Viendo a Thorbjörn Holmlund preparar una de las típicas barbacoas suecas, a base de salmón, carne de reno y alce, patatas, zanahorias y cebollas asadas, nadie diría que es uno de los empresarios con más visión (y dinero) del país. En el Vildmarkscenter de Svansele, su museo de la vida silvestre reúne una interesante colección de animales para que podamos conocer su comportamiento durante las distintas estaciones del año.

Su último proyecto se llama Stoor’n y consistirá en una especie de alce de Troya con capacidad para 350 personas. Dispondrá de sala de conferencias y un restaurante, con un ascensor en el interior de un árbol artificial para acceder a las plantas superiores. El inicio de las obras está previsto para la próxima primavera, con la idea de tenerlo listo en dieciocho meses.

En el mismo centro ofrecen unas interesantes rutas en quad por la reserva natural que lo rodea, una ruta por dunas, campos y caminos entre coníferas para terminar con un baño en una sauna al aire libre. Si se quiere apretar más el acelerador ya hay que desplazarse hasta el centro de conducción Skellefteå, un circuito en el que podemos poner a prueba nuestras habilidades con todo tipo de vehículos; desde un tractor o un camión de bomberos, hasta coches preparados para competición.

La actividad está recomendada para grupos. El cronómetro decidirá quién se lleva el título de mejor conductor. Yo paré el crono en 59.48 segundos, marca que me hizo acreedor del diploma al conductor más rápido. También de una camiseta y una gorra del circuito. Fueron sensaciones como poco interesantes. Poder gastar rueda en un circuito cerrado, lejos de esos radares recaudatorios que nos han puesto en cada recta de las carreteras españolas.

El circuito también dispone de saunas y unas cabañas donde pasar la noche e invitar al sol a entrar para que nos despierte.

Acabo estas entradas dedicadas a Laponia sueca haciendo referencia a sus habitantes, gente afable, cercana, a las que el sol saca a vivir sus calles (pocas en esta latitud) y, sobre todo, su naturaleza.

Si quieres más información sobre Suecia y Laponia puedes visitar la página de Visit Sweden o la de Laponia sueca, con completa información en español.

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Nos habíamos quedado en la anterior entrada con una clara disposición a liberar adrenalina en territorio sueco. En la orilla del Báltico esperaba una lancha neumática armada con dos motores de 300 caballos. Cada vez que una ola se cruzaba ante nosotros, la embarcación literalmente volaba. Cuando el piloto se da cuenta de que has cogido un poco de confianza, que apenas te mueves del asiento, empieza un baile de virajes que lleva a la lancha a plegarse sobre el agua. Tras los pertinentes titubeos al pisar tierra firme, toca buscar Skellefteå en el mapa (pronúnciese She left you, más o menos). Cada año, a principios de julio, celebran el Stadsfesten, un festival de cuatro días de duración en los que no falta la comida, la bebida en envases siempre de plástico y la música. Cartel no les falta. Hay más de doscientas bandas activas en el municipio.

La estrella de este año fue la artista de moda en Suecia, la cantante Robyn. Con buenas dosis de pop electrónico y sus histriónicos movimientos hizo las delicias de todos los asistentes. Durante el festival también se celebra un mercado tradicional, junto a las antiguas casas de madera.

Exposición de coches antiguos, recetario clásico de la gastronomía sueca, artesanía y, cómo no, más música. En este caso son los violines, acordeones y violoncelos los que dan una melodía propia de las bandas sonoras de Mark Knopfler, de celebración melancólica.

Por el río Skellefte, que da nombre a la localidad, se navega a un ritmo muy diferente al de las lanchas rápidas. La barcaza Victoria Express se desplaza sin prisas, ofreciendo al pasaje unas fresas y un poco de vino blanco mientras saluda a los pescadores que se pelean con el salmón. La banda sonora la puso un chaval con buena voz y mejor guitarra, que nos acompañó todo el trayecto cantando los temas que le íbamos pidiendo, nuestra propia jukebox a bordo.

Las aguas de otro río, el Byske, son idóneas para la práctica del rafting o el hidrospeed, deporte en el que tumbado en una tabla, con traje de neopreno y las protecciones adecuadas, tratas de domar a la corriente. Te dan unas sencillas instrucciones para encontrar el equilibrio, pero también Marco tardó un montón de capítulos en encontrar a su madre. Quiero decir, que con el agua pasando por encima de ti, bastante tienes con ver por dónde te lleva. Aunque el único peligro real de la actividad son los mosquitos que revolotean por la ribera del río. Unos mosquitos que se comían a cucharadas el repelente con el que me bañé antes de entrar en el agua. Jodido Darwin y jodidos mosquitos que eran capaces de traspasar el traje de neopreno con sus aguijones. No obstante, la actividad fue muy interesante. Navegando por un río a las 10 de ¿la noche? con luz de atardecer. Además, tan solo salí del río unas decenas de metros más abajo del punto indicado.

Si quieres más información sobre Suecia y Laponia puedes visitar la página de Visit Sweden o la de Laponia sueca, con completa información en español.

