La estancia en un resort ha sido, generalmente, un tipo de vacaciones lleno de estereotipos. Pero los prejuicios nunca han sido buenos compañeros de viaje. Yo mismo, hasta hace algunos años, no me hubiera planteado reservar habitación en un todo incluido. En los últimos años, me daba cuenta de que cuando por fin podía desconectar, escogía destinos en los que acababa más cansado, física y mentalmente, que antes de haber hecho las vacaciones. Siempre había visitas que hacer, objetivos para fotografiar, rincones por descubrir. Según la RAE, vacación es el descanso temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios.

He destacado en negrita la palabra descanso. En principio, de eso se trata el hecho de hacer vacaciones, ¿no? Pues bien, he encontrado que la estancia en un resort es el tipo de vacaciones que más me aporta para que el descanso sea efectivo. Volvemos a la RAE. Descanso es quietud, reposo o pausa en el trabajo o fatiga.

Durante el viaje a México tuve oportunidad de visitar dos hoteles de la cadena Barceló, el Maya y Los Cabos, ambos en la categoría Palace Deluxe, el top de la cadena mallorquina. El primer día pones el despertador, no quieres perderte el amanecer y un primer baño en la playa. Poco a poco te vas contagiando del ritmo del hotel y vas olvidando el tuyo. No tardas demasiado, justo el tiempo de tomar el primer cóctel en el interior de la piscina o de reservar una sesión de masaje en el spa.

Vuelves a mirar el reloj, una vez más, probablemente la última. Has reservado mesa en el restaurante mexicano, por la noche será turno del japonés. La calidad de la gastronomía te hace arrojar otro sambenito al fondo del mar. Sigues con la manía de mirar el reloj. Tranquilo, sólo llevas un día con la pulsera mágica anudada a tu muñeca. Llega el momento, no sabes si mientras estás tumbado en la hamaca de la terraza o en el rincón chillout de la playa. Quizás ha sido durante el paseo por la arena blanca, mientras tratabas de localizar las estrellas. Pero con toda seguridad la cronología quedará interrumpida, has perdido la noción del tiempo. Lo consigues, estás descansando.
Por supuesto, tienes la posibilidad de hacer escapadas, pero las adaptas al ritmo que vas a llevar durante esos días, el ritmo pausado del dolce far niente.

Más información sobre los hoteles de Barceló.

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La primera vez que fui a Tulum, hace unos diez años, estaba tan obsesionado con el complejo arqueológico en sí que se me olvidó un pequeño detalle: disfrutar del emplazamiento, del privilegiado entorno donde se encuentran los restos de esta antigua ciudad maya. En sus inicios fue bautizada como Zamá o Ciudad del Amanecer. Y vaya amanecer. Con un mar Caribe de color irreal al otro lado de la ventana. El Castillo es la edificación más emblemática de un complejo que parece que fue un centro de observaciones astronómicas. Hay que imaginarse una época en la que la contaminación lumínica era inexistente y la línea del horizonte era tomada como referencia en una amplia porción del paisaje.

Profano de mí, la construcción del Castillo me parece la mejor segunda residencia jamás construida. Hace pocos días tuve la oportunidad de volver a Tulum. Tenía muy claro que esta vez tenía que bañarme en ese mar, privilegio que marca la diferencia con respecto a otras ciudades mayas. Tenía que saber qué se sentía al contemplar las ruinas metido en el Caribe hasta la cintura. Hay quien ha comparado a Tulum con Sevilla, aunque hoy en día, más allá del color especial, nada lleva a imaginara que aquella ciudad tuviera en algún momento el esplendor de la que baña el Guadalquivir. Mientras bajaba a la arena blanca, no quise mirar en ningún momento hacia arriba. Quería esperar a tener los pies metidos en el agua para tener la misma visión de los mayas que llegaban a la ciudad en barco.

Se me podría ir la olla hablando de la mística del lugar, de sensaciones que llegan desde el más allá. Pero no había sido día de Margaritas. Sí puedo asegurar que se siente algo extraño, mezcla de curiosidad con los interrogantes que surgen sobre el lugar, con las olas batiendo contra tu cuerpo mientras cargas con cientos de años de historia a tus espaldas. Para tratar de trasladar aquí, por un breve instante, lo que es bañarse en aquellas aguas, os dejo un breve vídeo que grabé con una pequeña cámara compacta.

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Sin tiempo apenas para sacar las cosas de la maleta y meter algo de ropa limpia, ya me dirijo hacia otro destino del concurso ¿Dónde está Rafa?

Las pistas para este quinto destino son las siguientes:

Naturalmente, es el paraíso. Y eso lo dice todo el mundo.

