Los últimos días hemos estado aprendiendo swahili, viendo algunos de los ingredientes por los que es tan fácil que un país como Kenia te atrape. Ahora bien, el país africano tiene un día a día detrás de los safaris, los festivales y las casas europeizadas del barrio de Karen en Nairobi. Una pista casi impracticable para el cómodo vehículo llega desde el pueblo de Ngong hasta el hogar de Mama Tunza. Preludio de fango que los habitantes de los alrededores deben recorrer a diario. La historia de Mama Tunza es la de una madre coraje sin eufemismos occidentales.

Un día, en el barrio de Kibera, los sollozos de un niño la sacaron de algo tan rutinario como tirar la basura. La policía se desentendió, le dijo que debía cuidarlo hasta que lo reclamara la madre. Nunca sucedió. Mama Tunza fue encontrando niños abandonados que acogió en su casa de Kibera. A partir de ahí, se suceden las historias de solidaridad sin intenciones. No hablo de la de las estrellas del rock que se pasan por África, televisión mediante, recién aparecido su último disco. Ni de actrices en gira promocional de su película. Hablo de Tara, una niña irlandesa a la que diagnosticaron una enfermedad terminal tras volver de un viaje por Kenia. Al morir, tenía sólo 17 años, dejó escrito que el dinero que le hubiera correspondido en su día como herencia quería que fuera destinado a construir una escuela para Mama Tunza.

En la actualidad, viven con Mama Tunza 138 niños. La vida del valenciano Gabriel González también se cruzó con Kenia. Se enamoró del país. En 1993 fundó la empresa Kobo Safaris. Hasta aquí todo normal, comprensible, es el patrón del europeo que se asienta en el continente africano. La diferencia está en que Kobo Safaris destina un dólar a proyectos solidarios por cada pernoctación de un turista. El año pasado fueron 50.000. Hace tres años crearon Kobo Trust, fundación en la que trabaja su hija Carmen. La única condición que ponen para que Kobo colabore en un proyecto es que no dan dinero, sino material. Cuando se da dinero para posibles acciones solidarias hay que conocer muy bien el funcionamiento de las oenegés. Las hay con un 45% de gastos administrativos, pero en el caso de Naciones Unidas se llega al 80% en ese concepto. Cruz Roja de Kenia destinó más del 80% de las ayudas recibidas a construir un hotel de lujo en Nairobi.


Las instalaciones de Mama Tunza son sencillas, apenas unos barracones entre el barro dispuestos en torno a un patio donde se juega al fútbol, sin importar que el barro llegue por encima del tobillo. En los barracones se enseña, se come y se duerme. Desde Kobo les hacen llegar comida, agua potable y otro tipo de ayudas que van surgiendo de la experiencia. Gabriel contaba que cuando llevaron pupitres para las clases, los quemaron para calentarse. En el siguiente suministro empezaron a llegar los cargamentos de leña. De las historias personales de los niños de Mama Tunza, sorprende una por encima de las demás, aunque podríamos hablar de 138 bien diferentes. Durante una conferencia a la que asistió, le hablaron de un niño que vivía con una familia de babuinos. Sus padres lo habían abandonado y eran los monos los que cuidaban de él. Cuando Mesha llegó con los demás niños, apenas se relacionaba y emitía gruñidos para intentar comunicarse. Hoy es un niño de siete años que sabe leer y escribir. Kobo Trust está implicada en otros proyectos: en Lamu colaboran con Anidan (un orfanato del que os hablaré próximamente) o con el proyecto Lady Madonna, que da protección a mujeres maltratadas. También están apostando muy fuerte por devolver su identidad a los bosquimanos de Tanzania. Tras un conocido reportaje de la revista National Geographic, empezó a llegar el turismo y el poblado pasó a ser controlado por las mafias. Las mujeres cayeron en la prostitución y los hombre se alcoholizaron, se bebían cada escaso dólar que les daban cuando los turistas debían pagar un alto precio por llegar hasta ellos. Empezaron a cambiar sus hábitos de vida.


Si tenéis la oportunidad de viajar a Kenia o a cualquier otro país del continente africano, tratad de no obviar otras realidades. Aunque os parezca que es poco lo que podéis aportar, puede significar que Mama Tunza pueda dar de comer a otro niño más.
En su página web hay más información sobre esta extraordinaria mujer.

David Monfil, fotógrafo y amigo que me acompañaba en el viaje a Kenia, decidió volver y está estos días trabajando el tema Mama Tunza. Pay it forward. Os aconsejo seguir su blog para ver su evolución.

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Karibu. Lejos de ser palabra para el felpudo, un bienvenido se expresa con cariño, sintiendo de verdad que te están dando la bienvenida. Es una palabra que se escucha a todas horas: cuando se llega a un lugar, a la hora de servir la comida, cuando compras algo en una pequeña tienda. Te lo dice el señor que sale de la mezquita, el niño que va a la escuela y el masái que te deja probar su lanza. A veces, como las gracias, se acompaña de sana (mucho).

