¿Qué fue antes el huevo o la gallina? La pregunta me viene rondando después de haber repasado algunas de las películas que más me han gustado. La revisión la hice buscando similitudes entre el tipo de encuadres y tratamiento de la luz que se hacía en esas películas y el trabajo de los fotógrafos que más me gustan, entre aquellos que supongo que de un modo u otro marcan mi modo de enfrentarme a la imagen, a la vida. Y lo cierto es que los he encontrado a todos en el cine que me gusta. Supongo que inconscientemente te acaba atrapando un tipo de lenguaje visual indiferentemente del arte que lo plasme. Ahora bien, ¿tomaron referencia los cineastas y los directores de fotografía? ¿Fue al revés? O simplemente “hablan” lenguajes parecidos.

Es inevitable que vea a los extravagantes protagonistas de las fotos de Martin Parr en las películas de Aki Kaurismäki, aunque también aparezcan pinceladas fugaces del uso del color de Alex Webb, mucho más presente en las películas de Wong Kar-Wai. Quizás no en la más conocida y de las mejores en mi opinión, hablo de In the mood for love. Veo más presente el color de Alex Webb y sobre todo de David Alan Harvey en Fallen Angels. En la película del coreano aparecen fotogramas que podrían estar en el libro Divided Soul. La fotografía de Ed Kashi se nota en películas como Cometas en el cielo, también algo de la de Steve McCurry, más presente en algunas escenas de Cerezos en flor de Doris Dörrie y de principio a fin en la filmografía de Deepa Mehta. A Richard Kalvar le reservo Down by law de Jim Jarmusch. La ironía, Roberto Benigni hablando de los conejos… pura estética Kalvar. Por último, para no extenderme, el uso que hace Krzysztof Kieślowski de las dominantes queda para Tino Soriano.

Acompañan la entrada unos fragmentos de In the mood for love y su banda sonora.


Ayer se llevaron a cabo las celebraciones del vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín. Muchos besos, cómo ha pasado el tiempo y que amigos somos todos ahora. Pero yo me pregunto: ¿Qué fue de los espías al día siguiente? Dudo que sus jefes les dieran referencias. No me imagino al señor espía contestando a la pregunta ¿y usted qué sabe hacer?
-Bueno, yo vigilo- le diría un tipo en gabardina al de recursos humanos.
¿Seguirán algunos en la misma ventana? Probablemente ahora sí se exciten al ver a la vecina en ropa interior. Antes no lo tenían permitido o así lo debían hacer notar en el informe. Lo de la mujer del César que no sólo debe ser honrada sino parecerlo. En mi última visita a Berlín todavía vendían pedacitos del muro, no ya del de la vergüenza, sino del de la cara dura. Cosas del birlibirloque de la mercadotecnia. Durante los últimos años se habían cruzado en mi camino algunos libros y no pocas películas con Berlín como protagonista. Dos de los ingredientes, los libros y el cine, que hacen que vea los lugares desde otro punto de vista: el mío, el que me interesa. De aquel Berlín quedan las huellas, el fetichismo a la venta en los puestos de la Isla de los Museos y un par de nostálgicos de la época. En cuanto a las localizaciones las tenemos de dos tipos: las que aparecen en las guías de turismo convertidas en iconos o imanes para la nevera y los escenarios reales donde se libró la Guerra Fría. La Puerta de Brandenburgo, el Check Point Charlie, la Potsdamerplatz, la torre de Alexanderplatz o el muro ilustran portadas de periódicos y revistas de viajes en estos días. El cuartel general de la Stasi no. Normanenstrasse, 22 (Tempelhof). Esa es la dirección de los que estaban en todas partes. Literal. Se cree que, de un modo u otro, una cuarta parte de la población de la RDA tuvo relación con la Stasi, bien como empleados oficiales o como Inofizziell Mitarbeiter, una suerte de vecino de cara amable al que el rencor, la envidia o el miedo les ponía traje de confidente. Una gran parte del buen hacer en las relaciones humanas se basa en la confianza. ¿En qué se podían sostener, más que en la mentira, las relaciones entre los habitantes, entre las parejas, entre los iguales de la RDA? Comunismo casi perfecto, control total de la sociedad. Ya pensamos nosotros. Markus Wolf fue uno de los trabajadores oficiales de la Stasi. El hombre sin rostro inspiró a Le Carré para la novela El espía que surgió del frío, además de formar parte del grupo “Los Romeos”, que utilizaban la seducción para alcanzar sus objetivos. Por su lado, el NKVD tuvo su base de operaciones en el barrio de Karlhorst, concretamente en el Hospital de San Antonio y los espías militares soviéticos de la GRU en el barrio de Wünsdorf. Los británicos operaron desde la plaza Fehrbelliner hasta que los jefes de James Bond ocuparon el Estadio Olímpico que vio correr a Jesse Owens. Los americanos fueron a parar al Instituto de física Kaiser Wilhelm, que dirigiera en su día Albert Einstein. Dos acepciones bien diferenciadas para el término inteligencia. Tiendas de lujo, lounges y restaurantes ocupan hoy la Friedrichstrasse, hasta 1989 el punto fronterizo más concurrido. El control al que se sometía a los berlineses en el edificio anexo y las complicadas despedidas dieron en llamar al lugar el Palacio de las lágrimas.

