Suena el móvil del conductor. Reconozco la banda sonora de El Hombre y la Tierra, soniquete que lo es de mi infancia, cuando había sólo dos canales y todavía merecía la pena sentarse ante el televisor. Félix Rodríguez de la Fuente hizo grande a esta tierra. ¿Quién no ha imitado alguna vez la voz de Félix al toparse con el típico buitre de discoteca al acecho de su presa? ¿Tú eres de los que quería que la rapaz agarrase con sus garras a la cabra montés o preferías que se escapara? Si no lloraste con su muerte y con la canción que le dedicaron Enrique y Ana, es que eres demasiado joven.

Si te pido que enumeres tres grandes espacios naturales, probablemente te vayas fuera de España. Si no te dejo traspasar la frontera, casi con toda seguridad que el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas -más que un nombre, letanía a la que le encima le han añadido el .com- no estará entre los elegidos. Pues bien, hablamos de la mayor extensión protegida que tenemos en el país. Abarcar las más de 210.000 hectáreas como un todo puede ser algo pretencioso e intentar visitar algo más que unos pocos kilómetros cuadrados en un día, puede ser una odisea. Hice la ruta desde Cazorla con Turisnat, un consorcio de empresas turísticas especialistas en visitas guiadas, senderismo y rutas en vehículos 4×4, una buena alternativa cuando se dispone de poco tiempo o se quiere sacar todo el partido a una visita por el parque.

Subiendo desde la pista que sale de Cazorla, empezaron a aparecer el acebo y el muérdago, que en unos días adornaran los hogares de toda España para acabar, tras los excesos navideños, en el cubo de la basura. Por desgracia. Cada una de las especies tiene su papel en el ecosistema. El acebo puede vivir hasta 500 años, pero es obvio que su ciclo es mucho más corto cuando el hombre está cerca. Dado que su fruto es invernal, es una de las escasas fuentes de alimento para las aves en esa época del año. El muérdago actúa como parásito y para que germine tiene que pasar por el estómago del pájaro que se alimenta con él. Al evacuar, la semilla queda impregnada de una especie de pegamento que la adhiere a las ramas de los pinos y vuelta a empezar. Así que como todavía estamos a tiempo, ¿qué tal si nos acordamos de Cazorla a la hora de decorar la casa en las próximas fiestas?

El nacimiento del río Guadalquivir se ha convertido en uno de esos lugares del álbum familiar del yo-estuve-aquí-cuñado. Como apunte, destacar que el charco bajo el cartel indicador llega navegable a Sevilla. La gente llega en coche hasta las fuentes, se hace la foto y media vuelta. A veces no sabes si es bueno o malo que se vayan sin visitar los tejos de edad bíblica que se esconden en la sierra.

Otro de los grandes atractivos del Parque Natural de las sierras de Cazorla, Segura y las Villas es la facilidad para la observación de fauna, principalmente de cérvidos como gamos y ciervos o muflones, primos de las cabras. También jabalíes. Tras los primeros avistamientos, llegó uno de esos momentos para los que se inventaron las salidas a la montaña: reparto de bocadillos y vasos de vino. Había que coger fuerzas para recorrer el sendero junto al río Borosa por el tramo de la Cerrada de Elías.

Unas pasarelas de madera hacen posible el paso por el lugar más estrecho del curso. La ruta completa parte desde la piscifactoría que hay cerca de la Torre del Vinagre, que sirvió de residencia a un señor bajito en sus jornadas de caza. Son diez kilómetros de recorrido, con puntos tan interesantes como la cascada del Salto de los Órganos, el nacimiento del río o la laguna de Aguas Negras.

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Corría el año 27 a.C cuando un grupo de romanos fundaba la Bética, que abarcaba gran parte de Andalucía incluyendo un pedazo de Jaén. Unos años atrás, los romanos habían dejado de darse palos con los cartagineses por la hegemonía del Mediterráneo. Por lo tanto, entre otras cosas, tenían el dominio de las exportaciones de cereales, vino y aceite. Dos milenios después siguen llevándose aceite para Italia. Hay cosas que apenas han cambiado y ya los romanos clasificaban el aceite en cinco calidades. De mejor a peor, los oleum ex albis ulivis (aceitunas verdes), oleum viride (maduras), oleum maturum (negras), oleum caducum (aceitunas del suelo) y oleum cibarium (casi podridas, era aceite destinado a los esclavos). Hoy nos hemos quedado con tres tipos: el virgen extra, el virgen a secas y el lampante, que sería lo más parecido al lubricante para coches y es el que suele poblar las estanterías de los supermercados.

Localidad de Quesada rodeada por el mar de olivos

Regresando a la antigüedad, ese periodo que tan entretenidas leyendas nos dejó, encontramos al olivo en los mejores tratados de mitología y fábulas bíblicas. A un olivo le debemos la fundación de Atenas, un olivo fue lo primero que vieron Rómulo y Remo junto a la loba y una rama de olivo fue lo que trajo la paloma enviada por Noé a buscar tierra. En la Edad Media tendríamos que hacer un paréntesis porque el aceite fue desperdiciado para usos litúrgicos y para que ardiera en candiles. Un olivo, una leyenda. En Jaén hay 60 millones de olivos y muchas más historias personales detrás. Yo os doy las pistas, pero preguntar a Google por poemas y odas al olivo. Miguel Hernández se hizo eco de las historias personales mencionadas, Antonio Machado habló del ciclo del olivo, Alberti y Lorca también le hicieron sitio entre sus versos.

