nov 292010

Hubo un tiempo en que era impensable salir de Medellín por carretera y los coches duraban para siempre al no recorrer más que unos centenares de kilómetros al año. Hasta que llegó la campaña Vive Colombia, viaja por ella. La gente empezó a acercarse a pasar los fines de semana en los pueblos del oriente o simplemente a comer en los estaderos (restaurantes de carretera). Los habitantes de pueblos como El Retiro, donde el eslogan Ningún domingo sin misa recibe al visitante, o La Ceja y su cascada Tequendamita empezaban a pensar en tiendas de recuerdos, restaurantes y alojamientos para recibir a los primeros turistas.

Al llegar a Guatapé, alcanzo a escuchar una noticia que llega desde un televisor cercano narrada con ese paroxismo tan propio de los locutores latinos de deportes: “El ex presidente Uribe visita el Santiago Bernabeu, el Vaticano de los estadios europeos”. 
Guatapé es un pueblo de fachadas casi naíf donde los colores compiten en estridencia. Es en esa mezcla pictórico colonial donde reside el encanto de la pequeña localidad al pie de la represa El Peñol-Guatapé. La importancia del doble nombre no es menor. Cuando los habitantes de Guatapé intentaron poner el nombre de su pueblo en El Peñol, como un Hollywood cualquiera, se quedaron en el intento por la protesta de los habitantes del pueblo vecino y las letras gigantes GI (la I iba a ser una U, seguida de una A…) manchan hoy la rocosa mole de El Peñol. 

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La antigua capital de la región, Santa Fe de Antioquia, es uno de esos tranquilos lugares por donde sólo pasa el tiempo, incluso en ocasiones te surgen dudas de que así sea. El esquema se repite en todos estos pueblos antioqueños: la plaza alrededor de la iglesia y calles con casas donde, equipados con brocha gorda, se da rienda suelta a la vena artística. Como el nombre Hotel&Spa Santa Fe Colonial ya lleva implícito todo lo que ocurrió allí, os ahorraré detalles que puedan suscitar envidias y, sobre todo, que resten interés al punto aventurero que evoca una visita al Oriente.

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La tradición floral -Colombia es uno de los principales productores de rosas del mundo- tiene su punto culminante con el Desfile de Silleteros que se celebra en Medellín cada mes de agosto. Pero a mí me interesaba más conocer a alguna de las familias con larga tradición en el desfile. En Santa Elena, me recibieron varias generaciones de los Londoño. La abuela que había ganado en varias ocasiones el primer premio en el desfile, el padre que con sus ditirámbicas explicaciones provocaba la risa y las nuevas generaciones con algún miembro de apenas meses. Regresando a Medellín, junto a uno de los estaderos aparece la discoteca Donde Judas. ¿Recibirán a la gente con un beso?

Como comentaba en la anterior entrada, había que decir a la gente de las comunas que contaban, que debían ser parte activa del nuevo Medellín. La solución, fácil en apariencia, pasaba por crear nuevas infraestructuras en los lugares más deprimidos socialmente. Todo ello cimentado con el arma más poderosa que ha creado la humanidad: la cultura y, por ende, la transmisión de la misma. En primer lugar había que conectar las dos ciudades. Para la gente del valle era impensable subir a las comunas y bajar al centro suponía un gasto que los habitantes de las comunas no podían soportar en la mayoría de ocasiones. El Metrocable vino a suturar la herida abierta, a dar fluidez a las comunicaciones para que la gente supiera lo cerca que quedaba la otra parte de su ciudad. Llegaron también los Parques Biblioteca.

Cuando plantearon a los líderes comunales de Santo Domingo Savio la construcción del Parque Biblioteca España la respuesta fue que necesitaban pan y trabajo, que los libros no les iban a llenar el estómago. El proyecto salió adelante y el 24 de marzo del año 2007 los Reyes de España presidían la inauguración. España había contribuido, a través de la Agencia de Coperación Internacional, a la construcción del auditorio y a informatizar el centro. Dos años más tarde, con la visita de Felipe y Letizia, una niña se cargaba con un inocente comentario nuestra monarquía. Les dijo que no podían ser príncipes, que a él le faltaba el caballo blanco y a ella la diadema de brillantes. Pues eso, que los príncipes para los cuentos.

