La visita a Brujas puede y debe empezar por sus plazas. Una de ellas, la Plaza del Burgo, es una suerte de maqueta que encierra una lección de Historia, también de arquitectura, de casi siete siglos. Maqueta a la que no le falta ninguna pieza: ahí está su Ayuntamiento, el Palacio de Justicia y hasta tiene su iglesia con reliquia. De la visita a la Basílica de la Santa Sangre surge la inevitable pregunta: ¿Cuántos litros de la sangre de Jesucristo, trozos de Vera Cruz o Santos Prepucios corren por el mundo?
La reliquia fue traída por uno de aquellos hombres que marcharon a las Cruzadas dejando a sus mujeres en unos beaterios que se arrogaban la potestad de ser salvadoras de almas, es decir, de proteger a las mujeres del calor y el vicio de la luz roja, los marineros y la gonorrea. Adaptándose a los tiempos, algunos de los beaterios con eterno parecido a jardín terrenal ofrecen visitas previo pago de un par de euros y con final en una tienda de recuerdos donde el tiempo y la paciencia tienen forma de encajes de bolillo. El de Brujas está entre los que fueron reconocidos por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.
Desde la Plaza del Burgo, el recorrido lógico ha de llevarnos, tras pasar el Arco del Asno Ciego -pobre, además de burro- a la Plaza de Curtidores y de allí al Muelle del Rosario, uno de esos lugares donde no pasa un segundo, tanto de día como de noche, sin que escuchemos el clic de una cámara de fotos. ¿Aún más plazas? Queda la Plaza del Mercado con sus casas gremiales, Hallen (el antiguo mercado cubierto) y la torre Belfort, con tantos escalones como días en año bisiesto.
Como pincelada histórica y repaso a la monarquía, decir que la plaza resultó de infausto recuerdo para Maximiliano I que estuvo preso en una de sus casas, aunque no se llevaría mejor recuerdo del resto de la ciudad: su mujer, María de Borgoña, murió en Brujas al caer de un caballo, si bien es cierto que antes tuvieron tiempo de tener a Felipe I el Hermoso, que les dio, junto a nuestra Juana la Loca, a su nieto Carlos V del que hablaré cuando llegue a Gante.
Los caballos siguen paseando por la ciudad aunque hayan perdido el aspecto de corcel de tapiz flamenco, en referencia al jocoso lance con Clavileño y Don Quijote. Siguiendo con las referencias cervantinas, los caballos tiran de carruajes en los que (a veces) suben chapadas mozas que podrían pasar por los bancos de Flandes. Tras esculpir La Piedad, Miguel Ángel trabajó en la Virgen y el niño que hay en el interior de la Iglesia de Nuestra Señora. Destaca también una tabla con los escudos de los treinta caballeros del Toisón de Oro, orden muy católica, muy apostólica y muy romana pero con un símbolo pagano: el vellocino de oro. Volviendo a María de Borgoña, tras su episodio con el caballo le montaron mausoleo en la iglesia.
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Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



Cuando me llevaron a Brujas, me dijeron que me iba a encantar la Venecia del Norte,…
…y así fue.
(y como anécdota, a esta ciudad de cuento le ato en el recuerdo un árbol fascinante,…
Un beso muy fuerte.
B.D.C.R. y A,
Eres un maestro, Rafa. Leyéndote y viendo tus fotos aprendo y me inspiro.
Un abrazo.
Pues verás cuando Rafa hable de Gante… Para mí es la joya de Flandes, mucho más evocadora y auténtica que Brujas. Lástima que hasta 2012 su casco antiguo está patas arriba, por la construcción de parkings subterráneos.
¡Saludos!
MartinAngelair, en la próxima entrega hablo de lo desacertado de motes como Venecia del Norte, Brujas del Sur y demás…
Gracias, José Ramón. Creo que con los blogs tenemos la oportunidad de aprender los unos de los otros. Si es al ritmo de rock, como en el tuyo, mucho mejor.
Manuel, no sabía lo de las obras en el casco antiguo de Gante. En un par de meses voy a viajar allí con mi hija, pero seguro que hay zonas (canales) donde no llegan con sus obras
Gràcies Rafa per fer-me reviure Bruges en les teues fotos i el teu text. Potser també vistaries el poblet de Damme a pocs quilòmetres de Bruges. Espere que Gant no estaga tota pates per amunt, és una ciutat magnífica.
Francesc, vaig arribar a Damme en bicicleta, un viatge molt maco al costat del canal.
Quan vaig anar per darrera vegada a Gante, tot era al seu lloc. Ja veurem quan torni a l’estiu amb la meva filla.