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Sigo de viaje por Centroamérica, aunque ya queda muy poco para regresar a España. Si todo va bien, el viernes llegaré a casa. Durante este mes y medio que ha durado el viaje, he visitado Honduras, Guatemala y Nicaragua. Una de las cámaras que llevo conmigo es la nueva YO! y21, idónea para grabar todo tipo de actividades de aventura. En unos días publicaré un completo review de la cámara, que graba vídeo en Full HD. Con ella me he subido al canopy más alto de Centroamérica, he navegado por el río San Juan o he hecho kayak en el lago Cocibolca. También os mostraré los vídeos según los vaya editando. De momento, os dejo el del canopy. Está muy cerca de la localidad hondureña de La Campa y, como os decía, es el de más altitud en Centroamérica. Son casi 300 metros en su punto más elevado, el tramo más largo es de 700 metros y se alcanzan velocidades de 140 kilómetros por hora. Alucinante. Incluso cuando, debido a las rachas de viento en contra, me quedé a mitad de camino en una de las tiradas, colgado a más de 200 metros de altura y disfrutando del paisaje.

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La baleada es uno de los estandartes de la gastronomía hondureña, una tortilla hecha de harina de maíz, rellena de frijoles machacados y queso rallado en su receta más básica. Hoy en día se han incorporado nuevos ingredientes al ya de por sí contundente preparado, como huevo picado, mantequilla, aguacate y carne. Tiene su origen en los complicados días del auge de la república bananera, cuando era necesario enfrentarse a los campos con una primera (a veces única) comida muy energética.

Durante mucho tiempo hubo dudas sobre el origen del nombre, pero en Honduras conocí a Rafael Ramos, un guía que tuvo ocasión de acompañar a unos trabajadores del FBI que buscaban información sobre lo que había pasado con su padre, uno de los directivos de la Tela Railroad Company. Buscando entre los archivos de la compañía, supieron cómo había acabado los días su padre, pero también la historia de la baleada. En el año 1954, tuvo lugar una gran huelga de los trabajadores del banano que llevó a la creación del sindicato Sitraterco. Durante esos difíciles días, se escapó más de un disparo. Uno de ellos hirió a la mujer que preparaba las mejores tortillas. Cuando por fin se recuperó, continuó vendiendo en su puesto. Los trabajadores decían: “ Vamos donde la baleada”.

Las baleadas se siguen tomando en el desayuno, eso no ha cambiado, pero a los tradicionales puestos callejeros les ha salido la competencia de un par de franquicias que han convertido a las baleadas en el fast food hondureño. Tanta es la demanda, que en el principal molino de Honduras se dedican en exclusiva a moler la harina que utilizarán más tarde las mujeres de los puestos del mercado de Guamilito.

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