Tras volver a casa, me puse a pensar cuál sería la mejor manera de explicar el Centro Niemeyer. Sin duda, la más simple. La que contarías a ese niño que te tira del pantalón y se va poniendo gradualmente pesado para lanzar una pregunta detrás de otra.

Señor, señor… ¿Qué es el Niemeyer?
El Centro Niemeyer es un espacio para la cultura, esa cosa que hay más allá de los cómics, de la Nintendo, incluso de Hannah Montana. Allí se darán cita la música, el teatro, la danza; se celebrarán exposiciones y se proyectarán películas y documentales.
El Niemeyer es mucho más, es un espacio para los avilesinos y todos los que se acerquen a visitar la ciudad. Para todos va a ser un punto de encuentro, un paseo al atardecer, un nuevo reto en patines; besos de adolescente, primeros pasos de una promesa para empezar a correr el lunes.

¿Cómo es? ¿De qué tiene forma?
Tiene, sin duda, el sello de Oscar Niemeyer. Se ve clara la atracción del arquitecto brasileño por la sensualidad de la curva. (El niño pone cara de anonadado) ¿Sensualidad de la curva? Para que me entiendas, tiene forma de media bola de helado de nata, de un huevo duro cortado. Las grandes obras arquitectónicas de la época que nos ha tocado vivir son nuestras pirámides, grandes murallas chinas hechas de acero y cristal, las personalidades de sus arquitectos queriendo vencer a las teorías físicas.

¿Cuánto cuesta?
Al principio nada, fue un regalo. Tras otorgarle el premio Príncipe de Asturias de las Artes, Niemeyer se siente en deuda con Asturias. Sentimiento que se acrecienta al no poder asistir -hay que tener en cuenta que tiene 104 años- a la celebración del 25 aniversario de los galardones. Decide regalar el proyecto y Avilés recoge el guante y se pone manos a la obra. La construcción costó algo más de 40 millones de euros, mucho menos de lo que cuestan Cristiano Ronaldo o Messi, a los que nadie recordará dentro de un siglo, todo lo contrario que el centro Niemeyer que será un referente de Avilés que heredarán los que nos sustituyan.

¿A qué sabe?
El Niemeyer sabe a progreso, a futuro, a una ría recuperada junto a la que pasear, a icono con toques de escaparate al mundo, a visitantes que se acercan a conocer una ciudad coqueta. Del sabor más tangible se van a encargar los Morán, grandes cocineros de Asturias. Han inaugurado un Gastrobar donde sabrás apreciar sus creaciones gastronómicas en una siguiente etapa, cuando descubras que te puedes alimentar de algo más que de huevos y salchichas.

¿Cuánto falta?
Ya está inaugurado y en breve estará a pleno rendimiento. De momento ya se puede disfrutar de la exposición Luz, de Carlos Saura. En el mes de julio, se va a proyectar un ciclo de documentales sobre los principios fundacionales de la ONU.

Señor, ¿y cuándo…?
Niño, ¿por qué no te callas y vas a correr por la explanada?

 

En el siguiente enlace puedes ver una serie de 30 fotografías del Centro Niemeyer.

Más información sobre el Centro Niemeyer, Avilés y Asturias en el siguiente enlace:

Asturias, lo dice todo el mundo

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Lo mejor que he hecho en esta vida fue involuntario: nacer en Avilés. Algo tan simple, ha significado en mi vida algo tan complejo como el tener un lugar donde volver. Recuerdo perfectamente aquellos viajes en un moderno 124, que ya no necesitaba refrigerarse tras subir el puerto de La Pedraja. Un poco antes de llegar a Pajares yo ya intuía Asturias, haciendo caso omiso a las recomendaciones de mis padres para que me durmiera, que venían curvas. Nunca preguntaba cuándo llegábamos, yo sabía perfectamente que ese color verde era Asturias. Además, dormía con un ojo abierto. Cuando aparecía Avilés, tras una nube de humo, se me escapaba media sonrisa.

