El año pasado por estas fechas estaba viajando por Marruecos. Los días en que los musulmanes celebraban su fiesta más importante iban a coincidir con mi estancia en Marrakech. Pese a que a una señora le pareciera una mierda (sic) que las tiendas estuvieran cerradas por la Fiesta del Cordero, a mí me pareció un oportunidad estupenda para seguir aprendiendo cosas de la cultura de un país fascinante. (Este paréntesis no estaba previsto cuando preparaba esta entrada hace unos días, pero debido a los recientes acontecimientos debo añadir que con unos dirigentes que no se merecen)
Los barrios están estructurados en torno a cinco elementos: horno, baño público, escuela, fuente y mezquita. Llevaba un rato sentado en el horno del barrio de Ben Youssef cuando apareció un chaval que se presentó como Mustafa Chinani y explicó que venía a dejar el pan para cocer. Ese día había trabajo extra en el horno por la celebración de la fiesta. Muy temprano, había tenido la oportunidad de ver como en el patio de una casa tenían un cordero colgado, pero estaba por venir lo mejor. Mustafa se despidió de mí y al momento volvió a entrar en el horno. Me invitaba a ir a su casa.
Para la ocasión se había reunido toda la familia que, tras el rezo de la mañana, lo tenía todo dispuesto. Siguiendo el rito musulmán, con un cuchillo santo y la cabeza del animal mirando a la Meca, iban a ser sacrificados once corderos. Tras rezar unos versículos del Corán se da inicio a la fiesta que se prolongará durante dos días, llegando incluso a la semana de festejos en zonas del interior de Marruecos.
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La literalidad del silencio de los corderos ante la cámara. Tras degollarlos, utilizan una bomba de hinchar ruedas para introducir aire entre la piel y la carne del animal y poder despellejarlo mejor. A continuación se vacía y limpia el animal de toda la casquería con la que se harán los primeros platos, unos deliciosos pinchos de hígado recubiertos con grasa de las tripas.
Para no entorpecer digestiones no daré más detalles, pero se cocina absolutamente todo y el resultado es sabroso. El cordero queda colgado en el interior de la casa y lo van comiendo durante los siguientes días, ofreciendo una parte a la caridad.
Continuará…

Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.


Ver a los niños o a las mujeres con el pan sin cocer camino del horno en las medinas marroquíes me transporta a un pasado no tan lejano, que tuvieron que conocer bien nuestros abuelos. Gracias por el recuerdo.
Estupenda serie…estoy desando leer la siguiente entrada.
Paco, es una de las cosas que más aprecio cuando viajo a Marruecos. Intento trasladarme a la época en que nuestros abuelos llevaban el pan a cocer o sacaban agua del pozo.
Gracias, Javier.