El año pasado por estas fechas estaba viajando por Marruecos. Los días en que los musulmanes celebraban su fiesta más importante iban a coincidir con mi estancia en Marrakech. Pese a que a una señora le pareciera una mierda (sic) que las tiendas estuvieran cerradas por la Fiesta del Cordero, a mí me pareció un oportunidad estupenda para seguir aprendiendo cosas de la cultura de un país fascinante. (Este paréntesis no estaba previsto cuando preparaba esta entrada hace unos días, pero debido a los recientes acontecimientos debo añadir que con unos dirigentes que no se merecen)
Los barrios están estructurados en torno a cinco elementos: horno, baño público, escuela, fuente y mezquita. Llevaba un rato sentado en el horno del barrio de Ben Youssef cuando apareció un chaval que se presentó como Mustafa Chinani y explicó que venía a dejar el pan para cocer. Ese día había trabajo extra en el horno por la celebración de la fiesta. Muy temprano, había tenido la oportunidad de ver como en el patio de una casa tenían un cordero colgado, pero estaba por venir lo mejor. Mustafa se despidió de mí y al momento volvió a entrar en el horno. Me invitaba a ir a su casa.
Para la ocasión se había reunido toda la familia que, tras el rezo de la mañana, lo tenía todo dispuesto. Siguiendo el rito musulmán, con un cuchillo santo y la cabeza del animal mirando a la Meca, iban a ser sacrificados once corderos. Tras rezar unos versículos del Corán se da inicio a la fiesta que se prolongará durante dos días, llegando incluso a la semana de festejos en zonas del interior de Marruecos.
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La literalidad del silencio de los corderos ante la cámara. Tras degollarlos, utilizan una bomba de hinchar ruedas para introducir aire entre la piel y la carne del animal y poder despellejarlo mejor. A continuación se vacía y limpia el animal de toda la casquería con la que se harán los primeros platos, unos deliciosos pinchos de hígado recubiertos con grasa de las tripas.
Para no entorpecer digestiones no daré más detalles, pero se cocina absolutamente todo y el resultado es sabroso. El cordero queda colgado en el interior de la casa y lo van comiendo durante los siguientes días, ofreciendo una parte a la caridad.

Continuará…

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Durante los próximos días más de 1.000 millones de musulmanes celebrarán la Fiesta del Cordero (Aid al-Adha) o Fiesta Grande (Aid el-Kebir). La celebración tiene lugar pasados sesenta días como mínimo del fin del Ramadán y viene determinada por la fase lunar. Parece que la fecha que se baraja para su inicio es el próximo 17 de noviembre. Por la importancia de la fiesta se podría establecer un paralelismo con la Navidad, aunque la celebración musulmana varía de fecha cada año. Antes de contar mi experiencia el año pasado en Marruecos, os pongo en antecedentes explicando lo que dice el cuento: entre otras cosas que Abraham murió a los 175 años. Según la interpretación que se haga de las escrituras, el hijo mandado a sacrificar fue Ismail o bien Isaac. Parece ser que para los musulmanes fue Ismail.

Y cuando Ismail era lo bastante mayor
para ayudar en las tareas de Ibrahîm, éste dijo:
“¡Oh mi querido hijo!
¡He visto en sueños que debía sacrificarte:
considera, pues, como lo ves tú!”
Ismail respondió:
“¡Oh padre mío! ¡Haz lo que se te ordena:
hallarás que soy, si Al-lâh quiere,
paciente en la adversidad!”
Pero cuando ambos se hubieron sometido
a la voluntad de Al-lâh,
y le hubo tendido sobre el rostro, le llamamos:
“¡Oh Ibrahîm, has cumplido ya con la visión!”
Así, realmente, recompensamos
a los que hacen el bien:
pues, ciertamente, todo esto fue en verdad
una prueba, clara en sí misma.
Y le rescatamos mediante un sacrificio magnífico,
y de esta forma le dejamos como recuerdo
para futuras generaciones:
“¡La paz sea con Ibrahîm!”

(Corán, surat 37, ayats 99-107)

Pues eso, que por arte de birlibirloque cambiaron al hijo por un cordero y de ello deriva la abolición de los sacrificios humanos a las divinidades.
La gente suele comprar el cordero semanas antes de la celebración por lo mismo que aquí compramos antes las gambas: los días previos sube el precio. Tienen al animal conviviendo con ellos, sin cogerle demasiado cariño, y los días de la fiesta se hornea más pan y se sirve más té.
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Marruecos no es un país fácil de fotografiar. Y menos aún con prisas. Durante los últimos años he tenido la oportunidad de viajar al país vecino en numerosas ocasiones y estancias más o menos largas. Algunas personas, al ver mi trabajo, me vienen con el cuento de que no se puede hacer fotos de la gente, que si hay que pagar o que les robamos el alma al hacerles fotografías.

