Continuará…
Y digo yo, ¿qué pasaría si alguien tuviera la falta de educación de meternos una cámara en la cara y disparar a discreción?
CARONTE EN EL ESTRECHO
Corría el año 1246 a.C. cuando Hércules concluía el último de sus doce trabajos: capturar al can Cerbero, el perro que guardaba la entrada del Hades. Dice la leyenda que tras el titánico esfuerzo se fue a descansar a una cueva junto al cabo Espartel. La cueva de Hércules, a pocos kilómetros de Tánger, es uno de los puntos más cercanos a la vecina España, la puerta de Europa, la puerta de un Hades que algunos creen Arcadia y se aventuran a alcanzar por aguas del estrecho. Pese a la violencia del agua que golpea contra las paredes de la cueva, algunos chavales se lanzan a zambullirse en el agua y ésta los devuelve con furia otra vez a la orilla en lo que supone una perfecta analogía de esa peligrosa aventura por el estrecho. Más le hubiera valido a Hércules dejar tranquilo a Cerbero y capturar a Caronte, el barquero que cruzaba a los muertos de una a otra orilla.
LA MÚSICA EN TÁNGER
En unos días, tras una fugaz visita a Cerdeña, estaré de nuevo en Marruecos visitando Tetuán y Tánger. La entrada de hoy no la escribo yo. Ya lo hizo Ali Bey hace algo más de doscientos años. En su libro Viajes de Ali Bey hablaba sobre la música en Tánger. Pese a lo que cuenta, creo que volveré a emocionarme con el canto del almuédano.
Aquí os dejo con sus palabras:
«La música de Tánger tiene poco que halagar, aun a los oídos menos delicados…
Compónese la música de un tambor grosero… y dos músicos groseros armados de dos dulzainas más groseras aún que sus personas, que queriendo tocar a un dísono con instrumentos desacordes, toman cada cual su movimiento diferente.
Es imposible que estos dulzaineros puedan contar con larga existencia, atendiendo lo que gastan las fuerzas al tocar sus instrumentos: sus carrillos se hinchan extraordinariamente; y a pesar de un cerco que los cubre 2 ó 3 pulgadas alrededor de la boca arrojan mucha saliva; el vientre está tirante y duro por la forzada y violenta expansión del viento que emplean, lo cual indica cuánto deben fatigarse.
Ya he dicho que los tales instrumentos van siempre acompañados de un tambor, cuyo ronco sonido se deja oír cada cuatro o cinco minutos, pero más ordinariamente de minuto en minuto…
Los músicos acompañan casi siempre los casamientos, circuncisiones, cumplidos de felicitación y fiestas de pascua; pero no son admitidos en las mezquitas, y su profesión para nada entra en los actos del culto. Tal vez temerán, como decía un viajero, hacer despertar al Eterno sobresaltado.»
Un par de entradas del blog para el que quiera saber un poco más de anteriores visitas al país:
LOS SUEÑOS DEL TEATRO
CONCLUSIONES DE UN VIAJE AL MAGREB

Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.


