Como os contaba en la primera entrada, en mis primeras visitas a Tenerife el Teide no era más que el recuerdo de una imagen de poca calidad en el libro de Ciencias Naturales, con el pie de foto indicando que era el pico más alto de España. Ahora tocaba enfrentarse a él, llegar hasta los 3.718 metros de su cumbre.

Los días anteriores había utilizado los remos, los pedales, disfruté con la elegancia de los delfines y me sentí muy pequeño bajo la Vía Láctea. Ahora tocaba usar las piernas. Aunque en voz baja os diré que el primer tramo lo hice en el teleférico, que te deja a 3.555 metros. Desde allí hasta arriba, pues despacito. A esa altura escasea el aire y abres mucho la boca como para atrapar más del que te corresponde. Conviene tener en cuenta que, por medidas de conservación, para acceder a la cumbre por el sendero Telesforo Bravo, hay que contar con autorización del parque. Se puede solicitar online y te darán día y hora para el ascenso.

Por lo demás, pasitos cortos, despacio y sin haber hecho copiosas comidas antes. Y por favor, no os llevéis piedras en los bolsillos. Uno de los lujos con los que conté en el viaje, fue la compañía de David Calvo, vulcanólogo del ITER (Instituto Tecnológico de Energías Renovables). Pedí a David que me soltara una perla para el artículo y esto fue lo que me contó: “Hay probabilidades de que en los próximos cincuenta años haya una erupción en el archipiélago canario”. Ya hace más de un siglo de la del Chinyero y cuarenta años de la del Teneguía, por lo que están al borde de la media que les corresponde.

Tras un paseo por la cumbre, caminamos por el sendero que llega hasta el inicio de una de las rutas más exigentes de la isla, dicen que la más bonita. Pero quedará para otra ocasión el descenso al Pico Viejo. En su lugar, nos desplazamos hasta el mirador de La Crucita para hacer el sendero a la Caldera de Pedro Gil, pasando por el volcán Arenas Negras para llegar hasta el pueblo de Arafo.

Nos esperaban Nayra y Aaron, de Teno Activo, para guiarnos. El primer tramo de la ruta lo hicimos por la pista, ya que el sendero estrecho que cae a plomo por el interior de la montaña estaba dañado por el tránsito de bicicletas (hay que estar un punto loco) y las recientes lluvias. Bosque de pino canario, cenizas volcánicas y lapilli, algún que otro tajinaste y el mar de nubes, formaron el camino hasta las proximidades de Arafo, cuando la cercanía del mar sirvió de referente para el final de las más de tres horas de descenso.

Como hemos ido viendo estos días, lejos de la playa, sin toalla, es cuando de verdad le podemos tomar el pulso a una isla preciosa, cercana y asequible. El próximo día nos vamos a La Gomera.

Más información de la isla de Tenerife en el siguiente enlace.

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En la anterior entrada nos habíamos quedado en una especie de introducción a una isla de Tenerife sin toalla. Como sé que si no os explico algo de las alternativas al sol y playa, vais a salir corriendo con el bote de bronceador, aquí vamos con lo que fue mi última visita a la isla. La primera cruz en el mapa la iba a marcar cerca de Icod de los Vinos, en la Cueva del Viento. La cueva es la quinta mayor del mundo en terreno volcánico. Si tenemos en cuenta que las otras cuatro están en Hawai y nos queda poco a mano, se puede considerar a la Cueva del Viento como la única joya geológica de estas características a nuestro alcance. La cueva abrió al público hace tres años, pero se formó un poco antes. Concretamente hace 27.000 años (perdonad que no anotara el día) como producto de las primeras erupciones del Pico Viejo. El recorrido se hace en grupos de un máximo de catorce personas y está limitado el número máximo de visitas.

Para preservar las características de la cueva y de las más de 190 especies animales, invertebrados en su mayoría, no hay luz artificial instalada en el interior de la misma, por lo que proveen de frontales a los visitantes. Uno de los momentos más impresionantes de la visita es cuando te invitan a apagar el frontal y quedarte unos segundos en silencio.
De Icod de los Vinos me fui hacia el acantilado de Los Gigantes, en esa parte de la isla que casi garantiza el sol durante todo el año. Porque ese es otro de los mitos de Tenerife, debido en parte al hombre del tiempo. Y en Canarias buen tiempo. Con esa frase acababa siempre “el parte” y se quedaba tan ancho. Pues eso, que saliendo de ese sur nos encontramos con la panza de burro, esa nube que llega empujada por los alisios y va dejando poco a poco esa lluvia horizontal que tan bien le sienta a la laurisilva. Pero estábamos en Los Gigantes, donde había quedado con la gente de El Cardón para navegar en kayak junto al acantilado y luego subir al barco de apoyo para ir a avistar cetáceos.

