Ayer se llevaron a cabo las celebraciones del vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín. Muchos besos, cómo ha pasado el tiempo y que amigos somos todos ahora. Pero yo me pregunto: ¿Qué fue de los espías al día siguiente? Dudo que sus jefes les dieran referencias. No me imagino al señor espía contestando a la pregunta ¿y usted qué sabe hacer?
-Bueno, yo vigilo- le diría un tipo en gabardina al de recursos humanos.
¿Seguirán algunos en la misma ventana? Probablemente ahora sí se exciten al ver a la vecina en ropa interior. Antes no lo tenían permitido o así lo debían hacer notar en el informe. Lo de la mujer del César que no sólo debe ser honrada sino parecerlo. En mi última visita a Berlín todavía vendían pedacitos del muro, no ya del de la vergüenza, sino del de la cara dura. Cosas del birlibirloque de la mercadotecnia. Durante los últimos años se habían cruzado en mi camino algunos libros y no pocas películas con Berlín como protagonista. Dos de los ingredientes, los libros y el cine, que hacen que vea los lugares desde otro punto de vista: el mío, el que me interesa. De aquel Berlín quedan las huellas, el fetichismo a la venta en los puestos de la Isla de los Museos y un par de nostálgicos de la época. En cuanto a las localizaciones las tenemos de dos tipos: las que aparecen en las guías de turismo convertidas en iconos o imanes para la nevera y los escenarios reales donde se libró la Guerra Fría. La Puerta de Brandenburgo, el Check Point Charlie, la Potsdamerplatz, la torre de Alexanderplatz o el muro ilustran portadas de periódicos y revistas de viajes en estos días. El cuartel general de la Stasi no. Normanenstrasse, 22 (Tempelhof). Esa es la dirección de los que estaban en todas partes. Literal. Se cree que, de un modo u otro, una cuarta parte de la población de la RDA tuvo relación con la Stasi, bien como empleados oficiales o como Inofizziell Mitarbeiter, una suerte de vecino de cara amable al que el rencor, la envidia o el miedo les ponía traje de confidente. Una gran parte del buen hacer en las relaciones humanas se basa en la confianza. ¿En qué se podían sostener, más que en la mentira, las relaciones entre los habitantes, entre las parejas, entre los iguales de la RDA? Comunismo casi perfecto, control total de la sociedad. Ya pensamos nosotros. Markus Wolf fue uno de los trabajadores oficiales de la Stasi. El hombre sin rostro inspiró a Le Carré para la novela El espía que surgió del frío, además de formar parte del grupo “Los Romeos”, que utilizaban la seducción para alcanzar sus objetivos. Por su lado, el NKVD tuvo su base de operaciones en el barrio de Karlhorst, concretamente en el Hospital de San Antonio y los espías militares soviéticos de la GRU en el barrio de Wünsdorf. Los británicos operaron desde la plaza Fehrbelliner hasta que los jefes de James Bond ocuparon el Estadio Olímpico que vio correr a Jesse Owens. Los americanos fueron a parar al Instituto de física Kaiser Wilhelm, que dirigiera en su día Albert Einstein. Dos acepciones bien diferenciadas para el término inteligencia. Tiendas de lujo, lounges y restaurantes ocupan hoy la Friedrichstrasse, hasta 1989 el punto fronterizo más concurrido. El control al que se sometía a los berlineses en el edificio anexo y las complicadas despedidas dieron en llamar al lugar el Palacio de las lágrimas.
En cuanto a los libros o películas que me ayudaron a conocer la ciudad, aquí va la lista totalmente personal y subjetiva.
LIBROS
Hay varios libros de Len Deighton con la ciudad de Berlín como fondo. Cualquiera de las novelas que tienen como protagonista a Bernard Samson nos pueden acercar o ayudar a comprender los “juegos de espías”.
De las novelas de Le Carré recomendaría El espía que surgió del frío.
Y mi preferido es Berlín Alexanderplatz de Alfred Döblin.
PELÍCULAS
No me cansaré de ver una y otra vez Good bye Lenin, de Wolfgang Becker.
La vida de los otros de Florian Henckel es una película excepcional que narra lo que fue la Stasi.
El cielo sobre Berlín de Wim Wenders.
Berlín occidente de Billy Wilder.
Más comercial encontramos Spy Game de Tony Scott con algunas escenas ambientadas en la ciudad.
CURIOSIDADES
Es posible recorrer la ciudad por el entramado de túneles subterráneos. Más información en berliner-unterwelten.de
Para los nostálgicos de los Trabant, trabi-safari.de propone conocer la ciudad montado en uno de esos coches de fenoplast. Además sin esperas. Los habitantes de la RDA que querían uno se apuntaban en una lista de espera y tras diez años tenían la posibilidad de adquirirlo por unos 10.000 marcos.