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¿Alguna vez os ha despertado el sol? Y no me refiero al sol del mediodía tras una dura noche de visitas “culturales”. Hablo del sol cálido, suave, el de las primeras horas del día, cuando entra por una ventana que dejaste abierta intencionadamente. La última vez que me ha pasado ha sido en Suecia, en los vastos territorios de Laponia a los que viajé el pasado mes de julio. Eran horas intempestivas, pero el tacto del sol se antojaba caricia.

Cuando la primavera empieza a oler a verano el sol ya llega con generosidad a esta parte del globo, desaparece la capa de nieve y los suecos se encuentran con extensos paisajes. Extensos en el sentido nórdico de la palabra. Enormes territorios de aparente nada donde hay más kilómetros cuadrados que habitantes. Una nada bella, con un sol que ya no quiere ponerse. A horas en las que los europeos más sureños llenamos de bombillas nuestros ratos, la gente de Laponia ve como el sol flirtea con el horizonte, insinuante, sin llegar a esconderse para levantar de nuevo el vuelo con suavidad: es el sol de medianoche.

Geográficamente hablando, el periodo de total luminosidad se ciñe a las localidades al norte del Círculo Polar Ártico, en un periodo que oscila, según la latitud, desde finales de mayo hasta mediados de julio. Pero el resto del país disfruta de largos días durante todo el periodo estival. Se vive en la calle, se hacen actividades a cualquier hora. El culto al esperado sol tiene lugar durante el Midsummer, antiguamente celebrado la velada y el día del 23 y el 24 de junio, pero hoy adaptado al viernes y sábado coincidentes entre el 19 y el 26 del mismo mes. La fiesta reúne a familiares y amigos en una especie de versión sueca del corro de la patata, danzando alrededor del maypole. Se comen arenques preparados de mil maneras al ritmo que marcan los brindis hechos con los tradicionales snaps, generalmente de akvavit o vodka. Si la fiesta está animada (los snaps ayudan) se cantarán snapsvisor, una suerte de odas al licor que se va a tomar. El brindis suele ir dirigido por el anfitrión y cuando levanta su vaso hay que mirar al resto de comensales.

Durante el verano, hay dos maneras de vivir la región de Laponia. Por un lado la idílica, como inquilino de una cabaña de madera junto a un lago, con una pequeña barca para tratar de pescar sin importar el resultado, una mecedora junto a la puerta, una copa de vino. Tal vez cambiando la cabaña por una habitación en un faro, como el de Bjuröklubb, con vistas al mar Báltico, y levantarse por las mañanas para acercarse al café Fyren a buscar un poco de pan recién horneado que acompañe al arenque y las gambas que la mujer del pescador vende en la propia barca.

La otra forma de disfrutar de la naturaleza de Laponia es adentrándose en ella para practicar actividades de aventura. Yo opté por la segunda, aunque también hubo tiempo para la hedonista. El próximo día os cuento.

Si quieres más información sobre Suecia y Laponia puedes visitar la página de Visit Sweden o la de Laponia sueca, con completa información en español.

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Estos días en Estocolmo se empieza a confundir la comida con la cena. Justo cuando van a traer el postre se acaba eso que se parece al día. La ropa de abrigo, la de verdad, hace días que ha salido de cajones y armarios. La primera de las cuatro velas del candelabro de Adviento se ha encendido ya (una por cada domingo previo al 25 de diciembre) y los mercadillos de Navidad buscan su sitio entre las 14 islas que forman la ciudad.
Con un poco de suerte, habrá nieve en abundancia (yo la tuve pero tímida) en la plaza Stortorget de Gamla Stan, el casco viejo de la ciudad. Las casetas rojas han abierto sus puertas y ofrecen galletas de jengibre (pepparkakor), ese delicioso vino caliente con especias (glögg) cuya receta guarda cada familia cual fórmula de Coca-Cola, y también hay embutidos de reno y alce. Y cuando digo ofrecen es porque te da la sensación de que la parte comercial no exista. El Made in China no tiene espacio entre las artesanías y productos locales.
Te puede gustar más o menos el periodo navideño, verlo desde un punto de vista bíblico o de ciencia ficción, pero creo que cada uno puede modelar esos días a su gusto o disgusto. Un paseo por estos mercadillos, pisoteando la nieve con el vaso de glögg en las manos como queriendo calentarlas mientras se sopla y se bebe a pequeños sorbos un poco ruidosos, el sonido de algún coro, todo formando parte de un escenario que inevitablemente te traslada al Cuento de Navidad de Dickens y aunque quieras ser Mr. Scrooge, al final te acaba gustando un poquito.
En el mercado instalado en Skansen, el Museo al Aire Libre, te acabas trasladando a otra época, a la Suecia más rural donde se puede ver como preparan la cerveza navideña, se da forma a las velas y maceran el bacalao. La parte más comercial también existe. En los escaparates de NK, El Corte Sueco, los niños se pegan como lapas al cristal para ver una especie de ciudad de los juguetes, mientras los padres silban mirando para otro lado y agarran fuerte la cartera en el bolsillo.

 

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