Y digo yo, ¿qué pasaría si alguien tuviera la falta de educación de meternos una cámara en la cara y disparar a discreción?

Os puedo decir que hasta ahora no he pagado por ninguna foto en Marruecos. Este hecho, lejos de ser un mérito del que enorgullecerse en charlas en torno a la cacería fotográfica, demuestra cual es la mejor arma a la hora de acercarse a la gente: la empatía. Trato de entender una cultura diferente en muchos aspectos a la nuestra y en la que también veo un reflejo de algunos comportamientos presentes y pasados de nuestra sociedad. Me interesa realmente, mucho más allá de lo que una simple fotografía me puede aportar, la vida de esa gente, su manera de pensar, su generosidad y, sobre todo, cualquier aspecto que me recuerde todo aquello que hemos perdido. El vídeo que os dejo es una muestra de lo que os cuento. Al llegar a un callejón de Chaouen me llamó la atención un grupo de niñas que jugaban a algo parecido a la rayuela y pintaban en la pared. La cámara estaba guardada y así permaneció hasta más de dos horas después. Las fotografías no están entre las mejores de mis viajes a Marruecos, pero en una de ellas se puede ver como ninguna de las niñas está pendiente de un fotógrafo un poco loco que les está haciendo fotos. Si la cámara hubiera ido por delante no habría magia y me hubieran prohibido hacer fotos.

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jun 172010


Corría el año 1246 a.C. cuando Hércules concluía el último de sus doce trabajos: capturar al can Cerbero, el perro que guardaba la entrada del Hades. Dice la leyenda que tras el titánico esfuerzo se fue a descansar a una cueva junto al cabo Espartel. La cueva de Hércules, a pocos kilómetros de Tánger, es uno de los puntos más cercanos a la vecina España, la puerta de Europa, la puerta de un Hades que algunos creen Arcadia y se aventuran a alcanzar por aguas del estrecho. Pese a la violencia del agua que golpea contra las paredes de la cueva, algunos chavales se lanzan a zambullirse en el agua y ésta los devuelve con furia otra vez a la orilla en lo que supone una perfecta analogía de esa peligrosa aventura por el estrecho. Más le hubiera valido a Hércules dejar tranquilo a Cerbero y capturar a Caronte, el barquero que cruzaba a los muertos de una a otra orilla.


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jun 112010


En unos días, tras una fugaz visita a Cerdeña, estaré de nuevo en Marruecos visitando Tetuán y Tánger. La entrada de hoy no la escribo yo. Ya lo hizo Ali Bey hace algo más de doscientos años. En su libro Viajes de Ali Bey hablaba sobre la música en Tánger. Pese a lo que cuenta, creo que volveré a emocionarme con el canto del almuédano.
Aquí os dejo con sus palabras:

«La música de Tánger tiene poco que halagar, aun a los oídos menos delicados…
Compónese la música de un tambor grosero… y dos músicos groseros armados de dos dulzainas más groseras aún que sus personas, que queriendo tocar a un dísono con instrumentos desacordes, toman cada cual su movimiento diferente.
Es imposible que estos dulzaineros puedan contar con larga existencia, atendiendo lo que gastan las fuerzas al tocar sus instrumentos: sus carrillos se hinchan extraordinariamente; y a pesar de un cerco que los cubre 2 ó 3 pulgadas alrededor de la boca arrojan mucha saliva; el vientre está tirante y duro por la forzada y violenta expansión del viento que emplean, lo cual indica cuánto deben fatigarse.
Ya he dicho que los tales instrumentos van siempre acompañados de un tambor, cuyo ronco sonido se deja oír cada cuatro o cinco minutos, pero más ordinariamente de minuto en minuto…
Los músicos acompañan casi siempre los casamientos, circuncisiones, cumplidos de felicitación y fiestas de pascua; pero no son admitidos en las mezquitas, y su profesión para nada entra en los actos del culto. Tal vez temerán, como decía un viajero, hacer despertar al Eterno sobresaltado.»

Un par de entradas del blog para el que quiera saber un poco más de anteriores visitas al país:

LOS SUEÑOS DEL TEATRO
CONCLUSIONES DE UN VIAJE AL MAGREB

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