Broadway es uno de los pueblos más representativo de los Cotswolds. Seguimos con la construcción en piedra caliza y su característico tono meloso. Los habitantes de Broadway pasan casi de puntillas por el pueblo, en silencio. Un ritmo tranquilo, casi indolente, para la planificada ruta de las mañanas: de la frutería a comprar la prensa y de ahí a correos. En una breve parada para intercambiar impresiones con el vecino, aprovecho para escuchar de qué habla la gente por aquí. El volumen es tan bajo que cuando me quiero dar cuenta formo parte del corrillo.

Tras el mutuo interés por la meteorología, pasamos a cosas más serias. Me confirman la tranquilidad del pueblo, al que acuden buscando retiro gente sin preocupación por el día de cobro. Cuando estoy a punto de marcharme, amenazan con contarme una leyenda y lo hacen. Miran a ambos lados con desconfianza, se acercan a mí y bajan aún más el volumen para susurrarme que en ese hotel de enfrente vive un fantasma. Como en cualquier castillo o manor que se precie, les contesto. No, ahí (no se atreven a decir el nombre del lugar) es en serio. ¿En The Lygon Arms? Schuussssss.

Ante semejante caramelo a la puerta de colegio, no puedo resistirme a cotillear a través de la ventana. Un huésped lee una sección del diario local llamada Bizarre (Extraño). Buen comienzo, no queda sino reservar una habitación.

El hotel en cuestión es el Barceló The Lygon Arms, uno de los más emblemáticos de Inglaterra. In the days of Marychestnut, ya ofrecía habitaciones a visitantes tan respetables como Carlos I de Inglaterra o el héroe de las guerras civiles inglesas, Oliver Cronwell. La habitación del rey conserva la escalera de caracol que al parecer servía para que escaparan las visitas sin ser vistas. Cuando digo visitas no hace falta puntualizar que no debían ser consejeros, a no ser que tuvieran falda. La ficha de registro de Oliver Cronwell data del día anterior a la Batalla de Worcester. Si vamos a morir, vamos a pasarlo bien el último día, debió pensar. A la tan inglesa leyenda del fantasma, hay que añadirle la superstición. Parece ser que por más que pongan el número 43 en la puerta de esa habitación, acaba apareciendo el 13 en la puerta. Estuve buscando al fantasma para compartir con vosotros alguna foto, pero me fue esquivo. Quizá porque lo busqué demasiado tiempo en el spa y poco en la habitación. O quizá, después de todo sí que lo vi. ¿Alguien lo intuye en el salón?

Si queréis más información sobre Stratford, los Cotswolds o Inglaterra, podéis visitar la página de Visit Britain.

Más información sobre el hotel y reservas, en la página de Barceló.

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La localidad de Stratford-upon-Avon es conocida por ser la cuna de William Shakespeare. El Bardo de Avon no llegó precisamente con un pan debajo del brazo. Al poco de nacer, su padre fue acusado de trapicheos con el comercio de la lana. No mejorarían las cosas el día que William se presentó en casa de la mano de una mujer ocho años mayor y, además, embarazada. Las suaves colinas de los Cotswolds o quizás algún granero, habían tentado a la joven pareja que pagaron su sonado revolcón con una temprana boda.

Siguiendo con esta desconocida faceta mía de correveidile, parece ser que el matrimonio no acabó empachado de perdices. Los estudiosos del autor han recurrido con frecuencia a la paronomasia para desgranar el First folio y tratar de encontrar las razones de esas desavenencias de las que no se conocen motivos. Aunque si tiramos de tradición, cuentan que las mujeres en aquella época podían ser azotadas con una vara, no mayor que el pulgar, si el fuego de la casa se apagaba. Teniendo en cuenta que los rudos hombres acostumbrados a trabajar en el campo tenían, más que manos, un muestrario de morcillas de Burgos, ya empiezan a aparecer los motivos.

De esa práctica sólo ha quedado la frase Under one’s thumb, dicha cuando alguien está sometido o “bajo el pulgar”. Como colofón, parece ser que Shakespeare le dejó en herencia su segunda mejor cama, que no debía ser del todo mala porque Anne le sobrevivió siete años. Sea como fuere -hay tesis que avalan justo lo contrario- los dos encontraron sepultura en la Iglesia de la Santa Trinidad. Habría que preguntar a los arquitectos de Stainburn Taylor qué tal se encuentran después de la restauración de la lápida. El amenazante epitafio “Bendecido sea el hombre que no moleste estas piedras y que la maldición esté en el que mueva estos huesos” parece que no aguantaba ya las pisadas del clero y hubo que darle un repaso.

