La primera vez que fui a Tulum, hace unos diez años, estaba tan obsesionado con el complejo arqueológico en sí que se me olvidó un pequeño detalle: disfrutar del emplazamiento, del privilegiado entorno donde se encuentran los restos de esta antigua ciudad maya. En sus inicios fue bautizada como Zamá o Ciudad del Amanecer. Y vaya amanecer. Con un mar Caribe de color irreal al otro lado de la ventana. El Castillo es la edificación más emblemática de un complejo que parece que fue un centro de observaciones astronómicas. Hay que imaginarse una época en la que la contaminación lumínica era inexistente y la línea del horizonte era tomada como referencia en una amplia porción del paisaje.
Profano de mí, la construcción del Castillo me parece la mejor segunda residencia jamás construida. Hace pocos días tuve la oportunidad de volver a Tulum. Tenía muy claro que esta vez tenía que bañarme en ese mar, privilegio que marca la diferencia con respecto a otras ciudades mayas. Tenía que saber qué se sentía al contemplar las ruinas metido en el Caribe hasta la cintura. Hay quien ha comparado a Tulum con Sevilla, aunque hoy en día, más allá del color especial, nada lleva a imaginara que aquella ciudad tuviera en algún momento el esplendor de la que baña el Guadalquivir. Mientras bajaba a la arena blanca, no quise mirar en ningún momento hacia arriba. Quería esperar a tener los pies metidos en el agua para tener la misma visión de los mayas que llegaban a la ciudad en barco.
Se me podría ir la olla hablando de la mística del lugar, de sensaciones que llegan desde el más allá. Pero no había sido día de Margaritas. Sí puedo asegurar que se siente algo extraño, mezcla de curiosidad con los interrogantes que surgen sobre el lugar, con las olas batiendo contra tu cuerpo mientras cargas con cientos de años de historia a tus espaldas. Para tratar de trasladar aquí, por un breve instante, lo que es bañarse en aquellas aguas, os dejo un breve vídeo que grabé con una pequeña cámara compacta.






Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



Yo también estuve hace más de diez años, y me dio una envidia tremenda la playa, pero apenas había nadie, sólo un señor con dos señoras, lease con entonación, pedazo señoras, y las olas. Ahora veo en tus fotos mucha gente.
Un abrazo Rafa!!!!
UNO DE MIS LUGARES FAVORITOS …

DIEGO
Impresionante el lugar, espero ir el año que viene, me he puesto pasar la profesía maya por esas tierras.
No podian tener más dominio los Mayas de la astronomía, pero también del negocio inmobiliario, nadie podría haber ubicado mejor a ésa ciudad. Pena que los carteles de SE MIRA y NO SE TOCA fueron puestos más de 500 años después
¡Cómo se escapa el tiempo! Mi primer viaje como fotógrafo y escritor independiente fue a Yucatán, Guatemala y Belize. Y, por supuesto, pasé por Tulum, donde me detuve unos días. Tuve tiempo de fotografiar el yacimiento arqueológico, bañarme en sus playas y luego dormir en un pequeño hotel al lado del mar.
Era el año 1992 y la Riviera Maya como destino turístico todavía no había sido inventada. Todo se concentraba en Cancún. Los pequeños hoteles de la costa, más allá de Tulum, eran una delicia. Viajar un placer absoluto. Aproveché un charter a Cancún, y desde allí con un VW , un escarabajo, dí la vuelta a la península de Yucatán. Las carreteras estaban vacías, algunos yacimientos del interior contaban con un solo guarda, y el viaje resultó una experiencia de esas que no se olvidan.
Tulum era y sigue siendo especial. ..Yo creo que los mayas se iban de vacaciones a Tulum… (antes de lque se inventara la Riviera Maya, Verano Azul, Viajeros o Vacaciones en el Mar)
Juanjo, es verdad que llega mucha gente a Tulum, pero si consigues abstraerte por unos instantes y trasladarte mentalmente a la época maya, el lugar es mágico.
No tienes mal gusto, Diego. Un lugar impresionante.
chetoba, hay que tratar de conservar esos sitios, aunque sea con carteles de No se toca.
Ya contarás si te acercas por allí.
Ramon, tuvo que ser un viaje impresionante ese que cuentas. Tulum ha ganado en todo este tiempo una marca turística y miles de turistas, pero no ha perdido el encanto.