Esta es la historia de un cura, un grupo de niños y un internado… Me parece que ha sido un inicio poco acertado. Vamos de nuevo. En la localidad de Sorèze, han transformado la antigua abadía en el Hotel & Spa Abbaye Ecole de Sorèze, perteneciente a una asociación estatal de edificios históricos convertidos en alojamientos, al estilo de nuestros Paradores. El edificio fue en su día escuela y academia militar.

La escuela estuvo dirigida, hacia mediados del siglo XIX, por el padre Lacordaire, uno de los oradores más brillantes, no sólo del catolicismo francés, sino de toda la Academia francesa. Cuando Lacordaire hablaba, gente como Balzac, Dumas, Tocqueville o Victor Hugo escuchaban. El edificio fue más tarde academia militar para volver a ser escuela funcionando en modalidad de internado hasta que cerró sus puertas en 1991. Los niños entraban a la edad de cuatro años y abandonaban la escuela a los diecisiete, cuando empezaban a sustituir los pósters de The Beatles por los de Raquel Welch.

De la localidad de Lautrec había empezado a hablar en la anterior entrada, con el tema de las palomas. Añadir que pertenece al grupo de Le plus beaux villages de France, más por su vista en conjunto desde el molino que por sus calles, más parecidas a las de otros pueblos de la región.

Hay una alojamiento muy interesante en una casa de la parte medieval, La Terrasse de Lautrec. Cuatro habitaciones decoradas con mucho gusto y un agradable jardín donde dejar pasar el tiempo con un buen libro entre las manos. No tuve oportunidad de dormir allí, pero me quedé con las ganas. Los precios son muy razonables para el tipo de alojamiento.

La visita a la localidad de Giroussens no merece un desvío de la ruta, pero si se pasa por allí no está de más acercarse al jardín de Martels. En el año 1969, la familia Reynier compró una granja en la localidad que fue convirtiendo en jardín. Ante la avalancha de peticiones para verlo, decidieron abrirlo al público en 1994. En el centro del jardín, un guiño asiático con casa de madera y su estanque con flores de loto (en julio).

Lo mejor del parque es el espacio destinado a echar la siesta. Lo peor, que si quieren recibir visitas desde España tendrán que adaptar sus folletos, vídeo de presentación y señalización al castellano. Una revisión de las tarifas tampoco estaría mal, los siete euros que cuesta la entrada parecen excesivos para un jardín que no tiene la suntuosidad de los ingleses aunque lo pretenda.

Más información sobre el Tarn y Francia en los siguientes enlaces:
Atout France
Turismo de Midi-Pyrénées
Turismo del Tarn

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Durante muchos años, la palomina fue usada como abono para los cultivos. Para facilitar la recogida, y la cría de las palomas, se construyeron una serie de palomares repartidos por el departamento del Tarn. También por el resto de Francia. Casas con vistas que hoy forman parte de una ruta turística. Alrededor de la localidad de Lautrec, hay una ruta de 14 kilómetros que lleva a algunos interesantes palomares. La bicicleta es una buena forma de ir desgranándolos. No voy a comparar los suaves desniveles de Lautrec con el Tourmalet, pero conviene ir preparados para un recorrido más exigente de lo que indican los amables paisajes de la localidad.

 

 

Siempre se ha dicho que las palomas son las ratas del cielo, un molesto escuadrón aéreo cuyas deyecciones provocan verdaderos dolores de cabeza a los responsables de la salvaguardia del patrimonio. Que le pregunten a Venecia. Obviamente, las palomas han perdido su función como sistema de comunicación de banda ancha, con una fiabilidad que ya querría para sí Correos. Tras el declive del uso de la palomina, hubo que buscar otro papel a la paloma. Aquí hago un inciso para preguntar cómo narices ha llegado a ser el símbolo de la paz. ¿Acaso no hay animales mucho más entrañables como koalas, osos panda o ciervos?

Algunas palomas se crían con el fin de participar en concursos de belleza, en exhibiciones de vuelo y carreras sin patrocinio. Pero como en Francia, casi todo bicho que corre, nada o vuela acaba convertido en estrella Michelin, le han buscado un sitio en la cocina. Las palomas ponen cinco huevos en cada puesta, cuatro de ellos con premio. Reciben una alimentación compuesta en su mayoría por cereales enteros como el maíz y el trigo. Con una semana de vida, la paloma es una mezcla entre la duquesa de Alba y los buitres de Disney. En 30 días están listas para el plato, con un peso de 400-500 gramos por ejemplar. Si no tiene fines gastronómicos, la paloma puede incordiar hasta 18 años. Los excrementos, llamados palomina, se venían utilizando como abono para las viñas. Curiosamente, desde que abandonaron esa práctica (ahora abonan otro tipo de cultivos, sobre todo cereales) en la zona de Gaillac producen mejores vinos. Sin llegar a ser ninguna locura, a excepción de algunos blancos dulces y los espumosos del método Gallaicoise.

