Cuentan que el día del Juicio Final los habitantes de Capri que alcancen el paraíso apenas notarán la diferencia. Musa de literatos y cineastas, la isla ejerce de escaparate para los que convierten el arte de ser vistos en modus vivendi y tan sólo Ulises pudo escapar a los cantos de sirena de ese laboratorio del lujo. Hoy, las sirenas esperan a su Ulises bebiendo champagne en la terraza del Hotel Quisisana. Sirenas que, como decía Kafka, poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio.

Cuando las puertas del funicular se abrieron mi impaciencia se tradujo en empujones para salir corriendo hacia un objetivo claro. Como alma que lleva el diablo, mis piernas desobedecían a la razón y se apresuraban en llegar a la casa de Curzio Malaparte. La decepción fue mayor que la carrera. Vacío. El tejado estaba vacío. La imagen que siempre había asociado a Capri se desvanecía de repente. Brigitte Bardot ya no tomaba el sol en el tejado como lo hiciera en El desprecio de Jean-Luc Godard. Tampoco estaba el libro. Siempre quise saber qué letras eran las que apenas tapaban aquel terso culo, culmen de las ensoñaciones eróticas de mis generaciones precedentes.

La filmografía clásica ha tenido gran parte de culpa en la promoción de la isla. La piel de Liliana Cavani arranca con un Burt Lancaster que no se fía de la tranquilidad de Capri y donde los soldados sólo ven uvas, el cree adivinar teutones escondidos. Y en Capri, Clark Gable convirtió en memorables algunas de sus intervenciones. Su sentencia sobre la vida en pareja ha quedado para siempre en el Manual del perfecto canalla: «Cuando un hombre ha sido soltero tanto tiempo, el matrimonio no es de conveniencia ni una necesidad. Es sólo un medio para desgravar impuestos».

El primero en descubrir las bondades de este enclave en el Golfo de Nápoles fue Tiberio. El Monstruo de Capri, como lo llamó Suetonio, no fue el único apodo que se le conoció al gobernante que hizo de la lascivia bandera. Su plebe cambió la inicial para conocerlo como Biberius (borracho). No faltaban en sus habitaciones ejemplares del Elefántide y los jóvenes spintrias, maestros de la voluptuosidad, correteaban a sus anchas por sus dominios. Cual no sería el grado de degeneración que puso a Tito Cesonio Prisco al frente de una suerte de Ministerio de los Placeres. De su pasado por la isla quedan Vila Jovis y Vila Damecuta, dos de las doce villas que hizo construir.

La bandera que dejó plantada Tiberio la recogió el barón Jacques d´Adelswärd-Fersen. Huyendo de juicios pendientes en París da con sus perversiones en Capri donde construye Villa Lysis, guiño al diálogo platónico entre Sócrates y el joven Lisis que versaba sobre la amistad. Amori et dolori sacrum reza la entrada del lugar en el que se celebraron tardes de absenta y opio que dejaron en mera anécdota el episodio de Oscar Wilde en el Hotel Quisisana. Fiestas que siempre acababan en la sala de opio con bronceados efebos paseando desnudos entre columnas dóricas. Era una época en que a la muerte no le faltaba fantasía y le sobraban drogas, como la cocaína que acabó con la vida de Fersen y con su empeño de hacer de esa vida una obra de arte.

Tweet

Acabamos la anterior entrada de esta pareja de ciudades flamencas haciendo referencia al cine. En el puente de San Miguel, la sensación que se tiene es la de estar inmerso en un rodaje. Cuidados escenarios al frente y también en el viejo puerto. En los antiguos muelles de Graslei y Korenlei las luces de la tarde acarician el atrezo y la acción parece transcurrir a golpe de claqueta.

Tras el silencio se rueda, los extras entran en juego. Una pareja de guapos sentados en el borde del canal ríen a carcajadas, el camarero llega con otra ronda de cervezas y, con gestos que parecen nacidos de la casualidad, una chica pasea a dos dálmatas junto a un tipo con pinta de estudiante que aparca su bicicleta. Mientras, en el embarcadero, una pequeña barca de madera suelta amarras a la par que un joven enamorado saca notas de su saxofón.

Tras rodar la escena, toca asueto en los locales de Patershol, el barrio de trazado medieval que concentra buena parte de los locales candidatos a ocupar páginas en una revista de tendencias. La transformación del barrio es proceso conocido: primero, la gente va abandonando progresivamente las casas y apenas tres décadas después, el aspecto de arrabal es considerado cool y el barrio se transforma en laboratorio de bohemios, en tejedores de sueños en referencia al antiguo gremio que ocupó Patershol.

La condición de ciudad universitaria hace que los estudiantes siempre encuentren motivos para anochecer en el barrio y dar sentido al Gante nocturno, el que recibe premios de Phillips -que algo sabe de luces- por su iluminación.

