Quedan muy pocos días para que vuelva a suceder. Hablo de la emoción de emprender un gran viaje, de las horas previas en las que echas un último vistazo al mapa, decides qué títulos de la librería se vienen contigo, haces limpieza general del equipo fotográfico y te aseguras de que llevas todos los cargadores, tarjetas y demás contigo. Voy a un destino familiar, vuelvo a Tailandia. Volveré a sentir esa bofetada de calor al bajar del avión. Es extraño, pero cuando estoy empapado en sudor, intentando dar bocanadas, casi mordiscos al aire caliente para tratar de respirar, y camino por las calles de una ciudad como Bangkok, me siento a gusto. Llega #AcademiaTailandia, el concurso que revolucionó las redes sociales hace algunas semanas cuando Turismo de Tailandia a través de Blueroom, su representante en España, anunció que dos personas acompañarían a dos periodistas de viajes a viajar por el país. Vuestra respuesta fue fabulosa. La decisión final fue muy complicada, pero estoy convencido de que se ha escogido adecuadamente. Las dos ganadoras, Cristina Fernández que viajará conmigo y Azahara Vico que lo hará con Ángel Martínez Bermejo, demostraron tener ingenio y sentido del humor durante toda su participación, no sólo durante el desarrollo de la campaña en las redes sociales sino también en estos días previos al viaje. En Tailandia vamos a competir con bloggers de diferentes países para ver quién es el mejor viajero social, quién utiliza mejor las redes sociales (Twitter, Instagram y Facebook) para contar el viaje. El programa es muy variado. Vamos a visitar Ayutthaya tanto en barco como en bici, veremos cómo fabrican los cuchillos Aranyik y las espadas, comeremos en el Mercado Central de la antigua capital, haremos una excursión a lomos de un elefante, asistiremos a una demostración de artes marciales y lucha con espadas en el palacio Chantharakasem, me subiré a un ring para tumbar a mi oponente en un combate de Muay Thai y acabaremos en Bangkok, paseando por las calles de la frenética capital del país.
A partir del próximo sábado día 30, podéis seguir el viaje a través de los hashtags #Thaitales y #miracle
El martes día 5 acaba el plazo para participar en Academia Tailandia. Así que todavía tienes tiempo de optar a venirte conmigo de viaje a Tailandia. Sólo tienes que apuntarte. Ahora, el listón está muy alto. Mirad lo que está haciendo la gente por #AcademiaTailandia.
Se han tatuado mi nombre
Han utilizado rituales y magia negra
Han llenado su ordenador de post-it, tal como se hacían las cosas antes de la App Notas
Tienen la maleta preparada desde el primer día
Han abusado de sus amigos, del farmacéutico (por cierto, no se necesitan vacunas) y hasta de la frutera.
Han coaccionado a sus mascotas (pero me consta que no han sufrido ningún daño)
He recibido a amenazas
Sí, mi rival también ha recibido cartelitos.
Lo dicho, te quedan unos días para ser tú. ¿Te vienes?
El reto de hoy es fácil: vamos a ver qué conoces de Bangkok. A continuación puedes ver 10 fotografías de importantes lugares en la capital de Tailandia. ¿Cuántos reconoces? Cada fotografía vale un punto y aunque no sumen para ser el escogido en #AcademiaTailandia, puede ser divertido tratar de ganar el máximo número de quesitos en este Trivial fotográfico. Por el esfuerzo, te mereces una recompensa. Apúntate a Academia Tailandia y ven conmigo gratis a vivir unos días Thainess, descubriendo el modo de vida de los tailandeses.
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Durante los últimos días he estado haciendo una lista de cosas que no quiero hacer en Tailandia cuando viaje para #AcademiaTailandia. Pero poco a poco las he ido tachando de la lista, porque al final sí volveré a abusar del picante, que me encanta, sí volveré a subir en elefante aunque la última vez casi me voy al suelo. Y sí me calzaré unos guantes para darle lo suyo a cualquiera que me rete a un combate de Muay Thai. Así que todo se resume en una sola cosa por la que no estoy dispuesto a pasar. Así que no insistas. No pienso hacerme la clásica foto saltando, haciendo posturitas o imitando el saludo thai. Por ahí no paso. Y espero que tengas la decencia de no pedirme que te haga una foto de esa clase. Por supuesto, tampoco posaré como las rusas, hasta ahí podíamos llegar. Tengamos la fiesta en paz. Si firmas conmigo este pacto de no agresión, ve corriendo a este enlace y me escoges para viajar a Tailandia. Como veréis los próximos días, no es tan fiero el lobo o el fotógrafo viajero como lo pintan…
Este es un post de aviso a todos los que pretenden venir conmigo a #AcademiaTailandia. Lo que a continuación viene es una lista de las cosas que me apetece hacer cuando vuelva a Tailandia. No sé si podré hacerlas todas, pero esto es como los deseos de inicio de año: me pongo a dieta, voy al gimnasio y todo eso rollo.
Podría haber muchas más, pero vamos a ir poco a poco. Seguro que con ganas podemos hacer la mayoría de ellas. ¿Me acompañas?
-Entrar en un templo para ver a la gente inmersa en sus oraciones. Te sientas en el suelo, hueles, miras, te relajas viendo cómo la gente junta las manos y agacha la cabeza, cómo tiran los palillos de la buena fortuna en un templo chino, encienden incienso o dejan flotar una flor de loto.

