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Buenos Aires está edificada sobre los sólidos cimientos de la nostalgia, los desamores y las montañas rusas financieras. Todo ello se deja ver, se siente en sus calles. En ocasiones se torna turbia, como ese Río de la Plata balcón de esperanzas. Otras, diáfana como el sol que vive en la calle Florida. En Buenos Aires cabe todo. Una cordialidad que podría parecer fingida al que no conozca al argentino, excesiva, como esa elle que arrastra, también entra la mala leche del dueño del café Plaza Dorrego.

Para algo tiene que servir ese eclecticismo, esas hostias que se da el Peso de vez en cuando. Alguna ventaja tienen que sacar de lo malo que dejaron españoles e italianos, además de la doble nacionalidad. La respuesta pasa a 24 fps. Tras una crisis de identidad, el cine argentino vuelve a alcanzar cotas de altísima calidad. Ahí están las películas de Carlos Sorín, o El secreto de sus ojos, una de las últimas. La creatividad la dan los vaivenes emocionales, la estabilidad no produce más que aburrimiento. Es un axioma: el buen escritor, cineasta, creador en definitiva, está vinculado de un modo u otro a algún tipo de sufrimiento.

En Buenos Aires también hay lugar para las más extrañas de las cosas. Las emisoras paran a las 12 de la noche para radiar el himno nacional como un Ángelus patriota que recuerda a todos de donde vienen. Subir en colectivo, tras hacer ordenadas y kilométricas colas, se plantea como una excursión. Las tiendas envían amor a domicilio y los perros se pasean por docenas o en barca por el Tigre.

Las pataletas entre el gobierno de la nación y el de la ciudad llevan a diálogos como estos en la entrada de la autopista:
- Autopista casi terminada. El incumplimiento del Gobierno Nacional frena las obras. Disculpas a los 60.000 perjudicados por día.
- Para terminar la autopista se necesitan planos, aprobaciones y seguridad del Gobierno de la ciudad. Macri: gobernar es hacerse cargo y trabajar.

Creatividad e ironía hasta en el terreno político. Podrían aprender en España, por lo menos nos harían más gratas las sobremesas. Y como Buenos Aires son sus calles, sus barrios y su gente, la ciudad es un paraíso para pasear y dedicarse a la fotografía de calle. Hay que visitar Buenos Aires. Volviendo al Sabina que me acompañó en la anterior entrada sobre la ciudad: “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. Y ese sentimiento se da en muy pocas ciudades en el mundo.

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Con el referente de los fotógrafos de calle clásicos y grupos como In-Public o seconds2real, nace Calle 35, el primer grupo de fotógrafos de calle de habla hispana.
Calle 35 es un colectivo cuya finalidad es divulgar y disfrutar la fotografía de calle. Formado inicialmente por Marcelo Caballero, Carlos Prieto, Rafa Pérez, Domingo Venero Barberán y Rafa Badia, este colectivo con base de operaciones en Barcelona está abierto a nuevas incorporaciones y miradas. La voluntad de los fundadores es ofrecer espacio a quienes disfruten con la práctica de la foto urbana como forma de expresión estética y testimonio documental de una época. También como una pacífica y lúdica reivindicación de la vía pública como espacio social perteneciente a la ciudadanía. Hemos creado una página web con galerías de imágenes, y tenemos previsto realizar charlas y conferencias para dar a conocer el trabajo de maestros de la street photography; desarrollar proyectos fotográficos en colectivo y, a medio plazo, realizar exposiciones y editar publicaciones con imágenes de nuevos autores. Se pretende, además, ofrecer una perspectiva diferente a la de la órbita anglosajona, apostando por la visión propia de los fotógrafos del sur de Europa y América Latina.
Podéis ver las galerías de Calle 35 en nuestra nueva web y estar informados de todo lo que acontece en el colectivo en el blog, en la página de Calle 35 en Facebook y en nuestra cuenta de Twitter.

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