Nos habíamos quedado en la anterior entrada con una clara disposición a liberar adrenalina en territorio sueco. En la orilla del Báltico esperaba una lancha neumática armada con dos motores de 300 caballos. Cada vez que una ola se cruzaba ante nosotros, la embarcación literalmente volaba. Cuando el piloto se da cuenta de que has cogido un poco de confianza, que apenas te mueves del asiento, empieza un baile de virajes que lleva a la lancha a plegarse sobre el agua. Tras los pertinentes titubeos al pisar tierra firme, toca buscar Skellefteå en el mapa (pronúnciese She left you, más o menos). Cada año, a principios de julio, celebran el Stadsfesten, un festival de cuatro días de duración en los que no falta la comida, la bebida en envases siempre de plástico y la música. Cartel no les falta. Hay más de doscientas bandas activas en el municipio.
La estrella de este año fue la artista de moda en Suecia, la cantante Robyn. Con buenas dosis de pop electrónico y sus histriónicos movimientos hizo las delicias de todos los asistentes. Durante el festival también se celebra un mercado tradicional, junto a las antiguas casas de madera.
Exposición de coches antiguos, recetario clásico de la gastronomía sueca, artesanía y, cómo no, más música. En este caso son los violines, acordeones y violoncelos los que dan una melodía propia de las bandas sonoras de Mark Knopfler, de celebración melancólica.
Por el río Skellefte, que da nombre a la localidad, se navega a un ritmo muy diferente al de las lanchas rápidas. La barcaza Victoria Express se desplaza sin prisas, ofreciendo al pasaje unas fresas y un poco de vino blanco mientras saluda a los pescadores que se pelean con el salmón. La banda sonora la puso un chaval con buena voz y mejor guitarra, que nos acompañó todo el trayecto cantando los temas que le íbamos pidiendo, nuestra propia jukebox a bordo.
Las aguas de otro río, el Byske, son idóneas para la práctica del rafting o el hidrospeed, deporte en el que tumbado en una tabla, con traje de neopreno y las protecciones adecuadas, tratas de domar a la corriente. Te dan unas sencillas instrucciones para encontrar el equilibrio, pero también Marco tardó un montón de capítulos en encontrar a su madre. Quiero decir, que con el agua pasando por encima de ti, bastante tienes con ver por dónde te lleva. Aunque el único peligro real de la actividad son los mosquitos que revolotean por la ribera del río. Unos mosquitos que se comían a cucharadas el repelente con el que me bañé antes de entrar en el agua. Jodido Darwin y jodidos mosquitos que eran capaces de traspasar el traje de neopreno con sus aguijones. No obstante, la actividad fue muy interesante. Navegando por un río a las 10 de ¿la noche? con luz de atardecer. Además, tan solo salí del río unas decenas de metros más abajo del punto indicado.
Si quieres más información sobre Suecia y Laponia puedes visitar la página de Visit Sweden o la de Laponia sueca, con completa información en español.













Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



Encima tuvisteis la suerte de toparos con un concierto de Robyn jejeje
Toda una sorpresa el concierto de Robyn. Aunque he de reconocer que no es mi música preferida, Pau. Como también que el ritmo de algunas de sus canciones es contagioso
ya me siento mejor después de saber que NO SOY LA ÚNICA ATORMENTADA POR LAS MOSQUITAS….la fotografía de la gente mirando unos extraños seres que son enanos de jardín o…………….
Por cierto mi sobrina mirando las fotografías dice que le gusta la del señor dándose de tortas con el agua.y que hace ese señor con un perro y cabras……..¿las vende? Claudia 7 años
Los extraños seres son una especie de trolls hechos de lana, Tassia.
Detrás del señor fui yo a darme tortas contra el agua. Y me di unas cuantas. La señora paseaba las cabras por el pueblo pero yo no le vi intención de venderlas. Gracias por tu consultra, Claudia.