Camino de Nidaros (Etapa Furuhauglie-Hjerkinn). El despertador sonó más temprano de lo que hubiéramos querido. Había que arrancar a las 7 de la mañana porque el bus nos recogía en Hjerkinn a las 13 horas. Y no esperaba. Nos separaban casi 20 kilómetros con una sorpresa final, cómo no en forma de kilómetros extras. Al poco tiempo que teníamos, había que sumar lo que dedicáramos a las paradas para hacer fotos. Y pasó lo peor que le puede pasar a un fotógrafo; que apareció una espectacular luz de tormenta para bañar un paisaje de humedales y ciénagas. Por un lado, aparecían oportunidades para fotografiar a cada paso. Y por otro, las nubes de tormenta que tan bien quedaban en las fotos, venían tras nosotros.

Complementábamos el trabajo fotográfico con tramos de carrera en montaña para recuperar el tiempo perdido. Pudimos ver lo que Òscar identificó como un chorlito dorado con el plumaje nupcial. Debía tener el nido cerca e intentaba intimidarnos acercándose cada vez más a nosotros, por lo tanto al objetivo de nuestra cámara. Como venía siendo costumbre en las últimas etapas, también pillamos barro. Y la tormenta que nos perseguía también nos pilló a nosotros. El segundo tercio de la ruta discurrió paralelo al lago Avsjøen, que tiene su salida por el curioso río Folla. No tuve tiempo de demostrar si era una leyenda o algo empírico. Prometo volver, hay oportunidades que no se pueden dejar escapar.

La etapa acababa, o eso creíamos, en un ascenso plagado de barro que conducía hasta Hjerkinn Fjellstue. Al preguntar si era el centro de peregrinos, lógicamente nos dijeron que no. Hubiera sido raro que acabáramos una etapa sin kilometraje extra y resultó que había una propina de 2,5 kilómetros, cómo no por asfalto y cuesta arriba, hasta el centro de peregrinos de Hjerkinn, nuestro punto de recogida. Entramos en el centro a la vez que el bus, con tiempo únicamente para subirnos. Ya a bordo, dirección Trondheim, unas galletas y una pequeña cabezadita nos dejaron casi nuevos. Por la tarde hacíamos la entrada triunfal en Trondheim, con una etapa de ocho kilómetros que os explicaré mañana. Los desniveles de la de hoy fueron de 411 en ascenso y 399 en descenso. Insisto en la importancia de hacer clic en las fotos para verlas más grandes y en galería. Se disfruta mucho más de ellas.

Las fotos de esta entrada están hechas con una Fuji XS-1 que estoy probando estos días. Son JPEG directos, sin tocar nada.

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Camino de Nidaros (Etapa por el Parque Nacional Dovre. Busjord-Fokstugu). El día 27, el grupo tenía el día libre y se marchó a ver el fiordo de Geiranger, uno de los más espectaculares de Noruega. Òscar y yo decidimos hacer dos etapas más del camino, las que cruzan una parte del Parque Nacional Dovre. El primer día empezó un poco torcida la cosa. El bus que llevaba a los peregrinos hacia el fiordo de Geiranger nos dejó en el pueblo de Otta a las 9 de la mañana, donde debíamos coger otro bus hasta un punto cercano al inicio de la etapa prevista. Hasta las 12.25 no había ninguno. Hubo un intento infructuoso de hacer dedo, pero no debe llevarse demasiado en este país eso de coger a dos pobres en la carretera.

Foto hecha hace 3 días

Foto hecha en septiembre del 2010, mismo lugar que la anterior

Una vez en el bus, no conseguimos que funcionara ninguna de nuestras tarjetas para pagar (en Noruega puedes pagar hasta el café con tarjeta), así que carrera al cajero para sacar efectivo. Total, que llegamos a Busjord para empezar la etapa a las 3 de la tarde. La distancia prevista era de unos 20 kilómetros, más un par extras de subir desde la gasolinera donde nos dejó el bus hasta el albergue de Busjord. Los desniveles que acumulamos fueron de 904 metros en ascenso y 422 en descenso.

