los servicios de Taxi Camino para llegar hasta La Mesa. Prometo volver con más tiempo para hacer esa parte del trazado.

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Tras visitar la pequeña ermita que hay en La Mesa, empecé a caminar entre la niebla, apenas se distinguía nada mucho más allá de una docena de metros. Fue un momento de mucho encanto, con la humedad formando caprichosas formas en la vegetación. Ese entretenimiento hizo menos pesado el tramo inicial de asfalto, hasta llegar a otra pequeña capilla, en Buspol, antes de iniciar la bajada al embalse de Salime. La bajada es espectacular, algo dura, con más de 800 metros de desnivel hasta llegar al embalse. Fui descendiendo por distintos tipos de bosques, viendo a ratos el embalse cuando la niebla me lo permitía. Antes de llegar a las compuertas, hay un mirador desde donde el de los salmones podía controlar la evolución de las obras y gritar: “Queda inaugurado este pantano”. En esta etapa me volví a cruzar con varios peregrinos, dos de ellos a caballo, que se detuvieron en el restaurante que hay en el primer tramo de ascenso en dirección a Grandas de Salime. Fue el lugar donde vi más afluencia de peregrinos en todo el camino, aproximadamente una veintena. Desde allí, es casi todo asfalto hasta el final, en suave pero constante pendiente, excepto el último kilómetro y medio en que el camino se adentra de nuevo en el bosque.

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Al llegar a Grandas de Salime, hay otra visita totalmente imprescindible, el Museo Etnográfico. Allí podemos aprender todo sobre la vida en el entorno rural del occidente de Asturias. Encontramos todo tipo de utensilios, trajes, las madreñas, el característico zueco de madera que se utiliza en los campos de Asturias; podemos asistir a talleres y demostraciones, y visitar distintas dependencias, como un corral, un hórreo, un molino, una panera, una casona, una barbería, una tienda de ultramarinos, el bar, correos, una sastrería.
Tras visitar el museo, tuve tiempo de comer y regresar al aeropuerto, de nuevo con Taxi Camino. Es entonces cuando me di cuenta de todo lo que había caminado, haciendo el trayecto a la inversa y en coche se me hizo eterno. Llegaba muy cansado a coger el avión, pero deseando volver a Asturias.

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Una observación: pese a que la ruta está muy bien señalizada y no tiene pérdida en ningún momento, echo en falta información más detallada de las etapas, una simple hoja con la explicación y que indique los desniveles y distancias entre los diferentes tramos dentro de una misma etapa. La mente tiene mucho que ver a la hora de conseguir objetivos caminando y siempre ayuda saber a qué te vas a enfrentar.

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Mientras me preparaba para iniciar la cuarta etapa, me vino a la cabeza una curiosidad, la sensación de que siempre que el camino se bifurcaba, la dirección buena era la que hacía subida. Durante el día pude confirmarlo en varias ocasiones.
Al poco de abandonar Tineo llegué a la casa del Pana, El último de Filipinas como así se autodenomina. No estaba en casa, pero los carteles en los alrededores hicieron que me formara una idea aproximada del personaje. Los mensajes eran del tipo “Qué verde es mi valle”, “Enamorarse es una inutilidad” o “Todas las cartas de amor son ridículas, pero es ridículo quien no ha escrito nunca una carta de amor”.

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Tras pasar por un camino empedrado, un precioso bosque alfombrado de hoja seca nos lleva hasta un desvío en que se puede optar por seguir el Camino Primitivo o hacer un pequeño desvío de 500 metros hasta el monasterio de Santa María de Obona. Hay que optar sí o sí por el desvío. Y no lo digo yo, ya lo dijo Alfonso IX en 1222: “Concedo y doy al monasterio de Santa Maria de Obona, que está en el camino que va de San Salvador a San Jacobo, que vaya por mi pueblo de Tineo y por el antedicho monasterio de Obona, y que nadie desvíe a los peregrinos de este camino y que nadie ose desobedecerme de cuanto digo”. Si en la segunda etapa nos encontramos con que la colegiata en Cornellana necesitaba una restauración, lo que Obona necesita es un completo plan de rehabilitación y reconstrucción. Tras la primera impresión, un poco bucólica, que te llevas cuando ves el claustro comido por las hierbas, al momento te das cuenta de que una joya así debe lucir con todo su brillo. Esperemos que pueda recibir pronto la ayuda que merece. Hay una cuenta en Twitter que va informando de todo lo que acontece, es @salvemosObona
Para visitar el interior del monasterio, hay que acercarse hasta la localidad y pedir la llave en alguno de los dos bares que nos encontramos.