Tras la visita a un productor de ajo rosa en Lautrec, nos vamos acercando al lugar donde verdaderamente tiene sentido la paloma: el plato. El restaurante Le Pigeonnier, ubicado en un palomar, es un buen sitio donde degustar esta ave columbiforme. La carne de la paloma es muy fina y le sentaba perfectamente el acompañamiento de puré de calabaza. El pichón hace tiempo que se viene utilizando en alta cocina. También como relleno en la deliciosa pastilla marroquí.

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Buenos Aires está edificada sobre los sólidos cimientos de la nostalgia, los desamores y las montañas rusas financieras. Todo ello se deja ver, se siente en sus calles. En ocasiones se torna turbia, como ese Río de la Plata balcón de esperanzas. Otras, diáfana como el sol que vive en la calle Florida. En Buenos Aires cabe todo. Una cordialidad que podría parecer fingida al que no conozca al argentino, excesiva, como esa elle que arrastra, también entra la mala leche del dueño del café Plaza Dorrego.

Para algo tiene que servir ese eclecticismo, esas hostias que se da el Peso de vez en cuando. Alguna ventaja tienen que sacar de lo malo que dejaron españoles e italianos, además de la doble nacionalidad. La respuesta pasa a 24 fps. Tras una crisis de identidad, el cine argentino vuelve a alcanzar cotas de altísima calidad. Ahí están las películas de Carlos Sorín, o El secreto de sus ojos, una de las últimas. La creatividad la dan los vaivenes emocionales, la estabilidad no produce más que aburrimiento. Es un axioma: el buen escritor, cineasta, creador en definitiva, está vinculado de un modo u otro a algún tipo de sufrimiento.

En Buenos Aires también hay lugar para las más extrañas de las cosas. Las emisoras paran a las 12 de la noche para radiar el himno nacional como un Ángelus patriota que recuerda a todos de donde vienen. Subir en colectivo, tras hacer ordenadas y kilométricas colas, se plantea como una excursión. Las tiendas envían amor a domicilio y los perros se pasean por docenas o en barca por el Tigre.

Las pataletas entre el gobierno de la nación y el de la ciudad llevan a diálogos como estos en la entrada de la autopista:
- Autopista casi terminada. El incumplimiento del Gobierno Nacional frena las obras. Disculpas a los 60.000 perjudicados por día.
- Para terminar la autopista se necesitan planos, aprobaciones y seguridad del Gobierno de la ciudad. Macri: gobernar es hacerse cargo y trabajar.

Creatividad e ironía hasta en el terreno político. Podrían aprender en España, por lo menos nos harían más gratas las sobremesas. Y como Buenos Aires son sus calles, sus barrios y su gente, la ciudad es un paraíso para pasear y dedicarse a la fotografía de calle. Hay que visitar Buenos Aires. Volviendo al Sabina que me acompañó en la anterior entrada sobre la ciudad: “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. Y ese sentimiento se da en muy pocas ciudades en el mundo.