Una vez iniciada la etapa, se nos olvidaron todos los contratiempos. Un ascenso hasta los 1200 metros de altitud, nos metió en el Parque Nacional Dovre, un precioso paisaje de tundra. Las montañas todavía permanecían con grandes clapas de nieve y el agua de los diversos ríos que tuvimos que atravesar bajaba helada. La temperatura durante todo el recorrido fue de unos 10 grados, con rachas de viento que bajaban varios grados la sensación térmica. Hago un inciso para lanzar un aviso a navegantes: la temperatura en la zona del Dovre, en los meses de julio y agosto, suele rondar los 8-10 grados, por lo que conviene salir a caminar con la ropa adecuada. La vez anterior que estuve recorriendo parte del Camino de Nidaros, en septiembre del 2010, nevó copiosamente.

Conviene equiparse con la ropa adecuada y revisar las previsiones del tiempo

Además, una vez coronado el punto más alto de la ruta empezó a llover con ganas de diluvio. Parte del camino de bajada se convirtió en un entretenido barrizal. Llegamos a Fokstugu chorreando, con una tiritera importante, y nos dieron la mala noticia de que no tenían alojamiento para esa noche. No sé qué sucedió a continuación, pero acabamos metidos en una pequeña capilla con un grupo de alemanes entra bastante y muy católicos, rezando las novenas en noruego con un libro de salmos en las manos. La sacerdotisa, de riguroso negro y alzacuello, no acababa de conciliar un ojo con el otro. Durante segundos que se hacían eternos, cerraba los ojos y se sumía en un estado de duermevela para abrirlos de repente. Argumentos para novela de Stephen King.

Al acabar el asunto nos acercaron a Furuhauglie, el siguiente albergue del camino a escasos cinco kilómetros, donde pasamos la noche con la estufa puesta intentando entrar en calor y secando la ropa para el día siguiente. La cabaña de madera era ciertamente acogedora, con capacidad hasta para cinco personas. Y el precio sobre los 60 euros, lo que no está nada mal. La cena rápida, a base de sobres de salmón, filetes de caballa y pan. Y pronto a dormir que había que madrugar para la etapa del día siguiente. Mañana os cuento.

Las fotos de esta entrada están hechas con una Fuji XS-1 que estoy probando estos días. Son JPEG directos, sin tocar nada. Las foto con paisaje otoñal las hice en un viaje anterior, en septiembre del 2010. En este caso están hechas con una Nikon D700.

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Camino de Nidaros (Etapa Dale-Gudbrands-Sødrop). El día empezó de maravilla, con el paso del camino por una de las iglesias más bonitas que he visto estos días de peregrinación por Noruega. Sobre nuestras cabezas pasaba una bandada de grullas, elegantes en su vuelo como pocas aves. La etapa ha tenido un nivel de exigencia algo más alto que el resto del días. 643 metros de desnivel en subida para un total de 18 kilómetros, pero el ascenso estaba concentrado en unos pocos kilómetros alternando camino rural, carretera secundaria y bosque. El descenso acumulado ha sido de 575 metros, pero estos sí a lo largo de bastante distancia.

Al alcanzar el punto más alto, hemos caminado por un cortado coronado por altísimas coníferas que daban algo de dramatismo al suave paisaje de los valles de Gudbransdalen. Los pasados días, que las etapas han sido un poco más exigentes, ha ido cayendo algún peregrino víctima de ampollas y otras heridas en los pies o, simplemente, del cansancio acumulado. Tras pasar una zona de viejas granjas y terrenos para pasto, iniciamos el descenso hasta la iglesia de la localidad de Sødrop donde ha concluido la etapa, muy cerca de la E6 que conecta Oslo con Trondheim, una especie de Camino de Nidaros de asfalto.