Muchos de los pueblos de la zona, Stratford no es una excepción, responden al estilo arquitectónico Tudor, con algunas pinceladas isabelinas o de esa amalgama de estilos que es la arquitectura victoriana. Veamos algunos ejemplos sin salirnos del itinerario shakesperiano. La sede del Midland Bank (victoriana), luce relieves con escenas de la obra del escritor tallados en la fachada.

La Anne Hathaway’s Cottage es un buen ejemplo del estilo Tudor, con las características vigas de madera formando parte del entramado de la fachada. Una casa de 12 habitaciones, huerto y diversos trastos de la época.

La Royal Shakespeare Company tiene su sede en Stratford. Los escenarios de los cuatro teatros (Royal Shakespeare Theatre, Swan Theatre, Courtyard Theatre, The Other Place) han sido pisados por actores de la talla de Jeremy Irons, Dustin Hoffman, Ben Kingsley, Jude Law, Vanessa Redgrave, Judi Dench, Mia Farrow… también por mí. Al acabar las representaciones y ensayos, se puede encontrar a los actores en el pub Black Swan, popularmente conocido como Dirty Duck. El letrero de la fachada es como una moneda de doble cara y según tu estado de atención o de embriaguez, ves al cisne o al pato sucio. Tomando una pinta de cerveza (o dos) desde la terraza del Black Swan, con la intuición de que acabaría siendo dirty, por supuesto que dirimí sobre la cuestión hamletiana.

Si queréis más información sobre Stratford, los Cotswolds o Inglaterra, podéis visitar la página de Visit Britain.

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La Inglaterra de las Midlands y los Cotswolds es un cuento con tendencia al tipismo. Sus suaves paisajes ondulados invitan a recorrerlos con las dosis adecuadas de calma, pero sin llegar a la estereotipada flema inglesa. La región es mundialmente conocida por ser la cuna de Shakespeare, aunque antes que letras hubo ovejas. Los leones de Cotswolds son una raza de ovejas lanudas que llevaron riqueza a la región hasta que al finalizar las guerras civiles se puso de moda la seda, mucho más chic para la gente de bolsillo cómodo.

De aquella época nos han llegado los fabulosos Manors y un puñado de iglesias, que se quedaron con un buen ovillo para que los pastores de Dios levantaran góticos espacios para la grey o rebaño. Todo encaja. Tras la crisis del asunto de la lana, las ovejas que se pueden ver salpicadas por los Cotswolds lucen un punto rastafari y una indolencia al acrílico debida. Los Cotswolds forman la mayor zona AONB (siglas en inglés para Zona de Excepcional Belleza Natural) y sus habitantes se preocupan de que así siga siendo. Los pueblos, algunos entre los más bonitos del país, están cortados por parecido patrón. El material más utilizado es un tipo de piedra caliza de característico color meloso, que funciona igual de bien en la iglesia que en el pub del pueblo.

La mayoría de esos pueblos cargan con varios siglos a sus espaldas. A Chipping Campden ya le pusieron mercado en 1627, unos años antes de que se empezaran a liar a palos durante tres guerras casi seguidas. Mi querido Graham Greene estuvo viviendo por aquí una temporada. En una tamaño más manejable tenemos las dos Slaughter, la de arriba y la de abajo. Siguiendo un riguroso trabajo de documentación, procuré saber cuándo rodaban el anuncio de Fairy pero nadie supo concretarme. Luego está Bibury. Descrito por William Morris, el precursor del Art Nouveau, como uno de los pueblos más bellos de Inglaterra. La calle Arlington Row es la más característica de Bibury, con sus casas con aspecto de maqueta.

Parece ser que sirvió de escenario para la película El diario de Bridget Jones, aunque debo confesar que no la he visto pero me fío de la guía que me lo contó. Una de las visitas estrella de la región es la del castillo de Warwick. Aquejados por las deudas, los herederos decidieron vender la propiedad al Grupo Tussauds que lo ha convertido en una especie de parque temático del medievo, llenando las diferentes estancias de muñecos de cera. Recreaciones hechas a veces con bastante fortuna y otras con menos.

En la próxima entrada viajaremos a Stratford-upon-Avon para encontarnos con Shakespeare y señora.

Si queréis más información sobre la región podéis visitar la página de Visit Britain.

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