Hubo suerte con el delfín mular. Varios ejemplares, con una cría, pasaron varias veces por debajo de la embarcación y nos acompañaron en parte de la navegación. Me quedé con ganas de probar otra opción muy interesante: llegar haciendo senderismo por el barranco de Masca y recoger al final los kayaks para navegar por la zona. Por la tarde llegó la ruta en BTT.

Un descenso de 17 kilómetros hacia el volcán Chinyero. He visto bicicletas de muchas clases, hubo una época en la que tenía tiempo de salir en bicicleta de montaña y alguna cosa me quedó. Las máquinas que MTB-Active puso a mi disposición -no es del todo cómodo viajar con tu propia bicicleta en avión- son las mejores que he montado.

La ruta tuvo de todo: sol, lluvia, niebla al adentrarnos en el mar de nubes, lavas negras de la erupción del Teide, un bosque en el último tramo con una alfombra de flores amarillas (no conozco el nombre de esa flor que aparece en una de las fotos. Si alguien lo sabe que lo deje en un comentario).

El último tramo del descenso fue a degüello, intentando demostrar que el que tuvo retuvo, hasta que llegó una curva que casi se me indigesta. Al final, descarga brutal de adrenalina y ganas de volver a hacer ese recorrido o cualquier otro de los ¡más de 40! que tienen identificados. No hubo tiempo para más, por lo menos de día. Empezaba a caer la noche y esperaba una de las actividades que todo el mundo debería hacer de vez en cuando. El próximo día os cuento.

Os dejo los datos de las empresas con las que fui realizando las actividades por si necesitáis más información.

Web de la Cueva del Viento
Kayak y avistamiento de cetáceos: El Cardón
Ruta en BTT: MTB-Active

Más información de la isla de Tenerife en el siguiente enlace.

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Todo el año preparando las vacaciones, nervios de última hora al hacer la maleta y esa extraña sensación de que te olvidas algo. Le llevas el canario a la vecina, encargas que te riegue las plantas, te vas a despedir de la suegra y cuando por fin llegas a Tenerife, te viene como un relámpago a la cabeza: te has dejado la toalla en casa. La solución sería comprar una en cualquier tienda de Todo a 100 (1 euro), pero entonces se acabaría aquí la entrada y os quedaríais sin saber qué hacer en Tenerife si se te olvida la toalla.

He visitado Tenerife en numerosas ocasiones. Pero muy pocas, sólo las últimas, me planteé una visita así a la isla. Había hecho viajes en los que no evité, ni quise, caer en todos y cada uno de sus tópicos, haciendo la ruta del Puerto de la Cruz a Santa Cruz y viceversa, viviendo más de noche que de día, cuando acudía a dormir a la playa de Las Teresitas. ¿Y el Teide? El pico más alto de España, decía el maestro.

A la hora de salirnos del turismo embotellado que tan bien ha vendido nuestro país durante las últimas décadas, te puedes plantear diversas opciones, algunas incluso buenas para la salud. Hacer senderismo entre bosques de laurisilva, alguna ruta en BTT entre volcanes, ver el espectacular tajinaste en floración, tumbarse bajo la Vía Láctea a no hacer absolutamente nada, navegar con la compañía de cetáceos.

Podemos pensar en algo más epicúreo; homenajes gastronómicos, descubrir buenos vinos, descansar en una bonita casa rural. Lo normal sería necesitar varias semanas de vacaciones y otros tantos destinos para realizarlo todo. O escaparse a Tenerife. Donde en pocos kilómetros podemos pasar de bosques antediluvianos a tener la compañía del delfín mular, de darnos cuenta de todas las estrellas que nos han robado en las ciudades a hacer un descenso en bicicleta junto al volcán Chinyero, de brindar con uno de los excelentes vinos de la isla a tumbarte a ver pasar la vida en la piscina de tu alojamiento rural.

De todo ello, os hablaré los próximos días en el blog. Luego habrá tiempo para La Gomera y La Palma, dos islas muy interesantes y un poco desconocidas al quedar fuera de la influencia franco-anglo-alemana. Mientras, os dejo con algunas fotos a modo de introducción.

Panorámica compuesta por 12 fotografías unidas con Photomerge

Más información de la isla de Tenerife en el siguiente enlace.

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