Hay un alto en el camino del que me gustaría hablaros. Empezamos a comentar algo de los albergues en pasadas crónicas. En esta etapa me detuve a fisgar en el albergue Middelalder, que conserva el edificio para peregrinos más antiguo del Camino de Nidaros. Aunque no suelo dar demasiada información práctica (alojamientos, restaurantes, transportes, etc.) por aquí, creo conveniente comentar alguna cosa acerca de los precios para que podáis hacer una estimación de los costes de peregrinar a Nidaros. Hay un albergue gratuito en el camino y los demás van entre las 75 coronas (10 euros) y las 950 coronas (125 euros). Aunque podemos situar la media en los 30-40 euros por persona noche. Son precios muy razonables teniendo en cuenta que Noruega es un país más caro que España, pero cada vez menos. Y baratos si tenemos en cuenta los lugares donde están situados. Los precios varían en función de las comodidades exigidas. Así, por ejemplo, el mencionado de Middelalder cobra 250 coronas si llevas saco de dormir, 350 si quieres desayuno (no os podéis perder la mermelada de arándonos en los albergues o el bizcocho de jengibre) y 450 si además quieres ropa de cama. El cambio que estoy utilizando, redondeando, es de 7,5 coronas por euro. Pero es algo variable.


Otro dato práctico más, que hoy estoy que lo tiro. El camino está muy bien señalado, pudiendo peregrinar solos sin ningún problema. Tan solo he tenido un par de dudas estos días, pero siguiendo el camino que dictaba la lógica no hubo pérdida. En ocasiones, hay señales con algún nombre que indican un desvío fuera de ruta para llegar a algún albergue o punto de interés. Las señales del camino no tienen ningún tipo de letras. Si hay que poner un pero, diría que falta algo más de información en cada etapa sobre distancias y perfil o el nombre de la etapa que se está recorriendo. Si todo ha salido bien, a esta hora estaré recorriendo el P.N. Dovrefjell, uno de los lugares más interesantes de la ruta. Os contaré ya desde Trondheim.

Las fotos de esta entrada están hechas con una Fuji XS-1 que estoy probando estos días. Son JPEG directos, sin tocar nada.

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Camino de Nidaros (Etapa Ringebu-Albergue Dale-Gudbrands). El trayecto entre Ringebu y el centro de peregrinos Dale-Gudbrans podría pasar desapercibido, por su similitud con la etapa anterior. A no ser por un detalle. Parte de la etapa transcurre por los valles de Gudbransdalen entre granjas y típicas casas de color rojo, junto al río Laagen, por lo que repetimos paisaje. Hasta que se llega a la cascada Fryajuvet , uno de los escenarios del festival que se celebra cada año en honor a Peer Gynt.

¿Qué no sabéis quién es Peer Gynt? Hablamos de un personaje creado por Henrik Ibsen y llevado al pentagrama por el también noruego Edvard Grieg. Peer es un perla, algo pueblerino, con aires de grandeza. Asiste de invitado a una boda y como de ahí sale otra, se enamora de Solveig, pero se acaba escapando con la novia hacia las montañas, donde se encuentra al Rey (el de la suite) que le promete el oro y el moro. Mentira. El rey quiere un pretendiente para su hija, que debía ser más fea que Picio, porque Peer sale por patas y acaba despertándose junto a Solveig. Hay que reconocer que Ibsen le echó imaginación. Pero Peer debió consumar con la hija del Rey de las Montañas y como de tal palo tal astilla, le nace un bicho considerable. Peer se larga a África y se mete en el asunto de los esclavos para acabar dando gato por liebre a un jeque, que piensa que es un profeta. Vamos al final que me estoy liando. Tras mucho viajar se encuentra, ya muy cansado, con su sombra que le cuenta que la ambición le cegó, que su verdadero amor estaba esperando en casa. La cosa acaba con los dos abrazados y Peer convertido en el hombre que susurraba a la noruega.