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Hay gente que decide finalizar la etapa en Borres, pero por mi falta de tiempo decidí continuar hasta Pola de Allande. Eso sí, hice un alto en el camino para comer un bocadillo en uno de los bares-tienda que caracterizan a esta parte de Asturias. Son establecimientos bien curiosos, donde puedes tomar desde un vino en la barra hasta comprar el detergente para hacer la colada. Espero que el Camino les dé la suficiente fuerza para que no desaparezcan.
Al continuar hasta Pola de Allande, el trazado de la etapa se convertía en lo que comúnmente conocemos como rompepiernas. Pero la belleza de esos bosques hacía que sólo tuviera esa sensación, de castigo a las piernas, cuando caminaba por alguno de los pocos tramos de asfalto que tiene la ruta. Eso sí, para que no tengáis sorpresas, cuando crees que has llegado al punto de más altitud, resulta que estás en el alto de Porciles, que luego vuelve a bajar para cruzar el río homónimo y vuelta a ascender de manera muy pronunciada hasta el alto de Lavadeira, ahora sí altitud máxima del día. Luego llegó la bajada hasta Pola de Allande, donde mi cabeza y mis pies iban sólo pensando en una cosa: el pote que me iba a comer (tres platos fueron) en la Nueva Allandesa.

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Camino Primitivo por Asturias (3 de 5)

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sep 062013

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Antes de partir, eché un último vistazo a la colegiata. El tercer día apuntaba a que sería soleado. Mi cámara se puso más contenta que yo, se llevaba muy bien el hecho de que las temperaturas no fueran demasiado altas. Tras pasar por un hórreo en estupendo estado de conservación, el camino se adentraba en un bosque de ribera, junto al río Nonaya, para iniciar un ascenso suave pero prolongado durante un par de kilómetros, hasta llegar a Porciles, que iban a ser el tramo más exigente en esta etapa.

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Me encontré con los primeros peregrinos, media docena en el mismo sentido, dos en el contrario, una chica en bicicleta que prefería pedalear por carretera, y dos peregrinos más, también en bicicleta, pero que seguían el camino original. Los días anteriores, algunos paisanos, vacas y caballos, pero ningún rastro de peregrinos: el placer de caminar solo. Luego continué por una estrecha vereda, en el lado de solana, que evitaba la carretera la mayor parte del tiempo. En La Pereda me encontré con Loño (Celedonio) Perpierna, que da la bienvenida a los peregrinos con un pequeño seto en el que ha tallado la palabra “Hola”.

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Desde La Pereda hasta Tineo, mucha tranquilidad en el recorrido. En la entrada de Tineo hay dos curiosidades: un campo para jugar a los bolos tradicionales y una estatua de un peregrino que es un reloj solar, con la inscripción Viator horam aspice et abi viam tuam (Viajero, mira la hora y sigue tu camino). Ese día me hospedaba en el hotel Palacio de Merás, donde me explicaron la interesante iniciativa Peregrinos por Asturias. Se presentaron en sociedad en el mes de abril, con una apuesta firme por su promoción en las redes sociales. Ofrecen al peregrino diferentes servicios, en ocasiones incluidos y en otras de pago. Entre ellos están el spa, masajista, bolsa picnic, custodia del equipaje, lavandería urgente, horarios de comidas y desayuno adaptados a las necesidades del peregrino, bebidas isotónicas y barritas como detalle de bienvenida, lugar para dejar la bicicleta, recogida y auxilio de los peregrinos que no puedan acabar una etapa, traslado al aeropuerto, información meteorológica y de la ruta. Hay establecimientos asociados en el Camino del Norte y en el Primitivo. Ahora mismo encuentro un hueco sin establecimientos en el mapa del Camino Primitivo, que sólo cubre hasta Tineo, pero seguro que en los próximos meses se unirán nuevos miembros a la iniciativa.

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Camino Primitivo por Asturias (1 de 5)

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sep 042013

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Había caminado antes por Asturias, por la ruta del Cares, por Picos de Europa, por la senda del Oso, por parques como Redes y Somiedo, pero nunca había sido peregrino en mi tierra. A la hora de escoger lo tuve bastante claro. ¿Por qué el Camino Primitivo? Porque en esta época del año, bien entrado el verano, ofrece temperaturas más frescas y una menor afluencia que el más clásico de los itinerarios a Santiago, el Camino Francés. También tiene mucho menos asfalto y mucho más verde que el del Norte. El calor y el asfalto producen un peligroso cóctel que favorece la aparición de ampollas. Y el paisaje es verde, muy verde, verde con avaricia. Viajé a mi tierra con la idea de recorrer las etapas del Camino Primitivo que pasan por Asturias, ya que sólo disponía de cinco días, por lo que la llegada a Santiago quedaba aplazada. Además, dicen que quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado pero no al señor. Con esta presuntuosa frase me puse en marcha. El refrán de marras tiene, cómo no, un origen histórico. Las reliquias eran un must en la Edad Media, estar en posesión de alguna era el modo de garantizarse un alto share en los asuntos santos. Esa búsqueda de peregrinos llevó a que empezaran a aparecer reliquias por todas partes y media Europa se llenó de sudarios, cruces, dedos y hasta prepucios. Así que tras darme el preceptivo garbeo por la Cámara Santa, me puse a caminar en dirección al Escamplero. En este primer tramo ya te das cuenta de que el Primitivo va en serio, que esperan una serie de jornadas rompepiernas compensadas por la gran belleza de los paisajes que nos vamos encontrando.