En cuanto a los libros o películas que me ayudaron a conocer la ciudad, aquí va la lista totalmente personal y subjetiva.

LIBROS

Hay varios libros de Len Deighton con la ciudad de Berlín como fondo. Cualquiera de las novelas que tienen como protagonista a Bernard Samson nos pueden acercar o ayudar a comprender los “juegos de espías”.
De las novelas de Le Carré recomendaría El espía que surgió del frío.

Y mi preferido es Berlín Alexanderplatz de Alfred Döblin.

PELÍCULAS

No me cansaré de ver una y otra vez Good bye Lenin, de Wolfgang Becker.
La vida de los otros de Florian Henckel es una película excepcional que narra lo que fue la Stasi.
El cielo sobre Berlín de Wim Wenders.

Berlín occidente de Billy Wilder.

Más comercial encontramos Spy Game de Tony Scott con algunas escenas ambientadas en la ciudad.

CURIOSIDADES

Es posible recorrer la ciudad por el entramado de túneles subterráneos. Más información en berliner-unterwelten.de
Para los nostálgicos de los Trabant,
trabi-safari.de propone conocer la ciudad montado en uno de esos coches de fenoplast. Además sin esperas. Los habitantes de la RDA que querían uno se apuntaban en una lista de espera y tras diez años tenían la posibilidad de adquirirlo por unos 10.000 marcos.

nov 092009

DAR AL PLAY MIENTRAS SE LEE EL POST, POR FAVOR

Días atrás se han cumplido sesenta años del estreno de la película El tercer hombre, probablemente la mejor que ha dado el cine británico. Es inevitable que piense en la cítara de Anton Karas cada vez que me acuerdo de la película. En mi último viaje a Viena me dediqué a recorrer los escenarios de la película, rodada en parte en estudio en el Reino Unido, pero con las localizaciones exteriores hechas en una Viena de posguerra, dividida en cuatro sectores.
El guión de la película fue un encargo realizado por el productor Alexander Korda a Graham Greene, el escritor que sonaba a cubitos de hielo en un vaso de güisqui, al tambor de una pistola jugando a la ruleta rusa y que consiguió que sus novelas supieran a hostia consagrada y gota de sudor resbalando por la frente.
Pero sin duda, el gran artífice del éxito de la película es el siempre histriónico Orson Welles. El de Wisconsin consiguió que mucha gente olvidara que el director de la película fue Carol Reed. Aunque creo que el gran mérito de Welles fue lograr la ascendencia del mal sobre el bien. El magnetismo de su personaje, Harry Lime, acaba eclipsando al personaje protagonista, el escritor de novelas baratas Holly Martins. Algunas de las escenas de la película están entre las más recordadas del haber cinematográfico; La metáfora del gato huyendo que sólo quería a Harry, la aparición de Harry Lime en el portal, la persecución por las alcantarillas de Viena (que tanto recuerda a la escena del Othello de Welles en la Cisterna portuguesa de El-Jadida) o el diálogo en la noria del Prater. Y el final… ese final. Yo quiero que las mujeres me despechen como lo hizo una guapísima Alida Valli, guapa como sólo podían ser las actrices del blanco y negro.
Para el recorrido por la Viena de El tercer hombre iba a tener el guión de mi buen amigo Alonso Ibarrola y como guía a un fetichista Gerhard Strassgschwandtner, el mayor coleccionista de objetos relacionados con la película y que regenta el Museo El tercer hombre en la capital austriaca, con objetos tan interesantes como la cítara original de Anton Karas, un proyector Ernemann 7b con el que se proyectó la película en el estreno o grabaciones de Schellack.

Algunas curiosidades:

De todos los protagonistas de la película sobrevive el niño Herbert Hablik, Hansel en la película. Regenta un estanco concedido por el ayuntamiento tras el accidente en una tarde de baño en el Danubio que le dejó postrado en una silla de ruedas.

En los créditos de la película aparecen nombre y apellido de todos los actores, pero no de la actriz que aparece como Valli.

La famosa frase en la noria del Prater es errónea. La frase, que parte de una improvisación de Orson Welles decía: “En Italia, en treinta años de dominación de los Borgia hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel Angel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor y fraternidad, 500 años de democracia y paz. ¿Y qué tenemos? El reloj de cuco.”
El reloj de cuco es un invento alemán y Welles mostró a posteriori su arrepentimiento por el error.

Anton Karas era un músico callejero cuando Carol Reed lo encuentra por las calles de Viena y decide que interprete el tema principal de la película.

ALGUNAS FOTOS

Sombra en el Museo El tercer Hombre

Portal donde vivía Harry Lime


Fotogramas oríginales en el Museo El tercer hombre



Portal donde aparece Harry Lime


Noria del Prater


Arboleda del cementerio parecida al lugar donde Alida Valli hace su sensual paseo de despedida

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