Suena el teléfono de Luca, nuestro acompañante de Visit Norway, y le cuentan que en Fokstugu, nuestro siguiente alojamiento, han matado un reno salvaje para nosotros. Fokstugu da nombre a un fenómeno meteorológico: un temporal de viento y nieve que obligaba a poner cuerdas de una casa a otra para que la gente pudiera agarrarse. Christiane, nuestra anfitriona, comenta que el miedo entra por las ventanas y mueve las lámparas. 

Fokstugu está lleno de historias. Fue la base de operaciones de los nazis que intentaron llevarse la campana de la iglesia para fundirla y fabricar armas. La abuela puso la campana a salvo pero se le cayó en el traslado. Hubo que llevar a repararla a Karlsruhe: ahora sí viajaba a Alemania. Llega la hora de la cena y Blas, el cura de Fuenterroble que inició una homilía con el Bienvenido de Miguel Ríos, es el encargado de bendecir la mesa. Señor bendice estos alimentos. Amén. Chimpum, nada de proselitismo que hay hambre. El reno, acompañado de setas silvestres y mermelada casera de frutos rojos, será recordado durante mucho tiempo.
Los paisajes recorridos estos días son puro otoño. El siguiente encuentro con un lago iba a ser con el barquero pluriempleado. 

En la cola que se formaba para cruzar el lago encontramos a un cura polaco que también está de peregrinación. Cuando estamos cruzando en la barca grita un socorrido Viva España, seguido de un inquietante Viva Franco medio en broma. La tropa alza los bordones a modo de arma durante dos segundos hasta que el barquero les recomienda sentarse. Las ofensas son menos ante el riesgo de zozobra. El barquero, tras cruzarnos a la otra orilla, se pone el traje tradicional y nos sirve la comida en su casa. 

Ya estamos llegando a Trondheim. El periplo iba a finalizar como comenzó, con Bach y el órgano, el de la Catedral de Nidaros (el antiguo nombre de Trondheim). Al poco de iniciado el concierto se empieza a escuchar algún ronquido. Es que la paz y la espiritualidad en re menor se sienten muy adentro a la hora de la siesta. Acabo esta crónica emulando a Santiago: San Olav y cierra Noruega.

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La primera parte aquí y la segunda aquí.

Para más información del Camino a Nidaros y cualquier otro destino en Noruega podéis visitar la página de Visit Norway.

Recorriendo las granjas de la región me viene a la cabeza el personaje de Peer Gynt, al que Henrik Ibsen dio vida. Aunque según le contaba a su editor el literato noruego, Peer Gynt era un personaje real que vivió en Gudbransdalen probablemente a finales del siglo pasado o principios de éste.
Las granjas las hereda el primer hijo varón que no puede venderla, tiene que trabajar la tierra. Si éste renuncia los derechos pasan al segundo. Con ese sistema de herencia, cuesta poco dejar volar la imaginación y llevarlo todo al papel de la novela negra. Tras las sonrisa de la señora que espera en la puerta con una jarra de café en la mano, uno piensa que se esconden las envidias, el aire trágico de los secretos heredados, una cierta querencia al argumento de esas sagas tan del gusto de los nórdicos. Al final, solamente era café. 
Por la tarde conozco a Harald, un vikingo con un Iphone que nos pone a remar. En mitad del lago me siento como uno de los aguerridos remeros del Cantábrico, alimentados a base de bocadillos de “remadhijosdeputa”.

El pasado de la localidad de Hamar está ligado a un obispo que sale por patas, casas incendiadas y su propia historia de monstruo en el lago como profecía de que algo terrible iba a pasar. Vino la Reforma. En los restos de la Catedral de Hamar la guía se arranca por soleares para demostrar la excelente acústica del lugar. El 29 de julio se celebra una misa en honor de San Olav y los peregrinos duermen allí. No aclaró si es después de la misa o por los efectos de la misma. Tratando de encontrar las palabras para describir el momento y el lugar escucho: “La verdad es que es una estructura que te cagas. Pero una estructura, estructura.” (Peregrino dixit) ¿Cabe decir más?

La anécdota ese día viene de la mano de un joven periodista para el que el hecho de que unos peregrinos españoles estén por esos andurriales es noticia. Al día siguiente salimos en la portada del diario de Hamar. Edición papel y digital, que la noticia lo merece.
Tras la Noruega de atrezzo, esa decorada con la rueda de un carro, una lechera puesta en la puerta de manera nada casual, unas macetas con flores, las cortinas de encaje y el rumor de un río, pasamos a la lluvia y primeras nieves del año en las montañas que cruzamos. (Tercera y última parte el viernes)

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Primera parte aquí.

Para más información del Camino a Nidaros y cualquier otro destino en Noruega podéis visitar la página de Visit Norway.

Días atrás he visitado de nuevo Noruega para ir tras los pasos de San Olav. Entre Fugas de Bach, algún revés cortado y un cura de Fuenterroble transcurrieron mis pasos como El fotógrafo peregrino.
Nidaros, junto a Santiago de Compostela, Roma y Jerusalén, es también Camino. Pero sin prisas. Apenas hay datos de pernoctaciones, las experiencias no se miden en sellos en un pasaporte y los peregrinos no hacen carreras para tratar de encontrar sitio en los albergues.
Llego al primer albergue de noche. La Vía Láctea, tímida, se deja ver en los limpios cielos del norte.

 Pese a algunas luces parásitas (coche y un foco rojo) puede disfrutar en general de cielos muy limpios.

Al entrar en el albergue se oyen esos extraños gemidos que de no identificar con el tenis relacionaríamos con ese tipo de líneas de teléfono acompañadas de susto en la factura. Rafa Nadal golpea la pelota en la final del US Open con la rabia del que no ha estado en Noruega. Tenía una semana por delante para recorrer algunas de las etapas más destacadas de la ruta entre Oslo y Trondheim (la ruta completa de más de 600 kilómetros se hace en cuatro o cinco semanas). Un poco de repaso a las razones de esta peregrinación me sitúa ante la curiosa forma que tenían de cristianizar hace un milenio: todo rastro de herejía tenía serias probabilidades de perder la cabeza. Literalmente. De ese modo se aseguraban que aquél que permaneciera en el territorio fuera cristiano.
El día empieza con zumo de naranja, un poco de ese queso caramelizado que se pega en la encía como los caramelos de antes y un concierto de órgano en la Iglesia de Søsterkirkene en Granavollen. Iglesias casi gemelas conocidas como las Iglesias de las Hermanas. Ya se sabe: celos, que me hago una iglesia, que la mía más grande.
Rostro impasible, manos alegres y marionéticos pies que bailan sobre docenas de pedales de donde salen los graves. Suena Bach. Chute de espiritualidad barroca para dar los primeros pasos.

En la Iglesia Steinhuset nos recibe una noruega con acento de Lanzarote. Dice que se llama Gro, que significa crecer. Desde su 1,60 nos cuenta la historia de la iglesia y la disposición de la gente en los bancos según la clase: mujeres, hombres o ricos. Con un punto de malicia voy a comprobar si los bancos donde se sentaban a rezar los ricos están más hundidos. (Continuará el miércoles)

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