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En el número actual de la revista Altaïr, dedicado a Lisboa, han utilizado algunas de mis fotografías sobre la capital lusa para su portada y páginas interiores. Una vez escuché a un fotógrafo de National Geographic, no recuerdo quién, decir que cuando tenías la portada la revista era un poco tuya. Creo que tiene razón. Cuando pasas por delante de un quiosco dices ahí está, esa es una de mis fotos. La ilusión es doble porque Altaïr es una de esas revistas que merece la pena. Trata los destinos en sus monográficos de manera muy correcta. La foto escogida para la portada es del Elevador da Bica, uno de los elevadores de la red de transportes Carris, que también gestiona conocidos tranvías como el 28. A la hora de plantear un reportaje de viajes hay que ir dando soluciones a las necesidades. En primer lugar del propio reportaje. Como freelance hay que pensar más allá del momento de la producción y tratar de que el trabajo pueda encajar en diferentes medios. Por otro, si vas con un encargo (éste no era el caso), hay que dar respuesta al estilo de la revista. Formar parte de la solución y no del problema. Sabes qué imagen necesitan para abrir a doble, para la portada, los detalles que trabajan y el tipo de fotografía que publican. Cada disparo tiene que ser concebido con algún propósito. Para hacer esta fotografía había habido un trabajo previo de localización. Estuve unos días antes por la mañana y también por la noche, mirando como incidía la luz en los distintos lugares del escenario. A la izquierda de la calle había unos andamios que tuve que evitar utilizando un tele para dejarlos fuera de cuadro. Había visto que de una calle lateral salía una luz diferente (más fría) a la del resto de la calle. En el momento que el elevador pasara por allí había que disparar. La cámara estaba en modo manual y la exposición medida previamente. Tuve que tocar el balance de blancos para enfriar un poco la toma, con el que suelo trabajar (5500-luz día como la diapo) me daba un rojo excesivo que hacía que se perdieran detalles. Los raíles me sirvieron como punto de fuga hacia el elevador y también hacia el resto de la imagen, con la zona del Tajo mucho más fría, complementaria al resto de la fotografía. Esta foto no hubiera sido igual sin una cámara digital, en concreto sin la D700. Para parar el elevador en el lugar que quería tenía que trabajar con la velocidad más alta posible, que en este caso era de sólo 1/15 de segundo con el diafragma a 2.8, por lo que ajusté la sensibilidad a 1600 ISO. Una ráfaga de tres disparos, dos de ellos con el tranvía movido, dieron el resultado que veis. Os dejo la foto original y la copia de los datos EXIF por si queréis consultar algún dato más.

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Cuando se visita el glaciar Perito Moreno lo clásico es hacerlo desde las pasarelas, en un recorrido de más o menos tiempo. En función de la prisa del autocar. Otra opción es navegar por el lago Argentino y llegar hasta la cara norte del glaciar. Si has escuchado alguna vez el sonido del hielo al resquebrajarse o el estruendo y las olas que provocan los enormes trozos que se suicidan desprendiéndose de la pared, seguro que no lo olvidas. Es uno de esos sonidos que se meten muy adentro.

Existe una tercera vía para visitar el Perito Moreno: el trekking sobre el glaciar. Ahí ya pasas a formar parte del mismo, llegas a un acuerdo de no agresión que acabas de rubricar cuando bebes agua de alguno de los sumideros que se forman en el hielo. La empresa concesionaria de la actividad, por lo tanto la única con la que se puede hacer el trekking (no está permitido ir por libre) es Hielo & Aventura. Tras una breve navegación por el lago Rico, de unos veinte minutos, se llega a un pequeño embarcadero frente a la pared sur, desde donde parte una senda que lleva hasta el pie del glaciar. Allí hay que colocarse los crampones.

Su uso es relativamente fácil si se siguen unas indicaciones. Hay que tener bien sujeto el calzado antes de colocar el crampón, que se atará fuertemente pasando las cuerdas por las distintas argollas y haciendo un nudo final. A la hora de caminar por el hielo hay que dar pasos firmes, con las piernas separadas y levantando el pie sin arrastrar, se pisa con el pie plano para que se claven todas las puntas en el hielo. Si el camino hace subida, caminaremos con pasos cortos y con las puntas de los pies hacia el exterior en cuña. Si se pone cuesta abajo, pies rectos y bien separados para no engancharse, las rodillas flexionadas y la espalda recta.

Al finalizar el recorrido, se hace una de esas concesiones que tan bien quedan en las tertulias de domingo con la familia. Un trago de bourbon servido con hielo del glaciar.

Por cierto, que no te vendan el cuento de los hielos milenarios, no hay tiempo para ello. El Parque Nacional de los Glaciares está situado en una latitud equivalente a la de Londres en el norte. El motivo de que se hayan formado glaciares en esa zona lo encontramos en el omnipresente viento, que forma corrientes que llegan desde el mar arrastrando gran cantidad de humedad. En su recorrido hasta el lago, no hay tiempo suficiente para que el hielo alcance la senectud que se le supone a otros glaciares repartidos por el mundo, que necesitan de otras condiciones como temperaturas extremas y/o altitud para su formación. Aún es un poco pronto para concretarlo, se están llevando a cabo los correspondientes estudios, pero parece ser que el Perito Moreno es uno de los pocos glaciares del mundo que no está en retroceso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Más información sobre el trekking en el glaciar Perito Moreno en la web de Hielo & Aventura.

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