Vamos con Manarola. El pueblo aparece rodeado por viñedos de vendimia imposible. Viñedos de los que sale un raro vino del que se ha comentado largo y tendido, por lo que dejaré que sean otros los que hablen del Sciacchetrà. El notario del emperador Federico I se refería, al escribir sobre las costas de Vernazza, a una gente devota a Baco y Fray Salimbene de Parma en su Chronica cuenta que ese vino es capaz de tumbar literalmente a un hombre tras haber bebido unos pocos vasos. Definitivamente, algo tendrá este vino cuando hasta Dante habla de él en el canto XXIV del Purgatorio, también hace lo propio Petrarca en su Aphrica y Bocaccio en el Decamerón le atribuye la capacidad de curar el mal de estómago del Abad de Cluny.
Manarola deriva del latín Manium Arula: templo dedicado a Mani, el alma de los muertos. El único lugar que guarda alguna relación con el nombre es su cementerio. El campo santo de Manarola es nostálgico y romántico: “Abierto al viento y a las olas/ cementerio ligur/ una rosácea tristeza lo colorea/ cuando de noche/ igual que una flor/ la gran luz se va desvaneciendo y muere”, como narraba el poeta Vincenzo Cardarelli.
Una peculiaridad del pueblo es su Archivo de la Memoria. A finales de los años setenta su promotor, Anselmo Crovara, comenzó a recolectar todo aquello que haya servido algún día y animado por el proverbio de que quien busca, encuentra, ha logrado reunir centenares de objetos de todos los tiempos que muestra encantado a quien se interese por ellos. Desde Manarola sale el sendero más famoso de las Cinque Terre. Durante la construcción del ferrocarril los obreros necesitaron un lugar de paso que además les fuera útil para guardar los explosivos que utilizaban.
Años después de finalizar las obras, al descubrir este pasaje, los habitantes de Manarola y Riomaggiore deciden comunicar los dos pueblos con la Strada Nuova, convirtiéndose más tarde en Via dell´Amore al encontrar esta inscripción hecha por alguna de las parejas que utilizaban el sendero para jurarse amor eterno ante el Mediterráneo. Si entregáramos a un niño uno de esos juegos de construcción con piezas de colores, seguramente haría un pueblo como Riomaggiore. Casas apiladas, cálidos colores, decenas de ventanas y cuestas infinitas.
En la última noche que pasé en Cinque Terre, una de las rocas junto al puerto hizo de improvisada mesa para comer una de las mejores pizzas que recuerdo, acompañada de una botella de vino blanco convenientemente enfriada en el minibar del hotel y por un gran amigo (Félix, acaba ya tu página para que pueda enlazarte). El último vistazo, sin poder ni querer evitarlo, antes de regresar a casa fue desde Cabo Montenero. Alineados uno tras otro aparecen los cinco paese mirando al Mediterráneo, el único capaz de hacer cambios en su fisonomía.
Yokmok es una agencia especializada en viajes de aventura para grupos reducidos. He encontrado en su página una interesante propuesta para hacer senderismo en Cinque Terre. Os la dejo enlazada por si queréis echar un vistazo. Senderismo en Cinque Terre.





































Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.


