La primera sensación que tienes cuando pisas esta pequeña localidad es que es uno de esos lugares de borrón y cuenta nueva. Cuando pensamos en eso tan recurrente de paren-el-mundo-que-me-bajo, la parada que soñamos suele tener aspecto de San José del Cabo. Metáfora urbanística de otra vida es posible, con un poco de arquitectura colonial, un desierto que acaba en el mar, discretas playas en el corredor que llega hasta Cabo San Lucas, por donde es una delicia navegar para ir a ver el Arco o las ballenas desde diciembre hasta abril; unas pinceladas históricas ligadas a Hernán Cortés, sugerente gastronomía, y el bendito tequila, que protege de todos los males.
Lo único que se podría echar de menos es la lluvia, con años de hasta 364 días de sol.
Durante mucho tiempo México tuvo treinta estados, un Distrito Federal, y un territorio que ahora ya es estado, pero la localidad parece ajena a ese nuevo estatus territorial. Del carácter oceánico, ni rastro. Si acaso del mar de Cortés, algo más tranquilo que el hermano mayor de donde bebe. Para muestra, la actitud de los lugareños con el huracán. Desde San Diego hasta Cabo San Lucas no hay ni un solo río, por lo que les interesa que llegue una vez al año el huracán. El agua queda almacenada para ir utilizándola el resto del año. El huracán es predecible, saben de dónde viene y se encierran en casa a hablar con la familia. Cuando llega le invitan a pasar abriendo un par de ventanas para que circule.
A la sombra de la calma que se respira, se han instalado un buen puñado de galerías de arte. Patricia Mendoza es mi cicerone y, con una copa de Sauvignon Blanc en la mano, vamos recorriendo las diferentes galerías. Hasta que llegamos a la del peculiar Frank Arnold, que le puso a su perro Picasso y macera tequila con diferentes frutas en elegantes botellas de cristal.
Las necesidades aquí se reducen a poco más que una sombra en el porche de una casa de vivos colores, de donde cuelga una hamaca que te llama en susurros mientras te sirves un tequila reposado. Quizás con un poco de música también, ni siquiera compañía, tal vez una buena canción sea la mejor. Fue en San José del Cabo donde empezó mi aventura con Margarita.











Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



Qué colorido, fantástico
Pau, sin duda un bonito lugar. Gracias.
La verdad es que el colorido hace que las fotos trasmitan alegria y una gran energia positiva!! Y lugo la del mar.. tranquilidad absoluta. Muy buenos contrastes y geniales fotos, como siempre
Muchas gracias, Casas vacaciones. Un buen sitio para plantearse, como mínimo, una escapada.