Pese a que Eduardo Marquina dijera que En Flandes se ha puesto el sol y Verhaeren llamara a los flamencos bebedores de lluvia y fumadores de bruma, me fui con ganas de ver las ciudades flamencas entre esa bruma, tal como mi imaginario creyó que fue Flandes en tiempos de los tercios o cuando orondas mujeres se dejaban pintar por Rubens. El sol, ese que no se ponía en España, tampoco lo hizo apenas en los días que pasé en Brujas y Gante.

Y aún quedaron en el tintero más de mil cuadros de Rubens, los Brueghel viejos y jóvenes, Rilke y Verhaeren que llevaron a Flandes en sus versos; Malinas, Amberes, los universitarios de Lovaina, el chocolate (imperdonable olvido) y la cerveza fría. Pero eso da para otro viaje.

Aquí tenéis los enlaces a las anteriores entradas sobre las ciudades flamencas de Brujas y Gante: Brujas y Gante_parte 1 , Brujas y Gante_parte 2 y Brujas y Gante_parte 3

Más información sobre Brujas y Gante en el siguiente enlace:

Turismo de Flandes

Tweet

Acabo de llegar a un nuevo destino del concurso ¿Dónde está Rafa?

Os recuerdo la dinámica del concurso. Hasta final de mayo voy a recorrer más de 50.000 kilómetros. Para mantener el contacto con todos he pensado organizar el concurso ¿Dónde está Rafa? Iré dando 3 pistas para cada destino (7 a día de hoy - he añadido uno más) y tendréis tiempo de responder hasta que vuelva de cada uno de ellos. A final de mayo, el que haya acertado más destinos (en caso de empate se contará la rapidez en la respuesta) ganará 3 fotografías de mi trabajo en 20X30. El ganador podrá escoger entre una serie de 3 imágenes del trabajo en Marruecos o de 3 de mi lado street que podéis ver en Calle 35.

El primero de los destinos fue San Cristóbal de la Laguna

La región de Auvernia fue el segundo.

 

Estas son las pistas para el tercero:

Me voy a encontrar con el periodista más famoso del mundo, aunque casi nadie sabe nada de sus artículos

He visto a algunos lugareños miccionar en la calle ante la policía y no han sido multados

En largas tardes de horas verdes, algunos vieron acrecentado su malditismo.

Tenéis tiempo de dejar vuestra respuesta hasta el próximo sábado día 30 a las 23.59. Está activada la moderación de comentarios. Por el sistema de puntuación (2 puntos al acierto del destino y uno extra por ser el primero) todo puede cambiar en los cinco destinos que quedan en juego. La clasificación provisional está de la siguiente manera:

José Rojas - 6 puntos
David Suñol - 4 puntos
Antonio Vela - 4 puntos
Ángel Martínez Bermejo - 3 puntos
Marcelo Aurelio - 3 puntos
Yvonne - 2 puntos
Xavi Piera - 2 puntos
Pilar Martín - 2 puntos
Jordi Busqué - 1 punto
Succubus - 1 punto
Meteopallars - 1 punto
Manuel Bustabad - 1 punto

Tweet

Al darse una vuelta por Brujas uno se da cuenta de la ligereza con que ponen algunos los motes turísticos, delicuescentes apelativos: la Venecia del Norte. Y se quedan tan anchos. Navegando por la red salen, sólo en la primera página de resultados, media docena de ciudades distintas así bautizadas por obra y gracia de la poca o nula originalidad. ¿En Brujas hay canales? Cierto. Hasta aquí las similitudes. Muy temprano, las campanas animan a empezar el día. El sonido de las ruedas en los adoquines avisa de la llegada de las bicicletas y, a ritmo constante, simulando una especie de time-lapse, todo el mundo va ocupando su lugar: el tendero, la chica que prepara gofres, el cochero y los turistas. Al cabo de un rato, la necesidad de poner todo en pausa me lleva hasta los jardines del museo Groeninge y luego al interior de la pinacoteca con su colección de primitivos flamencos. Seis siglos después de aquellos cuadros, y del primer sistema de especulación en bolsa, sería interesante ver a la familia Van der Beurze (de ahí el nombre de Bolsa) bajar al parqué y comprobar la que habían liado con el Dow Jones y el Ibex.

Nos vamos a Gante, la ciudad con todo en su sito. Bueno, todo menos Los jueces justos de la Adoración del cordero místico de los hermanos Van Eyck, que llevan varias décadas fuera de su juzgado. El robo de la tabla del políptico ha alimentado toda suerte de especulaciones. Volviendo a los libros, me quedo con ese intercambio que imaginó Albert Camus en La caída: el cuadro por un vaso de ginebra. Ese es el trato que alcanzó un infeliz dipsómano, precisamente juez, en un tugurio infecto de Ámsterdam. Argumento con un punto de cine negro más apetecible que la historia real, la que cuenta que el ladrón se llevó el secreto a la tumba en un repentino ataque al corazón.

