Camino de Nidaros (Etapa Fåvang-Ringebu). La etapa del martes vino de perlas para relajar las piernas tras la enorme paliza del día anterior. Un rodaje suave, de apenas doce kilómetros con desnivel moderado; 430 de ascenso y 410 de descenso. Lo justo para que las piernas se movieran a ritmo suave para acabar de relajar la musculatura y las articulaciones. La etapa ha transcurrido por la comuna de Ringebu, cuyo lema es “Donde está permitido tener éxito”. Así que con esa interesante filosofía, arrancamos.
El primer punto de interés, tras una ligera ascensión por carretera, fue un puente de madera sobre el río Tromsa. Una inscripción recibe al caminante: “You traveller who wander here witness the wonders of nature. Pay heed to the deeds of God, you see them at all times”. Algo así, como: “Viajero que vagas por las maravillas de la naturaleza. Presta atención a las obras de Dios, las ves en todo momento”. Pues sí o no, que queréis que os diga. Cada uno camina con su propia Biblia en la mochila y caminante no hay camino, se hace camino al andar. La ruta sigue paralela a una valla de madera llena de musgo. Una vez alcanzado el punto más alto de la ruta ya no se pierde de vista el río Laagen, que recorre toda la comarca. Durante estos días estamos recorriendo los valles de Gudbrandsdalen, donde transcurre la mayor parte de las andanzas de Peer Gynt, el personaje de Henrik Ibsen. De la música se encargó Edvard Grieg. Seguro que os suena la pieza En la gruta del rey de la montaña, más conocida como Gadgetomelodía. Como os había comentado en alguna otra entrada del Camino de Nidaros, el bosque noruego está en su mejor momento en lo que a floración se refiere. En la etapa he podido ver el tercer tipo de orquídea diferente. Y aún queda llegar al Parque Nacional Dovrefjell.
Desde un mirador de la etapa se ve la montaña Kvitfjell y el trazado del Súper Gigante de los juegos olímpicos de invierno celebrados en Lillehammer. Comentaba el fotógrafo Òscar Domínguez sobre la diferencia que hay entre las pistas en España, que arrasan con todo a su paso, y lo integrada que estaba esta pista que pasaba casi desapercibida entre un espeso bosque. Tras diez kilómetros recorridos, se llega a una iglesia de madera. Sin ser Fantoft ni Urnes, la de Ringebu es una digna competidora entre las más bonitas de Noruega. El final de etapa fue en Ringebu, una ciudad sin más interés, dos kilómetros más abajo.
Estos días estoy descansando en el centro de peregrinos de Dale-Gudbrands. Ya me hacía falta una cama con colchón. Durante los pasados días ha habido un poco de todo: el suelo de un pabellón, un sofá o la tienda de campaña. Este es el primer albergue que visito en este viaje, pero en el anterior periplo por el Camino de Nidaros, hace un par de años, tuve oportunidad de dormir en varios. Son una maravilla. Suelen ser casas de madera en lugares privilegiados (el de estos días está junto a un río), básicos en la habitación pero donde se cuida cada detalle de la decoración. Todo delicadamente noruego. La cama no fue el único regalo. Durante toda la tarde, tuvimos la mejor luz para fotografiar en lo que llevamos de camino.
Las fotos de esta entrada están hechas con una Fuji XS-1 que estoy probando estos días. Son JPEG directos, sin tocar nada.













Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



quuie pudiera acompañaros en esos viajes…. un trabajo muy bonito
Muchas gracias, Natacha.
A todos nos gusta la aventura, pero donde se ponga una buena cama…
Y la coges con unas ganas después unos días durmiendo en el suelo…
Gracias por este regalo ,son unas fotos increíbles un país increíble y unas increíbles palabras, que buen trabajo te seguimos por este viaje, un saludo
Gracias a ti por pasarte, Elvira
que maravilla!!! el año que viene me voy con toda la familia…..ojala!
Araceli, si tienes oportunidad será un viaje precioso. Aquí me tienes para cualquier información que te pueda dar.