¿Es el mar Muerto uno de esos lugares a los que la gente va a hacerse la foto? Como en Pisa empujando la torre o en Agra cogiendo el Taj Mahal por la punta. ¿Qué ofrece el mar Muerto además de otra foto para la colección? ¿Qué podemos encontrar en un lugar en el que, aparentemente, la vida brilla por su ausencia? Aquí van unas pistas:

- Para los que gusten de esos datos, en el mar Muerto te puedes tomar la cerveza en el bar a menos altitud del mundo, en la playa de Kalia a 418 metros bajo el nivel del mar.


- La salinidad del mar Muerto es diez veces superior a la normal. Están imitando las condiciones del mar Muerto en balnearios y spas de todo el mundo porque dicen que media hora en una de esas cámaras de flotación equivale a ocho horas de descanso.

- Están estudiando un sistema para poder producir energía suficiente para cubrir las necesidades de Israel, Palestina y Jordania, con un proyecto que pretende traer agua del mar Rojo y mediante un sistema de caídas producir dicha energía. Aunque parece que este proyecto podría tener un gran impacto en la naturaleza. Lo que está claro que cambiaría la salinidad del agua.

- Es el depósito más grande del mundo de aluminio y magnesio, utilizados en las carrocerías de marcas de automóviles como Audi o Bentley.

- Está en claro retroceso debido a la perdida de caudal del río Jordán, el grifo que llena el mar Muerto. Para su recuperación, sería muy interesante que la Unesco lo declarara Patrimonio de la Humanidad. Se podría obligar a las empresas que extraen el material a utilizar métodos menos agresivos o, incluso, a dejar de hacerlo. Además de recuperar el caudal del río desviado, en muchos casos, por la mano del hombre.

- En las cuevas de Qunram se encontraron los Manuscritos del mar Muerto. Podéis leer toda la historia en estas interesantes entrada que publicaron en Viajes de Primera (primera entrada - segunda entrada).

Ahora vamos con la experiencia. Que sí, que yo también flotaba. La sensación de bañarte en el mar Muerto es extraña. Primero por el hecho de saber que estás a más de 400 metros bajo el nivel del mar, cuota poco comprensible para los que tomamos como referencia el ayuntamiento de Alicante para hablar de altitudes. Como telón de fondo tienes el desierto de Judea, por lo que crece la sensación de estar flotando en una suerte de oasis. Al entrar en el agua, lo primero que llama la atención es que el tacto es oleoso, denso.

Para disfrutar sin inconvenientes de un relajante baño hay que seguir unas sencillas instrucciones. Conviene entrar despacio en el agua, para evitar salpicaduras a otros bañistas. Mejor con unas chanclas o similar. La sal puede pinchar y producir heridas en los pies. Lo de echar sal en la herida no es ninguna broma. Una vez en el agua, hay que sentarse y tumbarse de espaldas, evitando en todo momento el contacto del agua con los ojos. Tampoco hay que tragarla, el sabor es horrible. Pero no un sabor de esos de mamá-la-sopa-está-salada, no. Un sabor realmente asqueroso. Tuve que hacer el correspondiente trabajo de campo para poder contarlo aquí.

Al salir, hay que darse una generosa ducha con agua dulce. De lo contrario, al evaporarse el agua queda la sal sobre el cuerpo y puede producir heridas en la piel. Las playas más visitadas son las de Kalia y Neve Midbar, con todos los servicios (duchas) para que la actividad se desarrolle en condiciones adecuadas.

Otra de las actividades que ofrecen en la zona son los paseos en 4X4 por el desierto de Judea. La nube de polvo que precede al vehículo queda en suspensión aumentando la sensación de calor y falta de aire. Circulamos por una zona que se atribuye a las antiguas Sodoma y Gomorra. El polvo que levantaba el vehículo nada tenía que ver con los acontecimientos sucedidos en la antigüedad. No encontré ni rastro de lascivia.

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He estado intentando poner en orden todas las notas y fotos que me traje de mi reciente viaje a Israel. ¿Qué supone viajar a Israel? ¿Qué hacer ante tal densidad de información? ¿Cómo procesarla? Apenas habían transcurrido dos kilómetros desde la salida del aeropuerto de Ben Gurion cuando el guía ya me había soltado los nombres de David, Sansón, Herodes y, claro, Jesús. Así, tal cual. Como quien da la alineación del equipo de turno.

Más tarde, cuando llegaba a la zona del mar de Galilea, ya tenía localizados en mi mapa los lugares del Triángulo de Jesús. Utilizaré el tono de quien habla de hechos históricos y no de milagros para contar que en un área relativamente pequeña pasó lo de los panes y los peces, se caminó sobre las aguas, separaron el mar y nació María Magdalena. Al llegar a Tiberia ya sabía que fue allí hasta donde llegó el camello que llevaba el cuerpo de Maimónides, el cordobés que murió en Egipto y pidió ser enterrado en Tierra Santa.

Para subir a mi habitación, en el piso 18, me metí por equivocación en uno de los ascensores del sabbath, que va parando en todas las plantas automáticamente porque la Torá dice que ese día no se puede modificar el estado de las cosas. Tras tirar las cosas encima de la cama, me pregunto: ¿Dónde estoy? La geografía me dice que en un lugar cuyo territorio es desierto en un 60 %, por lo que quedan 10.000 km² para que viva la gente. Los libros de Historia, incluyendo la Biblia, cuentan que allí tuvieron lugar algunos episodios claves, seas creyente o no, de la historia de la humanidad. Los que forjaron el carácter y el devenir, el modo de articular las vidas de millones de personas. Es para tomárselo en serio.

De momento, os dejo con el recorrido que hice. A partir del lunes iré desgranando -espero ser capaz- lo que viví durante esos días. Como os decía, empecé por el norte, por la zona de Galilea. Luego vino San Juan de Acre (Akko) y su mole templaria, el puerto de Cesarea construido por Herodes. También habrá sitio para Tel Aviv, una ciudad que quiere ser Nueva York, a ratos Londres, con la irreverencia de Amsterdam y la elegancia que el Art Decó y, sobre todo, la Bauhaus dieron a muchos de sus edificios. Y la pequeña Jaffa, que con su carácter de barrio vive ajena a las torres de oficinas que tiene enfrente y prefiere centrarse en sus bohemios, en la gente con ganas de tomarse una copa en las terrazas junto al puerto.

Si después de todo eso seguís aquí, sabréis si floté en el mar Muerto, conoceréis la brutal historia de Masada y llegaremos, finalmente, a Jerusalén. Desde Israel lanzaba un tweet en el que preguntaba por qué viajo. Sencillo. Viajo para perderme por lugares como la Ciudad Vieja de Jerusalén. El lunes seguimos.

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