En cada viaje procuro saber qué se escucha y qué se lee en el país o región que voy a visitar. Es una manera como cualquier otra de documentar un viaje y, además de funcionarme desde hace muchos años, me sitúa en el lugar y me ayuda a intentar comprender un poco a una sociedad, sus comportamientos, sus tradiciones, incluso sus creencias a veces. En Lisboa se vino conmigo el fado en el Ipod. Aparte del más tradicional, el que elevó a Amália a la categoría de mito, o el más nuevo de Mariza, intenté descubrir alguna artista más. Entonces apareció Ana Moura para quedarse para siempre (os recomiendo abrir el vídeo en otra pestaña y escuchar a Ana mientras leéis la entrada). Siguiendo con las heteronimias como hilo conductor de las entradas sobre Lisboa, tenemos distintos personajes o distintas caras adoptadas por el fado. 

El fado se canta en penumbra, como para uno mismo, es un poema que se oye y que se ve. Dicen que hay que nacer fadista para darle voz al barrio, para dar voz a todos esos sentimientos que no puedes explicar, como el nudo en la garganta o las hormigas en el estómago. Nostalgia, melancolía y pesimismo resignado forman parte de las notas. En la Alfama hay un interesante Museo del Fado donde explican la historia de la música, los tipos de instrumentos, pasan un audiovisual muy interesante y tienen una sala de audición donde poder escuchar a los principales intérpretes de la historia del fado. 

En el museo también hay una escuela donde conocí al profesor de guitarra portuguesa Antonio Parreira. Lógicamente le pregunté dónde podía escuchar buen fado en Lisboa y lógicamente me mandó muy lejos de la Alfama, donde más actores que cantantes, rozando el paroxismo, cierran sus ojos al cantar y sólo los abren para ver si al salir has comprado el CD. Acabé en un restaurante llamado Sr.Vinho, regentado por la fadista Maria da Fé. Cada noche actúan diferentes cantantes, principalmente chicas, con unas voces deliciosas. El restaurante no es barato, alrededor de los 30-40 euros por persona, pero merece totalmente la pena la experiencia. 

 

El tema de las fotos fue ciertamente complicado. La primera noche que pasé no fue posible porque había políticos cenando y por eso de la transparencia no estaban cómodos si se hacían fotos. Al día siguiente, cantaban Liliana Silva y Gisela João. Me indicaron desde la dirección del local que no debía hacer ruido con la cámara y que la luz se reducía al mínimo durante las actuaciones (bendita D700 a 6400 ISO). 

No es justo que se lleven todo el protagonismo las voces. El fado no está completo sin el acompañamiento de la viola o guitarra y la guitarra portuguesa, que tiene un sonido más delicado que nuestra guitarra y el doble de cuerdas que hay que acariciar más suavemente para que no se queje. El sonido recuerda vagamente al sitar indio. Si vais por la capital lusa no dejéis pasar la oportunidad de asistir a un buen recital de fado, entenderéis mucho mejor ese nosequé que tiene Lisboa y que atrapa desde el primer instante.

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