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En la actualidad hay construidos cinco Parques Biblioteca, uno de ellos en San Javier (Comuna 13) que adoptó el nombre del canónigo José Luís Arroyave que tanto hizo por la comuna en los tiempos más difíciles y están proyectados cinco más. Paralelamente, se construyeron en cada zona colegios y centros de desarrollo empresarial. Los libros habían vencido a las balas. Los niños empuñaban libros, se les abría una ventana al mundo con el acceso a Internet y los mayores se sorprendían con la visita de los Reyes y la llegada de los primeros turistas. El experimento había funcionado.

Un aspecto muy importante, teniendo en cuenta las maltrechas economías de la gente, es que tanto los Parques Biblioteca, como el Jardín Botánico o el Parque Explora son gratuitos: La municipalidad ya pagó por ustedes es el lema que recibe a los visitantes. Haciendo partícipes a los ciudadanos de esos espacios les traspasas un sentido de pertenencia y lo cuidan como si fuera, en realidad lo es, suyo. Llegado el mes de diciembre, en el Parque Biblioteca España un coro de 50 niños de las comunas canta la Novena. Es el tiempo también de hacer marranadas. A un San Martín con algo de retraso me refiero. El sistema de transporte público contribuye también al intento de descongestión del tráfico, con un sistema de regulación parecido al del D.F., en la hora pico circulan las matrículas pares un día y las impares otro.

Medellín se está posicionando como organizadora de importantes eventos y la moda de Colombia busca su sitio en las mejores millas urbanas de alrededor del mundo. Marcas como Totto, una de las grandes referencias del diseño colombiano, han llegado recientemente a España con sus maletas.
La revolución se ha contagiado a todos los sectores. La gastronomía no podía ser ajena.

Uno de los impulsores de la nueva cocina ha sido Juan Manuel Barrientos, uno de esos enfants terribles dispuestos a llevar la cocina al laboratorio y poner todo en entredicho. En el restaurante El cielo prepara un interesante menú con 20 momentos, desde lavarse las manos con chocolate hasta fusionar hidrógeno con pétalos de rosas. Por supuesto, hay momentos menos sensitivos y más masticables. En definitiva, buenos alimentos. Hablando de buenos alimentos, las chicas en Medellín son muy guapas. Bien es cierto que algunas han pasado por el taller de la perfección aunque en ciertos casos al cirujano se le fue la mano con la silicona. No hay que olvidar que Medellín es conocido como destino para el Turismo de Salud, eufemismo latino para los viajes a la clínica de estética.

Para cerrar las entradas sobre la ciudad de Medellín (en las próximas nos vamos a los pueblos del Oriente), dos curiosidades. Carlos Gardel murió en accidente aéreo en el aeropuerto Las Playas, hoy conocido como Enrique Olaya Herrera y un apunte sobre la pintada de una conocida frase de Neruda en una pared. Frase que resume perfectamente el proceso irreversible de transformación de la ciudad: Podrán cortar las flores pero no detendrán la primavera.

Unos años atrás, los habitantes del valle de Aburrá apenas levantaban la vista hacia las comunas por miedo a ofender, no fuera que les quedaran conociendo, como decían. Los sicarios rendían cuentas a su virgen, María Auxiliadora, e iban a bañar sus balas en agua bendita. El diezmo que la violencia había ejercido sobre la población masculina hacía que la sociedad matriarcal encontrara su reflejo en la figura de la virgen y a ella le pedían protección.

Hace años, las comunas que rodean la ciudad eran como el abrazo de Judas, ahora es la vía de escape que da aire a Medellín. La jerga de pandilleros me ha dado para una recopilación que por la musicalidad, por lo sonoro y el gracejo -aunque no hiciera ni puta gracia- de aquel lenguaje de uso frecuente en las comunas, también con la esperanza de que quede como un Breve diccionario en desuso, quería compartir con vosotros:

Coger de quieto – Atracar en la calle.
Arrebatar los cueros – Robarle el bolso a las señoras.
Irse de cambiazo – A puñaladas.
Manejar un tres ocho – Un arma.
Gallinazos – Personajes a la puerta de los hospitales en busca de clientes para las funerarias.
Dejar la pinta – Tener descendencia antes de irse para el otro barrio.
Cancelar la vacuna – Pagar el impuesto revolucionario.
Gonorrea – El peor insulto que te podían hacer. Tras la palabra iba siempre la bala.
Darse chumbimba – tirotearse.
Yo te lo quiebro – yo lo mato.
Tirar perico o hueler – esnifar.
Fleteo – robo al salir de un banco.

