Acabamos la anterior entrada de esta pareja de ciudades flamencas haciendo referencia al cine. En el puente de San Miguel, la sensación que se tiene es la de estar inmerso en un rodaje. Cuidados escenarios al frente y también en el viejo puerto. En los antiguos muelles de Graslei y Korenlei las luces de la tarde acarician el atrezo y la acción parece transcurrir a golpe de claqueta.
Tras el silencio se rueda, los extras entran en juego. Una pareja de guapos sentados en el borde del canal ríen a carcajadas, el camarero llega con otra ronda de cervezas y, con gestos que parecen nacidos de la casualidad, una chica pasea a dos dálmatas junto a un tipo con pinta de estudiante que aparca su bicicleta. Mientras, en el embarcadero, una pequeña barca de madera suelta amarras a la par que un joven enamorado saca notas de su saxofón.
Tras rodar la escena, toca asueto en los locales de Patershol, el barrio de trazado medieval que concentra buena parte de los locales candidatos a ocupar páginas en una revista de tendencias. La transformación del barrio es proceso conocido: primero, la gente va abandonando progresivamente las casas y apenas tres décadas después, el aspecto de arrabal es considerado cool y el barrio se transforma en laboratorio de bohemios, en tejedores de sueños en referencia al antiguo gremio que ocupó Patershol.
La condición de ciudad universitaria hace que los estudiantes siempre encuentren motivos para anochecer en el barrio y dar sentido al Gante nocturno, el que recibe premios de Phillips -que algo sabe de luces- por su iluminación.
Pese a que Eduardo Marquina dijera que En Flandes se ha puesto el sol y Verhaeren llamara a los flamencos bebedores de lluvia y fumadores de bruma, me fui con ganas de ver las ciudades flamencas entre esa bruma, tal como mi imaginario creyó que fue Flandes en tiempos de los tercios o cuando orondas mujeres se dejaban pintar por Rubens. El sol, ese que no se ponía en España, tampoco lo hizo apenas en los días que pasé en Brujas y Gante.
Y aún quedaron en el tintero más de mil cuadros de Rubens, los Brueghel viejos y jóvenes, Rilke y Verhaeren que llevaron a Flandes en sus versos; Malinas, Amberes, los universitarios de Lovaina, el chocolate (imperdonable olvido) y la cerveza fría. Pero eso da para otro viaje.
Aquí tenéis los enlaces a las anteriores entradas sobre las ciudades flamencas de Brujas y Gante: Brujas y Gante_parte 1 , Brujas y Gante_parte 2 y Brujas y Gante_parte 3
Más información sobre Brujas y Gante en el siguiente enlace:













Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



Si ya deseaba visitar estos tres lugares, desde que leo tus entradas creo que no va a pasar de este año. Las fotos son perfectas y en cada post una historia que hace que parezca que ya estamos allí. Genial, cada día más. Saludos
Cuando me llevaron a Brujas, veníamos de una ciudad universitaria alemana.
…Seis idiomas que dominábamos y dos que bailábamos.
Y nos encontramos en Brujas, acostumbrada en esa época a lugares de cuento.
Era un árbol fantástico cerca de páginas soñadas con agua, piedra y cielo. El nombre,
….el que ese alma desease,… verdad?
En cualquier caso, yo era ‘la extranjera, la acogida’. Y me encontré de repente, también bienvenida cuando nos esperaban preocupados y nos hablaron primero, (antes que en francés y sabía que era una amabilidad por su parte), en flamenco.
Y es que el coche en el que íbamos, matrícula de Bcn, se había quedado sin vatería por haber dejado las luces de posición o cortas, no recuerdo, encendidas todo un día desde el amanecer hasta el anocher, en un barrio de almas amables.
(hace ya tiempo de esto,…mucho creo…:)
Nos comprendimos perfectamente, y esa noche pudimos volver a Aachen, en nuestro coche.
Me expreso fatal, pero te agradezco poder compartir mi pasado de esta forma.
Besos para los dos.
B.N.C.R. y A.
Ayy!!!
…anochecer?…
B.
Muchosol, no lo pienses. Y deja un hueco para visitar Amberes, que acaba de estrenar museo (el MAS), y además tiene a Rubens. También Lovaina merece una visita.
Bonita historia, MartinAngelair, deberías contar esas experiencias más allá de un comentario en un pobre blog
Besos
Buen viaje, has traido recuerdos de visitas apresuradas a Bruselas en enero con frio, humedad y bruma pero tambien con cerveza y esa magnifica plaza. Sin embargo siempre han quedado pendientes las visitas tan faciles a Gante, Amberes y Brujas pero afortunadamente el “viaje” no termina.
Yago, siempre tenemos que tener excusas para viajar de nuevo. Aún más si es a un sitio donde hemos estado a gusto.