Había madrugado mucho, quizá demasiado, pero quería comprobar el porqué del apelativo de Ciudad Roja para Albi. El mirador era inmejorable. Sentado en el poyete de la ventana de mi habitación, la 309 del hotel Mercure Albi Bastide, esperaba a que amaneciera. El hotel está situado sobre el río Tarn, en lo que fue una antigua fábrica de pasta y donde se dice que se empezó a fabricar por primera vez la que tiene forma de letras. Amaneció lentamente, como si la luz se recreara en cada uno de los palmos de la ciudad para tratar a todos por igual, con el mismo mimo. Se incendiaba Albi. Los primeros rayos del día enrojecían aún más los característicos ladrillos de las construcciones de la ciudad.

Tras las primeras fotos del día, de un salto a la calle. Era sábado, por lo tanto día de mercado. El temprano paseo trae aromas de café recién molido y la gente pasea con sus cestos de mimbre. Las verduras parecen y huelen como verduras, obsesión de urbanita acostumbrado a que sus ensaladas sean inodoras e insípidas. En uno de los puestos del mercado hace rato que cocinan el Aligot y la Truffade con salchichas, para tener todo a punto a la hora en que se llene el mercado. Justo enfrente, una opción más ligera que esas bombas calóricas: media docena de ostras con champagne. Más allá unos quesos, pato, siempre pato; huevos, pan bio, embutidos que quieren parecerse a los nuestros y frutas con nombres tan sugerentes como Bella Esther para una clase de manzanas. Esto en el exterior. En el interior del mercado hay paradas para paladares educados, sibaritas. Tropiezo con la mirada maternal de la panadera y salgo de allí con un bollo de pan con semillas. Podría decir que en el Ipod sonaba La vie en rose de Edith Piaf: Des yeux qui font baisser les miens… Pero no, era sólo Sabina.

Cuando empezaron las obras del Palacio Episcopal de la Berbie, de característico ladrillo rojo, debieron encargar más material de la cuenta, y se pusieron a hacer también una catedral. Con tanto empeño que tardaron dos siglos en acabarla. Probablemente, la Catedral de Albi esté entre los edificios más grandes del mundo construidos en ladrillo. Algunas fuentes dicen que es el mayor. Para no entrar en guerra de tamaños, os puedo decir que es una bestia hecha como muestra de poder para impresionar a los herejes cátaros. Ladrillo y mano de obra como si no costara.

En el Palacio Episcopal, encontraron a los cuadros de Toulouse-Lautrec el sitio que no tuvo en Toulouse ni en París por exceder la moral de la época. En esta visita, no tuve demasiado tiempo para disfrutar del museo, pero sí en la que hice el año pasado. Al pobre Henri, la primera herencia que le dejaron fue su picnodisostosis, una clase de desorden genético producido por la consanguinidad de los padres (eran primos).

La vida del pintor transcurrió entre meretrices de reputación legendaria. El 1’52 del artista fue un dechado de virtudes: alcohólico, sufrió ataques de delirium tremens, y entre sífilis y gonorreas, a las que no fue ajeno, creó algunas de sus obras más conocidas.

Más información sobre el Tarn y Francia en los siguientes enlaces:
Atout France
Turismo de Midi-Pyrénées
Turismo del Tarn

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11 Comentarios a “Un día en Albi”

  1. Preciosa ciudad con una gastronomía excelente, sobre todo para los que nos encanta el pato y sus derivados, como a mí. Y siempre la presencia del gran Tolouse-Lautrec.

  2. A mi me impresionó mucho la catedral de Albí, será porqué en la época era medio cátaro…
    Los frescos sobre el infierno son geniales, con la gente cocinandose en una enorme olla. Pero todas las chicas guapas etaban ahí.

  3. No he estado nunca pero me han hablado mucho de este lugar. A todo esto, la primera foto y la última son desde el hotel?? ¡¡Menudas vistas!!

  4. Paco, en efecto es una ciudad que reúne la mayoría de las cosas que busca un buen viajero: tranquilidad, buena gastronomía e interesante oferta cultural.

  5. Jordi, si por chicas guapas te refieres a todas las que no escondían las tetas con la Biblia, sí, en efecto, todas se estaban cociendo en la olla. ;-)

  6. Ainara, son las vistas desde la habitación. Va en serio que estaba sentado en el ancho poyete de la ventana.

  7. Expectaculares las fotos como siempre. Y si encima dices que esas eran las vistas desde tu habitación.. envidia, mucha envidia!! Genial trabajo. Saludos!!

  8. Hola Rafa, yo conozco bastante bien Albi y siempre me ha impresionado la vista del palacio y la Catedral desde el puente, cruzado el Tarn. Has hecho unas fotos fantásticas, en serio, te felicito.

  9. Muchosol, gracias. Las vistas eran espectaculares. Fue un lujo acostarse y despertarse así durante un par de días.

  10. Gracias, Montserrat. SI conoces Albi ya sabrás que es una ciudad que engancha. No se cansa uno de la vista que mencionas desde el puente.

  11. Información Bitacoras.com…

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