En esta entrada os podría hablar de filosofía kantiana, de cómo las ciudades nos han robado las estrellas. También os podría decir que, en muchas ocasiones, dormir no es lo mejor que podemos hacer por las noches. Pero sólo os diré que mereció la pena quedarse toda la noche en vela, en completo silencio. Y eso es justo lo que os propongo, que tratéis de mirar las fotos en silencio. Que os imaginéis que estáis tumbados bajo un cielo tan limpio como el que hay al pie del Teide. Os dejo con las estrellas hasta el lunes, cuando seguiremos descubriendo las cosas que se pueden hacer en Tenerife sin toalla. Buen fin de semana.

Astroamigos hace salidas para los que prefieren ser guiados por el firmamento. Grupos reducidos, de un máximo de ocho personas.

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ago 162010

Todavía no he tenido la ocasión de visitar Saint-Rémy-de-Provence, el lugar donde, a mediados de 1889, Van Gogh pintó su famoso cuadro Starry Night. Estoy seguro que si hoy se asomara a la ventana del sanatorio el grado de locura le hubiera dejado sin algo más que una oreja. La pequeña localidad cuenta con algo más de 10.000 habitantes ávidos de luz (artificial por supuesto) y rodeados de ciudades como Nimes o Marsella.

Cada vez hay que irse más lejos para disfrutar de esas noches estrelladas. La pasada noche del jueves 12, orgía de las Perseidas, escogí el Pirineo aragonés como anfiteatro. La noche anterior ya tenía la tienda plantada. Scorpius y su roja Antares fueron puntuales a su cita, pero más tarde las nubes reclamaron sus minutos de gloria que al final fueron horas. La mañana del jueves amaneció clara. Sólo un espejismo. Durante todo el día se alternaron las nubes, que fueron descargando, y la espesa niebla que puso el telón sobre mi cabeza hasta que hacia las 2 me fue regalada una de esas madrugadas de sonrisa gélida (el mercurio se paseó por los bajos del termómetro). Casiopea me señaló el camino a Perseo. Empezaba el espectáculo y no quiso faltar nadie: en el palco de autoridades presidía la Vía Láctea, escoltada por Altair y Vega; estuvieron Aries, Tauro y Orión, de las últimas en llegar. El cielo sonreía.
En cada viaje me acompaña algún libro, a veces vinculado al destino y otras no. A priori, las Memorias de Tennessee Williams no tienen nada que ver con las Perseidas, pero al llegar a la página 22 leo:
“Entre tantos encantos, para mí el mayor era coger las bicicletas e internarnos en el cañón al anochecer, en una época en que el cielo era todavía un poema…Y así siguieron las cosas hasta agosto, que es cuando el cielo se vuelve loco por la noche, lleno de estrellas fugaces que sin duda influyen en los destinos humanos, aun cuando luzca el sol.”
Hablaba del año 1939, cuando todavía era posible ver las estrellas desde casi cualquier sitio, cuando todavía Van Gogh habría podido pintar noches estrelladas si no se hubiera suicidado meses después de acabar Starry Night. Cuando el cielo era todavía un poema.

Cerca del horizonte, a la derecha, se puede apreciar el trazo de una de las Perseidas. La distorsión se debe a que la óptica utilizada fue un 15 fisheye.


La constelación de Orión (El Cazador) apareció hacia las 5 de la mañana.

La Vía Láctea. La franja naranja del horizonte corresponde a la contaminación lumínica de la ciudad de Huesca, ¡¡¡ a más de 100 kilómetros de distancia !!!

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Los últimos días he estado de visita por La Palma. Lo allí visto y vivido me ha llevado de nuevo a la filosofía kantiana. Tendría razones de sobras para desgranar los paisajes de la isla en busca de argumentos para tratar de comprender mejor sus Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime, pero me quedaré mejor con una de las frases que marcó su trayectoria. Primero un extracto de la misma:

El cielo estrellado empequeñece al hombre.


La frase completa es:

El cielo estrellado que está sobre mi y la ley moral que está en mi. Lo primero empequeñece al hombre, lo segundo representa su grandeza. El hombre es un ser paradójico, grande y pequeño al tiempo. No debe olvidarlo. Ni tampoco dejarse engañar. La contemplación del cielo puede terminar en astrología y la reflexión moral conducir a la superstición.


Uno de los motivos del traslado a las afortunadas fue el de asistir a las ponencias de Fotonature y el otro, aprovechar para hacer un reportaje de la isla. El principal atractivo de La Palma lo encontramos en sus cielos. La casi ausencia de contaminación lumínica -contribuye a eso la política de alumbrado de los núcleos de población- nos regala uno de los mejores cielos del mundo. De hecho, La Palma ha sido firme candidata a albergar un nuevo telescopio que finalmente se instalará en Chile.
En este viaje me acompañaba Jordi Busqué, el fotógrafo que fue astrofísico. Hace algún tiempo le regalé a mi hija el libro El Quijote explicado a los niños y una versión, también infantil, de Platero y yo. Tener la compañía de Jordi ha sido como tener a mi disposición al autor de uno de esos libros. Jordi me ha explicado el cielo y una primera lección de astronomía con el tono y el lenguaje adecuado para llegar a todos los públicos, eso sí, con altas dosis de pasión. Ver a Jordi ir a cazar estrellas es un ejemplo muy gráfico de las virtudes que debe tener un fotógrafo: pasión, esfuerzo -temperaturas bajo cero en Canarias- y sacrificio -apenas un par o tres de horas mal dormidas-.


Noche tras noche, en el Roque de los Muchachos, he podido saber qué es un Telescopio Cherenkov, que Júpiter es una estrella abortada: no fue lo bastante masiva como para llegar a estrella. Lo que sería una especie de quiero y no puedo. Y a Saturno le fue por los pelos. Que la luz zodiacal son partículas de polvo y guarrerías, algo así como tener la casa sin barrer. Me ha contado curiosidades como que un satélite pasó por el interior de la cola de un cometa, sacó una especie de dedo y cogió una muestra o que otro aterrizó en la cola. Cometas que son de hielo de carbono y que sus restos forman las lluvias de estrellas.
Tras la primera lección con la Osa Mayor, la Menor y la Polar, avanzamos un poco. Al poco de ponerse el sol aparece Venus, que en otra época del año es el Lucero del alba. ¿No es un precioso y sugerente nombre? Sirius es la más brillante, en apariencia. Es la cabeza del perro del cazador, que se llama Orión y tiene un bonito cinturón.
Después de ver y fotografiar la Vía Láctea, me cuenta Jordi que si en Cataluña se fuera la luz, al momento podríamos ver la Vía Láctea desde la Plaza Cataluña de Barcelona. Hay que tener en cuenta que la contaminación lumínica de la Ciudad Condal puede verse desde los Pirineos. Es un tipo de contaminación que se puede paliar rápidamente y depende de nosotros: ¿Apagamos la luz?

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