El alfarero Juan Tito, de Úbeda, sostiene una alcuza que sirve para guardar aceite

Durante años nos contaron que al llegar a Despeñaperros había que dormirse, que venían curvas y que al otro lado sólo había un monótono paisaje como tránsito a otras provincias andaluzas. Tras los últimos retoques, Despeñaperros ha perdido toda fiereza y los campos de olivares se antojan como un enorme jardín zen. Los paseos entre árboles centenarios, el conocer el ciclo del olivo y los juegos geométricos de los campos desde las alturas dan mejor sosiego al alma que mover tierra con un rastrillo. Cuando te metes un poco en esos campos descubres que la apuesta por la calidad en detrimento de la cantidad está dando joyas como el aceite Castillo de Canena, que cada año firma un personaje conocido. Este año le ha tocado al NBA en paro Pau Gasol. Desde que varean la aceituna hasta que su zumo llena esas botellas, pasan apenas dos horas y media. La revolución sigue en la mesa.

Los cocineros que ungen sus alimentos con el oro líquido -el concepto no es nuevo, ya lo acuñó Homero- ganan prestigiosos premios gastronómicos, como Juan Pablo Gámez (restaurante Los Sentidos en Linares) que acaba de llevarse el premio Internacional “Jaén, paraíso interior” en el congreso “Lo Mejor de la Gastronomía”.

Cata de aceite en el restaurante Los Sentidos (Linares)

Muestra de la gastronomía del restaurante Los Sentidos (Linares)

Siguiendo ese sendero hedonista del aceite, di con mi maltrecha espalda en el Spa del hotel Sierra de Cazorla. Los tratamientos con aceite de oliva y piedras calientes son su especialidad, un buen punto final a una jornada virgen extra, que para lampante ya está el día a día.

Masaje con aceite de oliva en el hotel Sierra de Cazorla

Post Scriptum. Pensamiento en voz alta del que esto os cuenta.
Cuando viajo es el olivo, mejor su ausencia, el que me indica cuando tengo que empezar a tararear a Serrat y sentir nostalgia del paisaje mediterráneo.

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El Barceló La Bobadilla es uno de esos lugares que uno debería visitar, al menos, una vez en la vida. Ese locus amoenus tan necesario para dar reposo a cuerpo y mente o rendir merecido homenaje a Epicuro.

En el siglo XIX el escritor Washington Irving recorrió Andalucía. De Loja, Irving dijo: “Es agreste y pintoresca. Por encima de la ciudad todo es salvaje y estéril, mientras que en su parte inferior medran la más rica vegetación y el más fresco verdor que imaginar cabe”. La vigencia de aquellas palabras se descubre al visitar la Finca La Bobadilla, al sur de donde el Genil se convierte en Iznájar. El diplomático estadounidense recordaba que, con notorio acierto, Loja ha sido denominada la llave de Granada por su situación dominante a las puertas del paso montañoso. Y eso es precisamente lo que ofrece el hotel Barceló La Bobadilla, una llave para adentrarse en Granada, en Andalucía. Paisaje, arquitectura, don de gentes, sabor y esa sensualidad tan característica del sur conforman el tarro de las esencias encerrado tras las paredes del establecimiento gestionado por Barceló desde la gestión fallida de sus anteriores propietarios, unos excéntricos centroeuropeos que buscaban el benigno clima de las tierras del sur y un lugar donde organizar los saraos con sus amigos de la jet europea. Entre centenares de hectáreas de olivos y encinas, también algún almendro, está enclavada la propiedad, símil de un coqueto pueblo andaluz. Tras pasar al interior, bajo la columnata de mármol, ya se percibe que algo especial nos espera. Las habitaciones tanto en arquitectura como en decoración son todas diferentes y sus dos Suites Imperiales cuentan con jacuzzi en su interior.

SALUS PER AQUAM

No hay nada nuevo bajo el sol, ¿o quizás sí? El acrónimo Spa, originario del latín, viene de antiguo y ya los pobladores romanos, también los árabes, supieron del beneficio del agua para la salud. Lo que sí es relativamente nuevo son los tratamientos que propone La Bobadilla en sus instalaciones de 700 m2, como la choco y la vino terapia.
Y para la cocina, ¡ay! la cocina. Lutz Bösing está al mando de los fogones y bien se podría decir que ha vendido su alma a los Egis, Nereo, Chariades, Lampria, Apctonete, Euthyno y Ariston, sin olvidar la inestimable colaboración de Baco. Es en el Restaurante La Finca, único 5 tenedores de la provincia, donde las palabras maridaje, fusión, arte o imaginación se presentan en forma de cuidadas preparaciones gastronómicas que satisfacen a los más exigentes paladares. En otro de los restaurantes, El Cortijo, se ofrece lo mejor de la cocina nacional. Y El Mirador, abierto en verano, para degustar el producto de temporada junto a la piscina. Oferta variada, generalmente amenizada con el quejido de alguna guitarra española siempre en buenas manos, como todo lo que atañe al hotel.

Al hacer las maletas y abandonar La Bobadilla, me siento como Boabdil, acertado nombre para una de las dos Suites Imperiales. La otra recibe el nombre García Lorca y decía el poeta en sus Impresiones de Granada que “la estética genuinamente granadina es la estética del diminutivo” y en eso está la clave, en esos pequeños detalles que hacen grande nuestro paso por un lugar.

DATOS PRÁCTICOS

BARCELÓ LA BOBADILLA
Finca La Bobadilla, Apdo. 144.
E 18300 LOJA-GRANADA
El hotel dispone de 70 habitaciones repartidas en 26 dobles, 34 Junior Suites, 6 Suites, 1 Suite con 2 Dormitorios, 2 Suites Imperial y 1 Suite Real.

CÓMO LLEGAR
Desde Granada: Autovía A-92 dirección Granada-Sevilla
Salida 175 (Vva. De Tapia, Iznájar, Salinas. Tomar dirección Vva. de Tapia)

RESERVAS

www.barcelo.com o en el TEL. 902 101 001

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