Nos habíamos quedado, en la anterior entrada, en los antiguos almacenes portuarios de Skagenkaien. Hoy albergan animados bares y restaurantes donde la gente acude en masa a poco que se intuya el sol y mientras dure el skjenketider o tiempo para servir, que es la regla que rige en la ciudad para el consumo de alcohol. Y cuando las terrazas no alcanzan, improvisan pequeñas fiestas a bordo de las embarcaciones atracadas en el puerto. Todo ello sin la presión de la atenta mirada de los serenos, que hace años que no tienen en la torre Valbergtårnet su atalaya desde donde alertar a la población de posibles incendios.
El riesgo de un gran incendio era mayor en Stavanger que en otros lugares del país, ya que la ciudad conserva el mayor número de casas de madera en Noruega. El barrio de Gamle Stavanger (Viejo Stavanger) cuenta en sus calles con 173 casas de madera construidas a finales del siglo XVIII y durante el XIX. Las inmaculadas casas, en su mayoría pequeñas y blancas, reciben ayudas para su conservación y hoy en día se destinan a viviendas, galerías y estudios. Sus bajos ventanales permiten echar fugaces y discretos vistazos a su interior donde se comprueba la sociabilidad de sus habitantes, siempre dispuestos a compartir una copa o un rato de charla con sus vecinos. En el mismo barrio se puede visitar el único museo de Conservas de todo el mundo, donde se puede conocer todo el proceso que se llevaba a cabo en sus afamadas industrias conserveras y comprobar que el aceite utilizado para las sardinas era español.
Otro museo interesante es el que cuenta la historia del petróleo noruego. Allí se puede aprender cómo se forma, saber cosas acerca del proceso de extracción del fondo del mar y de sus utilizaciones en nuestra vida diaria. Fuera del museo se encuentra el Geoparque. Construido con materiales provenientes de las plataformas petrolíferas, el lugar pretende ser un punto de familiarización entre los niños y la principal industria y fuente de riqueza de la ciudad. Los noruegos han tenido en cuenta que el petróleo se acabará algún día y una buena parte de los ingresos de su explotación van dirigidos a un fondo para las generaciones venideras.


Stavanger es también un excelente punto de partida para las excursiones por la región, entre ellas algunas de las más conocidas de Noruega, como la visita al Púlpito. Una combinación de barco y bus llevan hasta Tau y desde allí, tras dos horas caminando, se llega a la base del Preikestolen. Eso si vas por el camino adecuado. Yo perdí el primer barco y tuve que salir una hora más tarde, por lo que tuve que hacer el ascenso casi corriendo para disfrutar de algo más de tiempo en la cumbre. Me habían dicho que la ruta era accesible a los niños, pero lo puse en duda cuando me encontré escalando (literalmente) por enormes rocas en el tramo final. Cuando llegué arriba, vi como iban llegando las familias por un cómodo camino en la parte izquierda de la ruta que yo había hecho. Las vistas que se tienen desde el Preikestolen del fiordo Lyse, 600 metros más abajo, quitan el poco aliento que queda tras la ascensión. Mi consejo: echadle un vistazo al mapa antes de iniciar el ascenso. De aquellas estaban con la construcción de un hotel (me imagino que es éste), muy cerca del inicio de la ruta, que tenía una pinta estupenda, con grandes ventanales en el techo para ver las estrellas.
Más información en la página de Visit Norway











Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



Excelentes reflejos Rafa! Buen reportaje, tiene que ser precioso. Un abrazo.
Muchas gracias, Alberto
Lástima que no pudiéramos subir al Púlpito, después de ver tus fotos me arrepiento más
Pau, ya tienes un importante motivo para volver