Pues con todo eso, preparan un festival que ha ido adquiriendo prestigio con el paso de los años. Los enclaves son espacios naturales como la cascada mencionada, con el escenario metido de patas en el agua. Son doce días de espectáculos, entre el 1 y el 12 de agosto. Pues entre los paisajes de los que habla la obra de Ibsen, estamos caminando estos días. Las ovejas nos contemplan al pasar. En ocasiones, cuando caminamos todo el grupo, me siento como el pelotón del Tour de Francia, jaleados por la gente que sale de sus casas. En cambio, cuando vamos solos los dos fotógrafos, no hay gloria para los escapados y la gente pasa bastante de nosotros. La etapa ha sido bastante suave, con desniveles acumulados de 395 metros en subida y 360 en bajada. 17 kilómetros sumados al periplo. La próxima etapa me la venden como bonita. Os sigo contando.

Las fotos de esta entrada están hechas con una Fuji XS-1 que estoy probando estos días. Son JPEG directos, sin tocar nada.

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Camino de Nidaros (Etapa Fåvang-Ringebu). La etapa del martes vino de perlas para relajar las piernas tras la enorme paliza del día anterior. Un rodaje suave, de apenas doce kilómetros con desnivel moderado; 430 de ascenso y 410 de descenso. Lo justo para que las piernas se movieran a ritmo suave para acabar de relajar la musculatura y las articulaciones. La etapa ha transcurrido por la comuna de Ringebu, cuyo lema es “Donde está permitido tener éxito”. Así que con esa interesante filosofía, arrancamos.

El primer punto de interés, tras una ligera ascensión por carretera, fue un puente de madera sobre el río Tromsa. Una inscripción recibe al caminante: “You traveller who wander here witness the wonders of nature. Pay heed to the deeds of God, you see them at all times”. Algo así, como: “Viajero que vagas por las maravillas de la naturaleza. Presta atención a las obras de Dios, las ves en todo momento”. Pues sí o no, que queréis que os diga. Cada uno camina con su propia Biblia en la mochila y caminante no hay camino, se hace camino al andar. La ruta sigue paralela a una valla de madera llena de musgo. Una vez alcanzado el punto más alto de la ruta ya no se pierde de vista el río Laagen, que recorre toda la comarca. Durante estos días estamos recorriendo los valles de Gudbrandsdalen, donde transcurre la mayor parte de las andanzas de Peer Gynt, el personaje de Henrik Ibsen. De la música se encargó Edvard Grieg. Seguro que os suena la pieza En la gruta del rey de la montaña, más conocida como Gadgetomelodía. Como os había comentado en alguna otra entrada del Camino de Nidaros, el bosque noruego está en su mejor momento en lo que a floración se refiere. En la etapa he podido ver el tercer tipo de orquídea diferente. Y aún queda llegar al Parque Nacional Dovrefjell.

Desde un mirador de la etapa se ve la montaña Kvitfjell y el trazado del Súper Gigante de los juegos olímpicos de invierno celebrados en Lillehammer. Comentaba el fotógrafo Òscar Domínguez sobre la diferencia que hay entre las pistas en España, que arrasan con todo a su paso, y lo integrada que estaba esta pista que pasaba casi desapercibida entre un espeso bosque. Tras diez kilómetros recorridos, se llega a una iglesia de madera. Sin ser Fantoft ni Urnes, la de Ringebu es una digna competidora entre las más bonitas de Noruega. El final de etapa fue en Ringebu, una ciudad sin más interés, dos kilómetros más abajo.

Estos días estoy descansando en el centro de peregrinos de Dale-Gudbrands. Ya me hacía falta una cama con colchón. Durante los pasados días ha habido un poco de todo: el suelo de un pabellón, un sofá o la tienda de campaña. Este es el primer albergue que visito en este viaje, pero en el anterior periplo por el Camino de Nidaros, hace un par de años, tuve oportunidad de dormir en varios. Son una maravilla. Suelen ser casas de madera en lugares privilegiados (el de estos días está junto a un río), básicos en la habitación pero donde se cuida cada detalle de la decoración. Todo delicadamente noruego. La cama no fue el único regalo. Durante toda la tarde, tuvimos la mejor luz para fotografiar en lo que llevamos de camino.

Las fotos de esta entrada están hechas con una Fuji XS-1 que estoy probando estos días. Son JPEG directos, sin tocar nada.

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