La localidad de Jaffa pasa por ser uno de los puertos más antiguos de los que se tiene constancia. Lejos de quedar a la sombra de los rascacielos de Tel Aviv, es su complemento, con personalidad propia y muy bien definida. El yin que todo yang, léase gran ciudad, necesita para equilibrar los aires que da el cosmopolitismo. La localidad forma, junto con la gran urbe, el municipio Tel Aviv-Yafo.
Que sí, que también Alejandro Magno, el cruzado, el sarraceno y Napoleón estuvieron por aquí, pero esos ya han tenido bastante protagonismo en otras entradas. No puedo, sin embargo, obviar algunos episodios mitológicos ocurridos en la pequeña Jaffa. Jonás salió de su puerto para encontrarse con la ballena, Pedro tuvo su visión cerca de la ciudad para ponerse a convertir gentiles sin parar, y Casiopea era reina de Jaffa cuando tuvo lugar el episodio de la lucha de Perseo con el monstruo marino para liberar a Andrómeda. Hago aquí un inciso y me traslado a cualquier lugar con ausencia de contaminación lumínica para aconsejaros que en las noches de verano os tumbéis al raso para contemplar las constelaciones de Perseo y Casiopea, dos de las más fáciles de identificar.
Jaffa tiene ese punto de fuerte carácter que dan los modales arrabaleros. No en vano, a mitad del pasado siglo tuvo reputación de ciudad del crimen. Con el tiempo, como ha ocurrido en otros antiguos barrios marginales de las más variopintas ciudades, Jaffa ha sufrido una acusada gentrificación, termino mucho más cool que el aburguesamiento al que nos remite nuestro diccionario. Resulta que ahora esos son los barrios de moda, tras el abandono de las casas por propietarios cansados de hacer reformas, entra con todo cualquier cosa parecida a una vanguardia para hacer todo el ruido posible.
En el tramo de paseo marítimo que conecta Tel Aviv con Jaffa, chavales de las tres, cinco, cien culturas juegan a ser Dios haciendo equilibrios en las barandillas. Curioso contraste, diferentes religiones con la misma forma de pavonearse ante los grupos de chicas adolescentes. Resulta también curioso ver cómo se mezclan los pescadores y una pareja de etíopes haciéndose fotos de boda, con chicos con el pantalón el pantalón demasiado bajo y artistas experimentales del más diverso pelaje. Los antiguos almacenes del puerto se han convertido en terrazas de moda, galerías de arte, lugares para dar rienda suelta a las nuevas tendencias en música y paredes tan cambiantes como el gusto del tipo que pinta el graffiti. Mucha actividad, demasiada, sobre todo al caer la tarde. Así que la visita a Tel Aviv y su complementaria Jaffa, mejor sin prisas.
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Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.


