Si geográficamente las cuencas mineras son la columna vertebral de Asturias, sin duda lo fueron durante muchos años en lo económico. Fue una época en la que Asturias abría con demasiada frecuencia los informativos de la cadena única. De la cuenca del Nalón salía un tercio de todo el hierro producido en España, con todo lo que ello acarreaba. Se necesitaba el carbón como combustible y para ello hubo que perforar las entrañas de una tierra que en su exterior continuaba ofreciendo su cara más amable: la de los verdes y ubérrimos paisajes asturianos. Tomaron agua del Nalón a voluntad, y ahí sigue firme el río que da nombre a la cuenca. La factoría del riojano Pedro Duro dio trabajo a miles de personas, nacieron pueblos de la nada para atender las necesidades de los trabajadores y había ventajas para los mozos en edad de servicio militar que solicitaran trabajo en la zona.

Luego llegó la gran huelga de 1932-33, y aunque para Gerald Brenan fuera la más obstinada y heroica de las huelgas españolas, esa idea tan romántica no puede ocultar que de aquellos polvos vinieran unos lodos de amargo recuerdo. Con la reconversión industrial de los años 80, la siderurgia y la minería van desapareciendo paulatinamente. Con aquellas instalaciones se ha hecho lo mejor que se podía hacer: mostrarlas a la gente. Acercarse a aquella realidad, pasear por sus paisajes para conocer los bosques que durante tanto tiempo no dejó ver el árbol de la industria pesada y, ¿por qué no?, rendir homenaje a los esfuerzos, sudor y lágrimas de toda la gente que pasó por allí. En el interior de la torre de refrigeración de la fábrica de La Felguera han encontrado sitio para el Museo de la Siderurgia (MUSI), complementado con la visita a una de las viviendas sociales de la época.

La casa es de las conocidas como vivienda higiénica, es decir, que tenía lavabo. Por lo tanto pertenecía a un trabajador con algún cargo de relevancia. Traspasando el umbral de la casa, es fácil trasladarse a la época en la que tuvo moradores. Escuchar el ruido de la bacinilla en mitad de la noche, las celebraciones con percusión de botella de anís La Asturiana, cantando villancicos con la alegría que daba el haberla vaciado primero; el olor a puchero en los fogones, el pan y la leche a primera hora en la puerta. Nuevamente paseo por la infancia, ya me perdonaréis, es inevitable. Si viajáis alguna vez a Asturias lo entenderéis enseguida.

En la localidad de El Entrego está el Museo de la Minería (MUMI), pero como siempre procuro dejar cosas pendientes cuando paso por Asturias, será en otra ocasión cuando me acerque. Sí que di un paseo por el pueblo de Entralgo, pasando por delante de la casa de Armando Palacio Valdés y recordé el garbeo que se dieron sus páginas por esta zona, en La aldea perdida. El autor va haciendo equilibrios por la cuerda del realismo, dando bandazos hacia una suerte de esperpento amable, idealizando la vida en el campo, casi equiparándola a Arcadia, y advirtiendo de los peligros del ogro de la industrialización. Interesante novela para situarte y conocer cómo se vivieron los cambios en las aldeas rurales tras la llegada de la industria.

Como el proyecto del tren turístico, que va a recorrer en parte de su trazado el interior de una galería, no está aún terminado -vamos a ver si con un empujón para el 2012-, me fui a lo que será el final del recorrido: la salida en una jaula por el pozo San Luis. Y como la cabra tira al monte, el olor del asado a la estaca que estaban preparando, dio con mis huesos, y los de mis compañeros de ruta, en el chigre de Xoaquina para tomar unas sidras.

Más información sobre Asturias y su patrimonio industrial en el siguiente enlace:

Asturias, lo dice todo el mundo

Tweet
© 2010 RAFA PÉREZ - Todos los derechos reservados Suffusion theme by Sayontan Sinha
Content Protected Using Blog Protector By: PcDrome.