El políptico también lo robaron los alemanes para nutrir aquel museo soñado por Hitler para su megalópolis de la cultura en la ciudad de Linz. El proyecto no se llevó nunca a cabo y la pintura apareció, acompañada de otras obras maestras, en las minas de sal de Altausee, en Austria.

Tenía pendiente hablar de Carlos V que nació, de una mala digestión, en el Palacio de Ten Walle. Del lugar no se conserva más que una maqueta, por lo que si hay ganas de castillo habrá que visitar, a orillas del río Lys, el Castillo de los Condes (éste sí entero). Siguiendo con Carlos V, llegamos a la Catedral de San Bavón (la del cordero) donde fue bautizado. Pero aquí no acaban las correrías del Emperador o Rey, según si aquí o allí. Quién sabe si el hecho de que decapitara a unos e hiciera desfilar con una soga al cuello a otros fue a causa de otro ardor. No en vano, el monarca gustaba de mezclar el jamón con esa mostaza que hace saltar las lágrimas -aunque deliciosa, no pude evitarlo- tan típica de Gante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El hecho es que cada 3 de mayo los habitantes de la ciudad salen de nuevo a la calle para recordar el trágico acontecimiento pero con el consecuente punto lúdico que confiere la distancia en el tiempo. Presentado el actor principal, en la próxima entrada vamos con el escenario de la película.

Las fotos de esta entrada corresponden a la ciudad de Gante. Para ver fotos de Brujas podéis visitar las anteriores entradas: Brujas y Gante_parte 1 y Brujas y Gante_parte 2

Más información sobre Brujas y Gante en el siguiente enlace:

Turismo de Flandes

Tweet

La visita a Brujas puede y debe empezar por sus plazas. Una de ellas, la Plaza del Burgo, es una suerte de maqueta que encierra una lección de Historia, también de arquitectura, de casi siete siglos. Maqueta a la que no le falta ninguna pieza: ahí está su Ayuntamiento, el Palacio de Justicia y hasta tiene su iglesia con reliquia. De la visita a la Basílica de la Santa Sangre surge la inevitable pregunta: ¿Cuántos litros de la sangre de Jesucristo, trozos de Vera Cruz o Santos Prepucios corren por el mundo?

 

La reliquia fue traída por uno de aquellos hombres que marcharon a las Cruzadas dejando a sus mujeres en unos beaterios que se arrogaban la potestad de ser salvadoras de almas, es decir, de proteger a las mujeres del calor y el vicio de la luz roja, los marineros y la gonorrea. Adaptándose a los tiempos, algunos de los beaterios con eterno parecido a jardín terrenal ofrecen visitas previo pago de un par de euros y con final en una tienda de recuerdos donde el tiempo y la paciencia tienen forma de encajes de bolillo. El de Brujas está entre los que fueron reconocidos por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

Desde la Plaza del Burgo, el recorrido lógico ha de llevarnos, tras pasar el Arco del Asno Ciego -pobre, además de burro- a la Plaza de Curtidores y de allí al Muelle del Rosario, uno de esos lugares donde no pasa un segundo, tanto de día como de noche, sin que escuchemos el clic de una cámara de fotos. ¿Aún más plazas? Queda la Plaza del Mercado con sus casas gremiales, Hallen (el antiguo mercado cubierto) y la torre Belfort, con tantos escalones como días en año bisiesto.

Como pincelada histórica y repaso a la monarquía, decir que la plaza resultó de infausto recuerdo para Maximiliano I que estuvo preso en una de sus casas, aunque no se llevaría mejor recuerdo del resto de la ciudad: su mujer, María de Borgoña, murió en Brujas al caer de un caballo, si bien es cierto que antes tuvieron tiempo de tener a Felipe I el Hermoso, que les dio, junto a nuestra Juana la Loca, a su nieto Carlos V del que hablaré cuando llegue a Gante.

Los caballos siguen paseando por la ciudad aunque hayan perdido el aspecto de corcel de tapiz flamenco, en referencia al jocoso lance con Clavileño y Don Quijote. Siguiendo con las referencias cervantinas, los caballos tiran de carruajes en los que (a veces) suben chapadas mozas que podrían pasar por los bancos de Flandes. Tras esculpir La Piedad, Miguel Ángel trabajó en la Virgen y el niño que hay en el interior de la Iglesia de Nuestra Señora. Destaca también una tabla con los escudos de los treinta caballeros del Toisón de Oro, orden muy católica, muy apostólica y muy romana pero con un símbolo pagano: el vellocino de oro. Volviendo a María de Borgoña, tras su episodio con el caballo le montaron mausoleo en la iglesia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Más información sobre Brujas y Gante en el siguiente enlace:

Turismo de Flandes

Tweet
© 2010 RAFA PÉREZ - Todos los derechos reservados Suffusion theme by Sayontan Sinha
Content Protected Using Blog Protector By: PcDrome.