El puerto de Cesarea Marítima llegó a tener más importancia que el propio Pireo. La ciudad portuaria fue fundada por el rey Herodes, el que mandó ejecutar a todos los niños menores de dos años que habían nacido en Belén. Su venganza al no serle desvelado por los Reyes Magos el paradero de Jesús, es conocida como la Matanza de los Inocentes. Aunque el episodio se data un par de días después de lo del oro, el incienso y la mirra, el calendario estableció el 28 de diciembre como el día para rendir homenaje a las víctimas. Habría que ver en qué punto del camino se perdieron las formas y el día acabó convertido en una coña.
El palacio de Herodes, piscina incluida, fue construido frente el mar. Esa obsesión por meter los pies de ladrillo en la orilla ha continuado hasta nuestros días. También encontramos aquí al cruzado y al sarraceno. La partida de cartas tuvo un primer póquer de Saladino y, como respuesta, una escalera de color de Ricardo Corazón de León.
En Cesarea se han encontrado restos de época romana, de los cruzados, bizantinos, de los árabes. También los genoveses llegaron por allí. Cada nuevo inquilino iba subiendo un poco más la altura del perímetro amurallado.
De entre la saturación de información de la que os hablaba en la introducción de las crónicas de Israel, van emergiendo episodios puntuales. El correspondiente a Cesarea habla del centurión Cornelius, el primer gentil convertido por el apóstol Pedro para la causa. En su momento de máximo esplendor, la ciudad contó con un anfiteatro para 15.000 personas, una acueducto que bajaba agua desde el monte Carmelo, un teatro dedicado a Poncio Pilatos y unos elegantes baños con un mosaico representando mujeres en la pared junto a la inscripción “Mujeres hermosas”. Tanta fue la importancia de aquellas construcciones, que la ciudad se convirtió en una suerte de Olimpo, de promesa a ingresar Harvard, de fichaje por el Madrid, y cuando alguien estaba trabajando bien se le decía que algún día llegaría a Cesarea.
Los genoveses, muy a principios del siglo XII, encontraron una pieza de cerámica verde y la hicieron pasar por el Santo Grial, aunque luego matizaran que era uno de los platos de la cena. De Santos Griales está el mundo lleno y hasta en Valencia tienen uno. La particularidad de este complejo arqueológico está en que cuenta con un parque arqueológico submarino, con sus placas indicadoras. Contando con los correspondientes permisos se puede bucear entre las ruinas de Cesarea. Un recorrido bastante más fresquito que el de la superficie, donde las altas temperaturas hacen que sea recomendable visitar el complejo temprano. Por si acaso, lo que hay al final del recorrido no es un espejismo sino una heladería. Bien ricos, tanto el helado como ese yogur congelado que desaparece bajo los toppings.
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Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.


