Mexico 01 Margarita de mango, mi amor

Esta entrada, fiel a su puntual cita, debería haberse subido esta mañana a las 8. Pero hay razones de peso para que no haya sido así. Os cuento.
Enciendo el ordenador. Abro un documento en blanco en Word con la intención de empezar una nueva crónica de mis viajes. Esta vez desde México, recorriendo Riviera Maya y Los Cabos. La idea es empezar por la primera parte del viaje; las visitas a río Secreto, Tulum y Xel-há. El error ha sido intentar hacerlo desde la terraza de mi hotel, el Barceló Los Cabos, desde donde accedo directamente a una tumbona sobre el agua de la piscina. Al rato llega un mesero (camarero) y me pregunta:
- ¿Le puedo regalar algo para beber?

Mexico 02 Margarita de mango, mi amorMexico 03 Margarita de mango, mi amor

Imposible resistirse. La adaptación del español que hizo el mexicano, con un punto dulce, otro sugerente, cierta melancolía, y que les lleva a decir cosas como si dices rana, salto; o ni tanto que ahogue al santo ni tan poco que no le alumbre, la adaptación que hizo, decía, hace que no te puedas negar a nada de lo que te ofrezcan. Al rato tengo un Margarita, el primero, sobre la mesa junto a mi tumbona. En la barra del interior de la piscina, llegarían los siguientes: un Supermán, un Riviera Maya, otro Margarita. Después llegó la visita a San José de los Cabos, una de esas localidades de punto y final, de misteriosas cartas sin sello y que nadie me busque. Patricia Mendoza, galerista de arte, fue mi anfitriona. Con una copa de vino blanco (Sauvignon) en la mano, recorrimos las galerías de otros colegas, para acabar sentado en un delicioso patio inmerso en una cata de tequilas: blanco, reposado…

Mexico 04 Margarita de mango, mi amor

Mexico 06 Margarita de mango, mi amor

Durante la cena, llegaron más margaritas, esta vez vestidos de mango: una perdición. Como final de traca, vuelta al tequila blanco, ¿aliviado? con sangrita, y paso al Clavelitos, clavelitos; México en la piel, Margarita de mango (se llama) mi amor, Y yo sigo siendo el rey. Prometo crónicas más serias los próximos días. A Bukowski le sentaban de maravilla unas copas y la inspiración etílica le llevaba a escribir cosas como estas: “Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos”. A mí, en cambio, el ramo de margaritas me dejó tumbado en la cama, con 8 horas de retraso para subir esta crónica, Espidifen mediante. Acabo de descubrir que existe la Wikipedal.

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