Al darse una vuelta por Brujas uno se da cuenta de la ligereza con que ponen algunos los motes turísticos, delicuescentes apelativos: la Venecia del Norte. Y se quedan tan anchos. Navegando por la red salen, sólo en la primera página de resultados, media docena de ciudades distintas así bautizadas por obra y gracia de la poca o nula originalidad. ¿En Brujas hay canales? Cierto. Hasta aquí las similitudes. Muy temprano, las campanas animan a empezar el día. El sonido de las ruedas en los adoquines avisa de la llegada de las bicicletas y, a ritmo constante, simulando una especie de time-lapse, todo el mundo va ocupando su lugar: el tendero, la chica que prepara gofres, el cochero y los turistas. Al cabo de un rato, la necesidad de poner todo en pausa me lleva hasta los jardines del museo Groeninge y luego al interior de la pinacoteca con su colección de primitivos flamencos. Seis siglos después de aquellos cuadros, y del primer sistema de especulación en bolsa, sería interesante ver a la familia Van der Beurze (de ahí el nombre de Bolsa) bajar al parqué y comprobar la que habían liado con el Dow Jones y el Ibex.
Nos vamos a Gante, la ciudad con todo en su sito. Bueno, todo menos Los jueces justos de la Adoración del cordero místico de los hermanos Van Eyck, que llevan varias décadas fuera de su juzgado. El robo de la tabla del políptico ha alimentado toda suerte de especulaciones. Volviendo a los libros, me quedo con ese intercambio que imaginó Albert Camus en La caída: el cuadro por un vaso de ginebra. Ese es el trato que alcanzó un infeliz dipsómano, precisamente juez, en un tugurio infecto de Ámsterdam. Argumento con un punto de cine negro más apetecible que la historia real, la que cuenta que el ladrón se llevó el secreto a la tumba en un repentino ataque al corazón.
El políptico también lo robaron los alemanes para nutrir aquel museo soñado por Hitler para su megalópolis de la cultura en la ciudad de Linz. El proyecto no se llevó nunca a cabo y la pintura apareció, acompañada de otras obras maestras, en las minas de sal de Altausee, en Austria.
Tenía pendiente hablar de Carlos V que nació, de una mala digestión, en el Palacio de Ten Walle. Del lugar no se conserva más que una maqueta, por lo que si hay ganas de castillo habrá que visitar, a orillas del río Lys, el Castillo de los Condes (éste sí entero). Siguiendo con Carlos V, llegamos a la Catedral de San Bavón (la del cordero) donde fue bautizado. Pero aquí no acaban las correrías del Emperador o Rey, según si aquí o allí. Quién sabe si el hecho de que decapitara a unos e hiciera desfilar con una soga al cuello a otros fue a causa de otro ardor. No en vano, el monarca gustaba de mezclar el jamón con esa mostaza que hace saltar las lágrimas -aunque deliciosa, no pude evitarlo- tan típica de Gante.
El hecho es que cada 3 de mayo los habitantes de la ciudad salen de nuevo a la calle para recordar el trágico acontecimiento pero con el consecuente punto lúdico que confiere la distancia en el tiempo. Presentado el actor principal, en la próxima entrada vamos con el escenario de la película.
Las fotos de esta entrada corresponden a la ciudad de Gante. Para ver fotos de Brujas podéis visitar las anteriores entradas: Brujas y Gante_parte 1 y Brujas y Gante_parte 2
Más información sobre Brujas y Gante en el siguiente enlace:













Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.