Corría el año 2002, cuando la operación Orión, con todas sus dudas e imperfecciones, entraba en la Comuna 13 y plantaba la semilla del cambio. Álvaro Uribe como presidente de Colombia y Luis Pérez como alcalde de Medellín, también ambos con imperfecciones, habían planteado que no podía haber zonas de la ciudad en las que no pudieran ni pensar en poner los pies. Eran los asentamientos nacidos de la invasión de tierras, chabolas construidas de necesidad y sueños con forma de oportunidad en una vida que solía dar la espalda a unos habitantes que compartían espacio con cucarachas de tamaño heroico. El solo hecho de mencionar barrios como San Javier o Santo Domingo Savio ponía a correr al miedo.

Después vino la arriesgada apuesta de la municipalidad al invertir en instalaciones y servicios en las zonas socialmente más deprimidas. Se trataba de hacer ver a la gente que habitaba los laberínticos barrios periféricos que eran importantes y contaban para Medellín. Es así como nace el Jardín Botánico, también el Parque Explora o los Parques Biblioteca. La iglesia también tuvo su parte activa en la evolución de la ciudad al lanzar la campaña Amar es desarmarte, en la que cambiaban armas por bonos de mercado canjeables por alimentos de primera necesidad. El tiempo ha dado la razón a aquella política de inversiones. Hablando de tiempo, Marcel Proust escribía En busca del tiempo perdido sin saber que con aquellos minutos, horas y días que te robaban al mandarte a comprobar si Dios existía, mercadean hoy en las plazas, vendiendo minutos celulares a 200 pesos. 

Tras los antecedentes y las primeras informaciones referidas al sorprendente proceso evolutivo que ha vivido Medellín, tocaba vivirlo en primera persona. El vehículo se detiene en un semáforo y a la derecha veo una academia de danza oriental en la que una chica baila la danza del vientre ataviada con una falda de lentejuelas y una camiseta en la que pone I love Zagreb. Grácil, esbelta, antagónica a la obra de Botero. En la Plaza de las Esculturas y el Museo de Antioquia se puede ver la mayor concentración de obras del artista colombiano que jamás se ha planteado empezar una dieta en lunes. En el interior del museo encontramos que la tienda de artesanía Mola, además de ser bonita es que se llama así, Mola; y que la señalización de las salas está patrocinada por pinturas Sapolin, de brocha gorda.

Me relaja mucho volar, más que viajar en cualquier otro medio de transporte. La sensación de calma se incrementa cada vez que cruzo el charco. Saber que abajo no hay sino mar tiene un efecto sedante que me adormece durante gran parte del viaje. También ayudaba el asiento Economy Plus de Avianca, la amplitud de la Business con un precio más cercano a la clase turista. Tras el sopor inicial, había que preparar el viaje. Me dirigía a Medellín y como siempre echaba mano de los libros para documentar el lugar. Las lecturas del viaje iban a ser La Vírgen de los Sicarios de Fernando Vallejo y Comuna 13: crónica de una guerra urbana de Ricardo Aricapa. No había podido encontrar No nacimos pa semilla de Alonso Salazar, un título muy recomendable como los anteriores.

¿Por qué estos títulos? Para entender la gran transformación que ha sufrido la ciudad en los últimos ocho años primero tenía que ponerme en antecedentes. Con las últimas páginas iba quedando el lago Maracaibo a mi derecha, también empezaba a disfrutar de la nubes, diferentes en esta parte del mundo: apetecibles, orondas, sensuales. Hasta que el cielo, harto del peso y cargado de rabia se desfonda durante un rato en el que parece que le hayan dado la vuelta al mundo y nos caigan los mares encima. 

Tras el aterrizaje y sus aplausos, el primer recibimiento es un tanto surrealista. Globos y peluches en la sala de llegadas, un minibus que al poner marcha atrás se escucha la música de los carruseles de feria, con el insistente pito del coche de bomberos incluido, y un anuncio de colchones Romance Relax junto a una curiosa advertencia: Prohíbase el expendio de bebidas embriagantes a menores de edad.

  
Llegando al hotel me encuentro con el periódico en la habitación. El Colombiano titula “150 niños se comen un perro de 40 metros”. Tras descartar los efectos del jet lag pienso en la importancia del diminutivo. Definitivamente el tamaño importa.

Atrás han quedado los días en que frases como “A Belencito corazón sube el diablo rezando” llenaban las páginas de la prensa nacional. Era una época en la que en las comunas imperaba la Ley de los Corrales, no podía haber dos gallos en el barrio y cuando sucedía hablaban las balas.

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