Y digo yo, ¿qué pasaría si alguien tuviera la falta de educación de meternos una cámara en la cara y disparar a discreción?
Ayer se inauguró en el Salón vestíbulo del Edificio magno histórico de la Universidad de Barcelona la exposición Srebrenica. Memoria de un genocidio del fotógrafo y amigo Alfons Rodríguez. La muestra recoge 40 impactantes imágenes realizadas recientemente con motivo del 15º aniversario de la masacre. Fotografías llenas de tensión, de lágrimas que seguirán cayendo. En palabras del propio Alfons, no es una exposición hecha para gustar sino para remover conciencias. Hay pocas razones mejores para levantar el culo del sofá y tratar de entender que pasa en nuestro mundo, especialmente en un mundo a tan sólo dos horas de nuestros cálidos hogares.
Tras el peaje de unas autoridades crecidas en este tipo de eventos, se dio paso a una visita guiada por el propio autor y el pistoletazo de salida al aperitivo. En apenas unos minutos las bandejas quedaron como si les hubiera pasado por encima el Katrina. Señoras de alta condición social, menguada fortuna y nulos modales, con cierta resistencia a la apoplejía que tienen una agenda cargada de inauguraciones y demás saraos dieron buena cuenta de las patatas chip. La pena es que ni siquiera saben dónde está Srebrenica.
Estos días me encuentro de peregrinación en Noruega y tengo el privilegio de tener a César Justel como compañero de viaje. Durante varias décadas, César recorrió los pueblos de España en busca de fiestas y tradiciones curiosas. Como compañeras de viaje tuvo a María Ángeles Sánchez y a Cristina García Rodero.
Viajero de largos recorridos, cree en el viaje sin billete de vuelta. Me comenta que si tienes dos o tres meses un viaje sale barato, lo que encarece un viaje es la falta de tiempo. Con esa filosofía, se marcha a la India durante un año y medio. Corría el año 1969 y sólo volvió para vender algunos reportajes y viajar de nuevo, esta vez a Sudamérica, con lo obtenido por ellos.
Como anécdota curiosa y buen ejemplo no sólo de la época de vacas gordas sino de la valoración que se hace de la profesión en otros países, César me cuenta que en la década de los 80 le llamó un fotógrafo de la revista alemana Stern para pedirle información sobre las fiestas en España. Cuando se publicó el reportaje le mandó un ejemplar de la revista junto con un cheque de 100.000 pesetas: la información se paga, le dijo. Cobró más por la información que por su reportaje publicado en España.
En una época en la que se debate sobre naciones y nacionalidades parecemos no darnos cuenta que con la pérdida de fiestas y tradiciones dejamos escapar eso que tanto se reclama, la identidad. Charlamos también sobre el papel de la iglesia que ha tratado siempre de catolizar las fiestas, provenientes de ritos paganos en su mayoría. Aunque hay que reconocer que eso también ha evitado que muchas celebraciones desaparezcan.
He aprovechado la tesitura para hacerle algunas preguntas a César.
El fotógrafo viajero (EFV) - ¿Qué perdemos cuando desaparecen fiestas y tradiciones?
César Justel (CJ) - Parte de nuestra identidad, lo que nos diferencia. No soy partidario de las subvenciones que muchas veces son las responsables de la desaparición de la fiesta.
EFV - ¿Cuál es la celebración más peculiar o la que más recuerdas?
CJ - La primera vez que vi el Paso del Fuego en San Pedro Manrique. Es un buen ejemplo de que todo tiene una causa, de que hay que investigar el ritual. De dónde procede, por qué no se queman los mozos. El ratón -un alias-, que ya murió, bailaba sobre las brasas.
EFV - Como escritor y periodista, ¿cuándo tienes la necesidad de utilizar la fotografía?
CJ - Desde siempre, pero hay que aprender también a olvidarse de la cámara, a saber guardarla. Tomar notas, mirar de captar la esencia del lugar, empaparte de ella. La cámara lo condiciona todo. No hay más que ver que en el momento que aparece la televisión se acaba la fiesta, la espontaneidad.
EFV - ¿Una ventaja y un inconveniente de la fotografía digital?
CJ - La ventaja clara es el peso y el ahorro de dinero y el inconveniente que te esfuerzas menos por la inmediatez del resultado, te relajas sabiendo que si cometes un fallo no es irreparable.
Sobre el peso y el ahorro, le comento que bajo mi punto de vista es todo lo contrario, pero él se ha acostumbrado a trabajar con menos equipo y ya no necesita los carretes y el revelado.
EFV - ¿Qué has aprendido viajando?
CJ - A ser bastante comprensivo y que la gente, en los pueblos, es buena.
Que es muy importante sentir la historia antes de fotografiarla. Siempre desde el respeto, intentando pasar desapercibido. El egoísmo de querer sacar una foto lo rompe todo, lo falsea.
EFV - ¿Cuál es la foto (tuya) que más te gusta?
CJ – Aquélla que es única. Uno foto única tiene mucho valor. A veces, incluso por encima de si es buena. ¿Una foto sólo? Me quedo con todo un trabajo, el libro Pueblos con encanto (El País-Aguilar).
EFV - ¿Está todo perdido? Me refiero a la pasada época de vacas gordas…
CJ - Antes te aceptaban cualquier cosa que les llevaras, siempre y cuando fuera interesante. Ahora se acepta lo que se paga, es decir lo publicitario. Estás falseando el reportaje. Quien paga sale.
EFV - Un consejo para alguien que está empezando.
CJ - Que hay temas. Hay que ir a buscarlos. El problema es que la gente hoy en día quiere trabajar menos. Todos los inicios costaban y había que trabajar mucho, muy duro. Viajábamos con muy poco dinero.
Tampoco puedes endiosarte. Si alguien me viene con el cuento de que tiene un reportaje muy bueno del Cabo de Gata, le digo que tú y cientos más. Necesito ver la diferencia, el enfoque, un buen tema bien trabajado.
EFV - ¿Qué foto te hubiera gustado hacer? Destaca el trabajo de otro fotógrafo.
CJ - Pues probablemente alguna fiesta del extranjero. Como la Romería de Pulque en México.
En cuanto al trabajo de otro, sin duda el de Cristina García Rodero.
Muchas gracias, César.
| © 2010 RAFA PÉREZ - Todos los derechos reservados | Suffusion theme by Sayontan Sinha |