
Si Avilés tiene su Niemeyer y Oviedo su Calatrava, ¿qué queda para Gijón? Vamos a darle el punto de las actividades culturales. El proyecto de convertir el recinto de La Laboral en Ciudad de la Cultura ha acabado dando a ese antiguo hospicio el papel que merecía. La Laboral echó a andar como orfanato ilustrado. Ofrecía formación cultural, moral, profesional y patriótica, no necesariamente en ese orden, a los niños que la mina iba dejando huérfanos.


Más tarde, tras el despecho de Franco al ministro Girón, el complejo estuvo sumido en el olvido hasta que se convierte en centro de Formación Profesional y, en el año 2001, en Universidad. Conviene mirar con cariño el edificio y desprenderse de los prejuicios derivados de su primigenio uso, para darse cuenta de que La Laboral es una mezcla de chateau francés y plaza italiana con ínfulas. Su iglesia, desprovista de cruces y curas, semeja un panteón sin inquilinos. En la cafetería, en horas lectivas, los escolares juegan a las cartas. Las generaciones cambian, pero la baraja es sagrada. El proyecto de más envergadura llega en el 2007, con la transformación de La Laboral en una ciudad cultural. Las propuestas llenan cada uno de los espacios de eventos: exposiciones, conciertos, programación semestral de representaciones teatrales.



El resto de la ciudad tiene más de un paseo. A primera hora, la subida hasta El elogio del horizonte, toneladas de cemento con la firma de Chillida. Si te pones a uno de los lados del monumento, se alcanza a ver el Cantábrico de maravilla.




Dejamos atrás las sidrerías de Cimadevilla, para que vayan preparando mesas, terrazas y pinchos. Ya volveremos en otro momento, que a hora temprana la playa de San Lorenzo pide a gritos que la pises. Más tarde, cuando sea hora de abrir la primera botella de sidra, la playa se convierte en una especie de paraíso popular. No dejemos que la sidra nos impida ver el palacio de Revillagigedo, un primor de la arquitectura civil. Delante del palacio, encontramos una estatua de Don Pelayo con cara de aquí estoy por si acaso. Y el último brindis por Jovellanos -mi querido ilustrado que algún día merecerá una entrada-, que nació y vivió en Gijón.



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Asturias, lo dice todo el mundo




































Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.