Atrás empezaban a quedar los kilómetros que ocupaba la planta de Ensidesa, con sus toneladas de acero. Los adultos manejaban esas cifras como parte de un fondo cultural que no se discutía: el año de llegada a la luna, el gol de Zarra, el puesto de Massiel en Eurovisión. Cuando el coche aparcaba junto a la casa en Bustiello, ahí estaba todo lo que para mí representaba Avilés. El olor a tierra mojada, que años más tarde reconocería como una de esas obsesiones crónicas del urbanita; las tardes subido a la higuera como representación de la felicidad (inocencia) infantil, rodar por el prao de Manolín, perseguir a los gorriones con la escopeta de perdigones, e ir tras las niñas, con los primeros nudos en el estómago.

Años más tarde, convertí mi ruta por el Avilés histórico en un ritual: subir por Rivero, un pastel en la confitería Polledo -siguen regentándola las mismas mujeres-, parada a comprar la prensa en el quiosco de plaza España, continuación por Galiana, un vino con su tapa en la plaza Carbayedo, y sesión en el cine Marta, Quijote de las filmotecas que todavía saca la lengua a los grandes centros comerciales. Luego vinieron los años en que la ciudad quiso y pudo ser mayor. Un poco de desodorante aquí, ropa nueva por allá.

Cada año, al regresar, encontraba una ciudad más coqueta y segura de sí misma. Estos últimos años, Avilés decidió ir con todo a buscar plaza entre las mejores ciudades de tamaño perfecto. Primero en España, y luego se atrevió con el mundo al mostrar como cara la que siempre había sido la puerta de atrás, aquella sucia ría a la que nunca te acercabas. Había llegado el Niemeyer. Pero no vino solo. Como teloneros tuvo a una rehabilitación del casco histórico que concluyó con sus principales arterias convertidas en peatonales, los de NH le dieron al palacio de la marquesa de Ferrera la dignidad que merecía, y jóvenes cocineros como Fran Heras, en su restaurante Llamber, se empeñaron en demostrar al mundo que no sólo de fabada vive el asturiano.

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Estoy de viaje por Asturias. En cuanto a la primera pista, el Principado tuvo entre sus lemas turísticos el de Paraíso Natural. El actual es Todo el mundo lo dice. Las manzanas, por supuesto, están muy bien metidas en una botella de sidra. Y Asturias es el lugar donde empezó todo, en la ciudad de Avilés, donde tuve la suerte de nacer. Durante los próximos días os hablaré de los lugares que estoy visitando. Empecé por Avilés y el centro Niemeyer, ayer visité la cuenca minera y el patrimonio industrial; y para hoy hay preparada una madrugadora visita al Parque Natural de Redes. Si todo va bien también haré una escapada a Oviedo y a Gijón.

En cuanto al concurso, a Jordi Busqué y Ángel Martínez Bermejo les he dado sólo un punto porque tenían una ligera ventaja sobre el resto de participantes: son mis compañeros de viaje. Además de los citados, están en este viaje otros bloggers de mucho prestigio, como Paco Nadal, Guías Viajar, Paco Elvira, La viajera empedernida, Javier Mazorra, Viajablog y Anabel Vázquez.

Hay un empate en cabeza. Quedan dos destinos y 8 puntos en juego (el último será doble), por lo que puede pasar cualquier cosa. La clasificación provisional queda de la siguiente manera:

José Rojas - 14 puntos

Marcelo Aurelio - 14 puntos

Ángel Martínez Bermejo - 10 puntos

David Suñol - 10 puntos

Antonio Vela - 10 puntos

Jordi Busqué - 4 puntos

Xavi Piera - 4 puntos

Manuel Bustabad - 3 puntos

Sandra - 2 puntos

Yvonne - 2 puntos

Pilar Martín - 2 puntos

Succubus - 1 punto

Meteopallars - 1 punto

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