Desde el pasado 24 de junio, Noruega está un poco más cerca. Vueling ha inaugurado una nueva ruta entre Barcelona y Stavanger. En el año 2008, Stavanger fue Capital Cultural. Bajo el lema Open Port, se organizaron una serie de actos para favorecer la libertad de expresión y el entendimiento entre pueblos. Tuve la oportunidad de visitar esta coqueta ciudad portuaria y sus alrededores ese mismo año. El viaje no tuvo desperdicio y pude disfrutar de los largos días de verano en Noruega. También hubo tiempo de abrir un nuevo camino para llegar a Preikestolen “El Púlpito”. ¿Pero por qué se convirtió Noruega, uno de los países más pobres de Europa hasta finales de la década de los sesenta del siglo pasado, en el blanco de todas las envidias al hablar de calidad de vida?
Corría el año 1969, cuando lo único que anticipaba la noche del 23 al 24 de diciembre era el inicio de otras blancas navidades en familia. Pocos pensaban que se volverían negras, que una inmensa marea negra iba a cambiar su historia. Tan pocos, que incluso uno de sus ministros llegó a afirmar que se bebería cada gota del petróleo que encontraran. Y lo encontraron. Hoy Noruega disfruta de una de las economías más solventes del mundo. Otra vez era el mar el dueño de su destino. Un mar al que han estado ligados estrechamente para bien y para mal. Con el mar han llorado y con el mar han reído. Del mar llegaron primero los arenques y más tarde las sardinas que trajeron la prosperidad a la ciudad gracias a la industria conservera y fue el mar el que dejó de traer el cotizado pescado. Y las entrañas de ese mismo mar le están dando el preciado oro negro, el petróleo del Mar del Norte. Una vez repuestos de las alegrías iniciales debieron ponerse manos a la obra con las celebraciones. Y aún les dura: el condado de Rogaland, al que pertenece Stavanger, tiene el índice de natalidad más alto de toda Noruega.

Pero hay historia en la ciudad desde mucho antes. Los primeros datos hablan de 1125, cuando el vikingo Sigurd Jorsalfar constituye el obispado de Stavanger y se construye la Catedral, la más antigua de Noruega y que ha oficiado ininterrumpidamente desde su construcción. A su lado, el lago Breiavatnet ha hecho de espejo de la sociedad que antaño tenía allí su lugar de reunión. En sus aguas pescaban y en sus aguas patinaban, cuando el invierno lo permitía, toda clase de gente. Allí se daban cita los trabajadores de los almacenes portuarios del muelle Skagenkaien, de los que hoy quedan en pie apenas 60 de los 250 que tuvo la ciudad. En ellos todavía puede verse el saliente superior que era utilizado para ubicar la grúa que descargaba las mercancías de los barcos. (Continuará mañana)
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Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



La ciudad me encantó, además tuvimos la suerte de visitarla en pleno festival gastronómico, así que fue todo genial.
Vaya, Pau, si además comemos bien ya es la monda