Allí las manzanas saben mejor agitadas

La pista definitiva: Es el lugar donde empezó todo

Creo que he puesto unas pistas muy fáciles por razones que desvelaré junto con la solución al destino. Si bien yo estaré en este nuevo destino hasta el día 17 por la tarde, mi idea es ir hablando un poco de él mientras dure el viaje. Así que tenéis tiempo hasta el sábado 14 a las 23.59 para dejar vuestras respuestas.
Queda activada la moderación de comentarios.

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Esta entrada, fiel a su puntual cita, debería haberse subido esta mañana a las 8. Pero hay razones de peso para que no haya sido así. Os cuento.
Enciendo el ordenador. Abro un documento en blanco en Word con la intención de empezar una nueva crónica de mis viajes. Esta vez desde México, recorriendo Riviera Maya y Los Cabos. La idea es empezar por la primera parte del viaje; las visitas a río Secreto, Tulum y Xel-há. El error ha sido intentar hacerlo desde la terraza de mi hotel, el Barceló Los Cabos, desde donde accedo directamente a una tumbona sobre el agua de la piscina. Al rato llega un mesero (camarero) y me pregunta:
- ¿Le puedo regalar algo para beber?

Imposible resistirse. La adaptación del español que hizo el mexicano, con un punto dulce, otro sugerente, cierta melancolía, y que les lleva a decir cosas como si dices rana, salto; o ni tanto que ahogue al santo ni tan poco que no le alumbre, la adaptación que hizo, decía, hace que no te puedas negar a nada de lo que te ofrezcan. Al rato tengo un Margarita, el primero, sobre la mesa junto a mi tumbona. En la barra del interior de la piscina, llegarían los siguientes: un Supermán, un Riviera Maya, otro Margarita. Después llegó la visita a San José de los Cabos, una de esas localidades de punto y final, de misteriosas cartas sin sello y que nadie me busque. Patricia Mendoza, galerista de arte, fue mi anfitriona. Con una copa de vino blanco (Sauvignon) en la mano, recorrimos las galerías de otros colegas, para acabar sentado en un delicioso patio inmerso en una cata de tequilas: blanco, reposado…

Durante la cena, llegaron más margaritas, esta vez vestidos de mango: una perdición. Como final de traca, vuelta al tequila blanco, ¿aliviado? con sangrita, y paso al Clavelitos, clavelitos; México en la piel, Margarita de mango (se llama) mi amor, Y yo sigo siendo el rey. Prometo crónicas más serias los próximos días. A Bukowski le sentaban de maravilla unas copas y la inspiración etílica le llevaba a escribir cosas como estas: “Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos”. A mí, en cambio, el ramo de margaritas me dejó tumbado en la cama, con 8 horas de retraso para subir esta crónica, Espidifen mediante. Acabo de descubrir que existe la Wikipedal.

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En primer lugar, comentar que alucino con la capacidad de argumentación, con el detalle con el que dais vuestras respuestas. Por otro lado, no esperaba menos. Escribo la respuesta al cuarto destino del concurso ¿Dónde está Rafa? desde la terraza de un hotel mirando al Caribe. Concretamente desde aquí. La foto que ilustra la entrada es simplemente a título informativo, en absoluto con el ánimo de suscitar envidias. En efecto, el primer destino era la Riviera Maya. Ayer pude recorrer el río Secreto, en una hora salgo para Tulum, la más espectacular de las segundas residencias construidas sobre la playa; y puedes pasear por la Quinta Avenida de Playa del Carmen. En un par de días, estaré recorriendo Los Cabos, en Baja California Sur. Las ballenas llegan cada año desde Alaska para ligar en la costa mexicana del Pacífico, te puedes dar un baño en la playa El chileno y la canción Hotel California pudo estar inspirada en un hotel donde voy a comer en la localidad de Todos Santos. Aunque Don Henley dijera que no era así. Lo que pasa que con tanta droga mediante, vete tú a saber.

La próxima prueba, el próximo jueves, también irá un poco adelantada para poder publicar cosas sobre el destino.

El más rápido en acertar los dos destinos de esta prueba ha sido Marcelo Aurelio, que dejó la primera respuesta en los comentarios y la segunda la envió por mail. La clasificación provisional queda de la siguiente manera:

José Rojas - 12 puntos

Marcelo Aurelio - 11 puntos

Ángel Martínez Bermejo - 9 puntos

David Suñol - 8 puntos

Antonio Vela - 8 puntos

Jordi Busqué - 3 puntos

Manuel Bustabad - 3 puntos

Xavi Piera - 2 puntos

Yvonne - 2 puntos

Pilar Martín - 2 puntos

Succubus - 1 punto

Meteopallars - 1 punto

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