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Entre mis olores de infancia hay un buen puñado de clásicos, de esos que suelen convertirse en obsesiones para el habitante de la jungla de asfalto: hierba recién cortada, heno, tierra húmeda y revuelta, higos, una lechera en la puerta y el olor a la nata de la leche, gallinas en el corral, el pan que ha dejado el repartidor en una bolsa colgada de un clavo y también olor a estiércol, claro que sí, entre todos aquellos olores se colaba el estiércol. En la primera etapa ya había visto y olido todo eso. Anduve casi en soledad, con la única compañía de vacas y caballos, todavía iba a tardar un par de días en encontrarme con el primer peregrino.

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Tras cruzar el puente sobre el río Nalón en Peñaflor, el lugar donde se plantó cara a los muchachos de Napoleón, un llano paseo lleva hasta Grado, final de la primera etapa. Allí me esperaba el concejal de turismo para enseñarme algunas de las casas de indianos mejor conservadas de la localidad, la plaza del Mercado y la iglesia, de cuyo lateral dale la calle del Infierno, donde estuvo situada la una famosa sidrería, altar con más parroquianos que el sacralizado. A los habitantes de Grado, o Grau, les llaman moscones. Al acabar la visita me nombraron Moscón 4 one day, colocándome una divertida camiseta.

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Como alternativa a los albergues, decidí hacer el Camino Primitivo alojándome en hoteles, para que los únicos ronquidos de la habitación fueran los míos. En Grado me recogió un vehículo de Taxi Camino para llevarme hasta el hotel. Taxi Camino también se iba a encargar de llevar mi equipaje entre etapa y etapa, lo que no quita que cada día cargara con varios kilos entre el equipo fotográfico, calzado de repuesto, algo de comida y agua. El hotel para esa primera noche fue uno de los de la red de Casonas Asturianas, el hotel Palacio de Fernández-Heres. Marta, su propietaria, me contó que no le interesaba que hablara de su hotel, que había que enseñar el territorio. Una filosofía magnífica de la que deberían aprender muchos alojamientos, si al viajero le enganchan los atractivos de tu comarca va a acabar tapado con tus sábanas. Por cierto, apuntad ese privilegio, el de dormir tapados las noches de julio. Yo le digo a Marta que sí, pero que a las cuevas, a los magníficos senderos, a la Prehistoria y a las brañas, hay que ponerle buena cama y cuchara. La lechuga y la cebolla de la ensalada hacía media hora estaban plantadas, el queso afuega’l pitu estaba hecho con todo el cariño de un pequeño productor, la cecina mandada a secar a León, que la vaca la ponen ellos pero que para curar le sienta mejor el aire de allí; que el solomillo de ternera asturiana para qué quiere salsa… Y a ver quién camina mañana.

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Actualización: El sorteo ha dado como ganadoras a las autoras de los comentarios 8 (Elisa) y 36 (Marta Ramírez). Enhorabuena, me pondré en contacto con vosotras para el envío. Elisa nos había recomendado La Alpujarra y Marta se había decantado por su tierra, Navarra. La elección de los destinos ha estado muy repartida (tópico de sorteo navideño), pero sí he visto una mayor preferencia por aquellos destinos que tenemos a la puerta de casa. Y es que muchas veces no le prestamos la debida atención a nuestro entorno.

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No me he podido resistir a la moda de las listas cuando llega el final de un año. Pero esta lista va a ser un poco distinta, la vamos a hacer entre todos. ¿De qué va a ir? En primer lugar, lógicamente, de viajes. Pero también de libros.
Cuando pensamos en viajes la tendencia es a cruzar fronteras. Pero vamos a quedarnos esta vez en casa. Me interesa saber vuestra opinión sobre el turismo rural en España: ¿Cuál es vuestra comunidad o provincia preferida para una escapada de turismo rural? ¿Qué libro os llevaríais para leer junto a una chimenea, en la cama o en una mecedora con vistas?
Para hacer más amena vuestra participación, he recibido un par de dispositivos Kindle de la mano de Top Rural que sortearé entre todas las respuestas recibidas. Para dar vuestra respuesta como válida debéis responder a las dos preguntas mediante un comentario en el blog. Será necesario que os registréis con una dirección de correo válida para contactar con vosotros en caso de resultar premiados.
Tenéis de plazo hasta la finalización del próximo viernes día 21 de diciembre. Si tenemos la suerte de que no se acabe el mundo, el día 22 haré el sorteo con la intención de joderles la audiencia a los del Gordo de Navidad.

Como pistoletazo de salida, os dejo mis preferencias:

Mi escapada de turismo rural sería a Asturias
Y el libro que me llevaría sería Carta de Asturias de Hugh Thomas

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Los envíos se harán, únicamente, a territorio nacional.

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