Días atrás he visitado de nuevo Noruega para ir tras los pasos de San Olav. Entre Fugas de Bach, algún revés cortado y un cura de Fuenterroble transcurrieron mis pasos como El fotógrafo peregrino.
Nidaros, junto a Santiago de Compostela, Roma y Jerusalén, es también Camino. Pero sin prisas. Apenas hay datos de pernoctaciones, las experiencias no se miden en sellos en un pasaporte y los peregrinos no hacen carreras para tratar de encontrar sitio en los albergues.
Llego al primer albergue de noche. La Vía Láctea, tímida, se deja ver en los limpios cielos del norte.
Pese a algunas luces parásitas (coche y un foco rojo) puede disfrutar en general de cielos muy limpios.
Al entrar en el albergue se oyen esos extraños gemidos que de no identificar con el tenis relacionaríamos con ese tipo de líneas de teléfono acompañadas de susto en la factura. Rafa Nadal golpea la pelota en la final del US Open con la rabia del que no ha estado en Noruega. Tenía una semana por delante para recorrer algunas de las etapas más destacadas de la ruta entre Oslo y Trondheim (la ruta completa de más de 600 kilómetros se hace en cuatro o cinco semanas). Un poco de repaso a las razones de esta peregrinación me sitúa ante la curiosa forma que tenían de cristianizar hace un milenio: todo rastro de herejía tenía serias probabilidades de perder la cabeza. Literalmente. De ese modo se aseguraban que aquél que permaneciera en el territorio fuera cristiano.
El día empieza con zumo de naranja, un poco de ese queso caramelizado que se pega en la encía como los caramelos de antes y un concierto de órgano en la Iglesia de Søsterkirkene en Granavollen. Iglesias casi gemelas conocidas como las Iglesias de las Hermanas. Ya se sabe: celos, que me hago una iglesia, que la mía más grande.
Rostro impasible, manos alegres y marionéticos pies que bailan sobre docenas de pedales de donde salen los graves. Suena Bach. Chute de espiritualidad barroca para dar los primeros pasos.
En la Iglesia Steinhuset nos recibe una noruega con acento de Lanzarote. Dice que se llama Gro, que significa crecer. Desde su 1,60 nos cuenta la historia de la iglesia y la disposición de la gente en los bancos según la clase: mujeres, hombres o ricos. Con un punto de malicia voy a comprobar si los bancos donde se sentaban a rezar los ricos están más hundidos. (Continuará el miércoles)
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Para más información del Camino a Nidaros y cualquier otro destino en Noruega podéis visitar la página de Visit Norway.