sep 112010

Perpignan me parece una ciudad curiosa. Bueno, en realidad es su gente la que me lo parece. Mis visitas siempre han sido fugaces coincidiendo con el Visa pour l’Image, aunque quizá deba plantearme extender la duración de las estancias en este rinconcito de Francia. El otro día, durante unos breves paseos, me topé con gente de lo más interesante. Un socorrista de lo más particular, los impresionantes ojos de una niña, un turista esperando el bus, gente en un bar con neones que podrían haber salido de cualquiera de las novelas de Kerouac. Por aquí os las dejo.



Una de las fotografías más comentadas en esta edición del Visa pour l’Image ha sido la imagen expuesta en la Iglesia de los Dominicos. Es una ampliación de 18 metros de alto de una foto de Michael “Nick” Nichols. A estas alturas no voy a venir a descubrir a uno de los mejores fotógrafos, con ese punto tan americano del intrépido fotógrafo-aventurero que tan bien queda en los documentales. Los comentarios que se podían escuchar eran todos superlativos: fascinante, enorme, magnífica, brutal.
Pues a mí me parece sólo la foto de un árbol. Me explico.
No me atreveré a poner un solo pero al trabajo de Nichols, pero esta es la prueba más evidente de lo que se puede conseguir con medios. Si yo, si cualquiera de vosotros llega con un encargo a un bosque de secuoyas -todavía es posible gracias a que el reportaje publicado en National Geographic consiguió parar la tala- tiene una sola opción: buscar la mejor luz posible y realizar un contrapicado, preferentemente con alguna persona al lado de la base del tronco para dar idea de las proporciones y luego tratar de convencer a algún editor para que te pague un poco más que las tarifas del microstock.
Pero, ¿qué pasa si trabajas con medios? ¿Necesitas un helicóptero? Pues lo pides. Planteas un montaje con los últimos avances tecnológicos para fotografiar la secuoya entera y resulta que no es un sueño. Pasas unos meses investigando y consigues los dispositivos necesarios. Está claro que detrás de todo ello hay una trayectoria y algunos de los reportajes más espectaculares que ha publicado National Geographic, pero la foto del árbol en concreto está al alcance de muchos fotógrafos que conozco y que no cuentan con esos medios. Con las tarifas propuestas por la mayoría de medios en España te puedes permitir dedicarle tres o cuatro días a un reportaje, una semana como máximo en la que tendrá que haber luces increíbles, tener todas las puertas abiertas y que pasen el máximo número de cosas delante de tu cámara. Y aquí, 2+2 siempre son 4. Los mejores temas que tengo son aquellos a los que he dedicado más medios y tiempo.

Ayer cruzaba un comentario en el blog de Alfons Rodríguez sobre el trabajo de Stephanie Sinclair. Si en lugar de dedicar varios meses a su reportaje de la poligamia en América, tres de ellos sin hacer fotos, le hubiera dedicado unos días, ¿qué hubiera pasado? Simplemente que no habría reportaje.

La semana pasada me pasé un par de días por el Visa pour l’Image. La idea era tomar el pulso a la situación actual de las agencias e intentar mostrar algún trabajo y seguir aprendiendo viendo exposiciones. En cuanto a las agencias, cada vez van menos, estaban todas centradas en actualidad. Sin embargo, me fue muy útil contactar como en anteriores años con la Association Nationale des Iconographes (ANI), una asociación de editores gráficos, muchos de ellos freelance, que revisan tu portfolio y te ponen en contacto con gente que pueda estar interesada en tu trabajo. Parece ser que van a fructificar un par de cosas de las que ya hablaré a su debido tiempo. En cuanto a las exposiciones, me quedo con las que muestran el mundo de un modo más amable.

La retrospectiva dedicada a William Albert Allard muestra una selección de algunas de las fotografías que ha tomado durante sus cinco décadas de profesión. Un maestro en el uso del color.
Me gustó el trabajo de Hubert Fanthome sobre Eloi, el bebé burbuja. Sin duda, me parece que tiene la mejor edición gráfica de todo el Visa. Un tema con un escenario reducido que no cansa para nada y hace unas magníficas transiciones entre foto y foto. La melodía perfecta.
Por mi dedicación a la fotografía de viaje me interesó especialmente la exposición de Danielle&Olivier Föllmi.

Por supuesto, William Klein, uno de los grandes de la fotografía de calle.
Los reportajes dedicados a la religión me parecen fascinantes: el del Cáucaso de Justyna Mielnikiewicz, el de Kazuyoshi Nomachi (¿un japonés musulmán?), el de Munem Wasif y el espectacular uso de las luces extremas que hace Gali Tibbon en su reportaje Ecos de la Jerusalén cristiana.
También destacaría el de Andrea Star Reese sobre un grupo de homeless y el de Stephanie Sinclair sobre la poligamia en América. Stephanie contaba que estuvo tres meses antes de tomar una sola foto y luego trabajó durante varios meses más en la historia. En la próxima entrada pondré un ejemplo muy claro del resultado de trabajar con medios.


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