-Ver el modo de vida tradicional del thai. Fisgar por una rendija, aceptar la invitación que seguro nos harán a su casa, ver que sin ningún tipo de complejo se dan un baño en la calle. Alucinar al verlos sentados en cuclillas, sobre sus talones. Intentar sentarte así y caerte de espaldas o, en el mejor de los casos, aguantar 26,5 segundos.

-Parar en un puesto callejero de comida y probarlo absolutamente todo. Puestos en los que puedes comer (muy bien) por una par o tres de euros.

-Quedarme embobado viendo como el aire mece un conjunto de farolillos en papel. Eso sí, embobado pero con una cerveza Singha bien fría en la mano.

-Ver pasear a los monjes budistas entre los ¿cientos? ¿miles? de templos que hay repartidos por el país. Sentarme a su lado para charlar con ellos. Lo siento, pero si mi acompañante es una chica tendrá que sentarse enfrente.

-Alucinar con la paciencia y la virtud con la que elaboran artesanía: empiezan dando vueltas a un capullo de seda, pintando paraguas y acaban construyendo templos con palillos. Bueno, con palillos no, con teka. Como el Santuario de la verdad en Pattaya.


-Comprar gasolina en una botella de licor para echársela al depósito de una moto que puedes alquilar desde tres o cuatro euros al día. Darle gas y recorrer los caminos del país sin rumbo cierto.

-Subir en un tuk.tuk. Algunos conductores están como cabras, son verdaderos pilotos sorteando las dificultades del tráfico en Bangkok. Recordar que hay que regatear hasta la extenuación, intentarán siempre cobrarte de más. Eso nos pasa por ser farangs. Vamos, lo que viene siendo un guiri.

-Subir corriendo las escaleras de uno de los rascacielos de Bangkok para ver el río Chao Phraya serpentear a su paso por la ciudad. Luego, bajar corriendo para ver ese tópico que no se debe utilizar nunca, digo nunca, en periodismo de viajes: ciudad de contrastes. Decía bajar corriendo hasta Chinatown para perderse entre sus callejones y volverse loco con el olor a comida. Si el rascacielos es alguno de los garitos más de moda en la ciudad como el Sky Red del Centara o el Sky Bar del Lebua, subir en el ascensor para guardar las formas.

-Pensabas que me olvidaba del masaje, ¿eh? Pues no. Para finalizar, darme un masaje tailandés (son expertos, su pericia en el arte se exporta a todo el mundo) antes de volver a casa como nuevo. Será más que obligado si me atizan algún guantazo en el combate de Muay Tahi que veremos.
Por cierto, el miércoles publicaré las cosas que NO estoy dispuesto a hacer en Tailandia. Lo dicho, a que esperas para venirte a #AcademiaTaillandia.


































Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.


