Camino de Nidaros (Etapa Skåden Gard-Fåvang). Recuerdo una vez cuando era aún más joven que ahora, que mis abuelos me trajeron la Mona en Semana Santa, el pastel típico que se regala al ahijado en Cataluña. A la hora de repartir el pastel se me ocurrió decir que era mi regalo, mi tesoro que dicen ahora en películas hechas para llenar salas. Mi padre decidió que como era mí, yo me la comería. Entera. Lógicamente, aprendí la lección de por vida. O eso creía hasta esta etapa.

Como la ruta se va saliendo de la original para que puedan pasar los carros, los dos fotógrafos decidimos separarnos del grupo y hacer dos etapas en un día de cara a poder hacer algunas fotos de paisaje. A lo Yes, we can. Como el asunto de la tarta. Eran los tramos desde Skåden Farm a Glomstad y desde Glomstad a Fåvang. Perfectamente asumible, los datos que manejábamos hablaban de 15 y 16 kilómetros respectivamente. Al bajar del bus, la gente nos cantaba Adiós con el corazón… El día empezó mal, ya que tuvimos que retroceder tres kilómetros para comprar algo de comida para la ruta. Algunas galletas, chocolate, pan, tomates, embutido y un poco de fruta para no cargarnos demasiado de peso pero poder afrontar con garantías la distancia. Por lo tanto empezábamos a caminar con seis kilómetros extras en los pies. De asfalto.
Lo que nadie nos dijo es que en la segunda de las etapas había un traslado en vehículo de varios kilómetros. En resumen, que acabamos el día con casi 50 kilómetros caminados y desniveles acumulados de 835 metros en subida y 1130 en bajada. Casi a las 11 de la noche hacían su aparición en el campamento dos exhaustos peregrinos. Eso sí, la primera de las etapas es una de las mejores del Camino de Nidaros. Transcurre entre un par de reservas naturales, densos y húmedos (ojo a los mosquitos) bosques de abetos, con el musgo cubriendo las rocas. Se cruza un río varias veces, algunas por cómodas pasarelas de madera y otras metiendo los pies en el agua. Incuso hubo algunas curiosidades que nos hicieron gracia: acabar un ascenso un poco prolongado y encontrar un banco de madera para sentarse, que apareciera una caseta WC en mitad del bosque o que tuviéramos que apartar unas cuantas vacas de la senda para no pasar por encima de ellas.
Lo de la tarde ya fue otra historia. Cierto que seguíamos con paisajes muy bonitos, pero entró el barro en acción. Hubo tres centenares de metros en que el barro nos cubría hasta casi la rodilla y, además, quiso empezar a llover pero el cielo debió pensar “bastante tenéis con lo vuestro”. El barro siguió parte de la ruta, pero el camino era más transitable.
Foto © Òscar Domínguez
Luego llegamos a una zona en que la vegetación cubría el camino. No era densa, pero se notaba que hacía unos días que no pasaban peregrinos por allí. A tres kilómetros para llegar, nos encontramos a un español que vive en Noruega que se ofreció a llevarnos hasta la concentración del grupo. Òscar y yo nos miramos pensando lo mismo: rendirse es de cobardes, si hemos llegado hasta aquí hacemos la entrada triunfal a pie. Fue entrada, pero no triunfal. El grupo de peregrinos llevaba media tarde de fiesta, cerveza va y cerveza viene. Atención a los dos pringados, la justa. O sea ninguna. Menos mal que os tengo a vosotros para contar mis penas.
Las fotos de esta entrada están hechas con una Fuji XS-1 que estoy probando estos días. Son JPEG directos, sin tocar nada.













Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



50 kilómetros, qué bestias!
Pau, hubiéramos hecho alguno menos de haberlo sabido
Alucinada me tenéis. ¿50 kilómetros en un día? Y el barro…. ¡pobrecitos!
Carmen, dicen que no hay camino sin sufrimiento… pero si el tramo que había que hacer en coche nos lo hubiéramos ahorrado, mejor
Vaya caminata llena de aventuras con barro y todo, que valientes!!!, y donde están las saunas tan famosas por esos lares … después de una jornada tan dura os hubiera sentado genial !! Fuerza y ánimo para las demás etapas !!!
María, las saunas las tienen escondidas, jejeje Se llevan, pero no como en Finlandia que hay una en cada esquina. Eso sí, en cuanto encuentre una me fundo dentro.
Que valientes que sois!! Aunque los planes no fueran según lo previsto. No siempre se gana, pero en este caso es difícil perder viendo los sitios por los que estais pasando.
José M., no nos arrepentimos para nada de ninguno de los pasos que estamos dando en el camino.