Alfagiri. Se refiere tanto al atardecer como al amanecer. No olvidaréis nunca una amanecer o una puesta de sol en África. Es algo de lo que no me canso. Y mira que la acacia no es ningún árbol espectacular. Ahora, dale un contraluz al desvencijado árbol, con más pinchos que una barra en Donosti, y verás qué cambio. Cuando se ve la rapidez con la que se va el sol tras el horizonte, un perfecto disco rojo, uno se queda sin palabras. También con nubes resulta espectacular, con los rayos colándose por cada agujero. En este pasado viaje a Kenia, tras ocultarse el sol apareció recortado contra la poca claridad del cielo, previo a la noche cerrada, el ñu de Osborne. Se ha puesto de moda acompañar el momento del atardecer con un gin-tonic. Me parece una frivolidad absoluta. Yo soy mucho más de ron.

Hakuna matata. La película de El rey León puso de moda la expresión gracias al estribillo de una de las canciones de la banda sonora. Por cierto, siguiendo con las clases de swahili, ¿sabíais que Simba -protagonista de la película de Disney- quiere decir león?
El hakuna matata engancha con el pole pole. No pasaaaa naaaaada. Así, alargando innecesariamente la a. No hay problema, tanto si tiene solución como si no. Procura ser feliz. El primer día costará comprenderlo, hasta que se cruce la primera hamaca en tu camino. Tranquilos, una vez regresas a casa se te quita en unos días la cara de colocado en Jamaica y vuelves a tu rutina con más facilidad de la deseada.

Rafiki. Amigo. No será difícil que volvamos con unos cuantos. La amabilidad de la gente y esa manía de sonreír siempre hacen que te ganen con facilidad. Además, hasta algunos masáis tienen Facebook. Bromas aparte, a poco que entablemos conversación con la gente -Lamu es un lugar propicio- nos daremos cuenta de que dan importancia a cosas ligeramente diferentes que nosotros. Los chicos de Anidan, la verdulera del mercado, los masáis de Porini, el campeón de la carrera de burros en el Festival Cultural de Lamu. Mucha gente en el recuerdo.

Asante. Gracias. Y mil veces gracias. Kenia es un destino soñado que supera con creces cualquier expectativa previa. Lejos de ser engullida por los tópicos, la experiencia de viajar al gran continente africano y participar en un safari en Kenia proporciona sensaciones que seguro formaran parte del viaje de mi vida, viaje hecho de retales de cada punto que voy visitando en el globo. Asante sana.

Post Scriptum: Dedico esta entrada a todos los elefantes del mundo. Preferentemente vivos, Alteza.

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Safari. Probablemente la palabra más conocida del swahili. Pese a que nosotros la hemos adaptado para referirnos a la caza, avistamiento o fotografía de animales en las regiones africanas, el significado es mucho más amplio: hacer un viaje. Y el que se puede hacer por Kenia es uno de los más deseados por viajeros de todo el mundo. La posibilidad de ver a los Big Five, que no son ningún grupo de pop sino los grandes animales del continente. Aunque un psiquiatra te diría otra cosa. No es fácil verlos todos en un mismo viaje, yo pude añadir tres a la lista, pero no son malos sustitutos el guepardo, la jirafa o la hiena.

Jambo. Da igual si te encuentras con un amigo o con un completo desconocido, educación ante todo que un hola no cuesta tanto. Viajando te das cuenta de todos los valores que hemos perdido con nuestro estupendo modo de vida. Un simple hola, un fácil saludo que te regatean con desidia en las ciudades dormitorio. Aún lo encontramos en los pequeños pueblos, pero en Kenia está presente a cada paso. Y junto al Jambo, siempre una sonrisa.

Pole pole. Tómatelo con calma. El ritmo en Kenia, en casi toda África, es muy distinto al nuestro. La prisa mata, dicen en Marruecos. Si en Kenia te dicen pole pole, es que vas pasado de revoluciones. Tú no te das cuenta, lo has convertido en tu ritmo vital. Pero seguro que tras unos días por Kenia, empiezas a comprobar como cunde mucho más el tiempo haciendo las cosas despacio. Pero no tenemos remedio, al volver a casa lo tomaremos como algo anecdótico, sin darnos cuenta de que todos deberíamos aliñar nuestras vidas con un poco más de pole pole.

Piga Picha. Por deformación del inglés picture, una foto es picha. Por lo tanto, el fotógrafo, que es el que toma fotos, es el piga picha. Así de simple. Kenia es un paraíso para cualquier persona armada con una cámara. Las oportunidades para hacer buenas fotografías están por todas partes. Vale, Nairobi no es especialmente fotogénica, pero tiene el interés de poder ver cómo transcurre la vida en una gran ciudad africana. Sí llenaremos tarjetas y tarjetas en la isla de Lamu. Sus estrechas calles, el mercado, el puerto, los burros transportando de todo, la sonrisa de los niños… Y dejaos de la tontería esa de que les robamos el alma con las fotos. Procurad no robarles el respeto y tendréis a cambio la mejor de sus sonrisas.
Para hacer fotos en un safari no penséis que hace falta un equipo de miles de euros y grandes teleobjetivos. Dejad esa parte a los profesionales y, cómo dirían en una anuncio, no intenten esto en sus safaris. En los Game Drive se está realmente cerca de los animales, casi con cualquier cámara os podréis llevar un fantástico recuerdo a casa y habréis disfrutado de una experiencia como pocas se pueden tener viajando. Si os vale como ejemplo, yo grabé el vídeo de los elefantes con un iPhone.

Pesa ngapi. ¿Cuánto cuesta? Viajar por África no es barato. Sí la vida allí. Se puede comer por muy poco dinero o coger transportes colectivos por apenas céntimos. Pero la entrada a los parques nacionales es cara. Y soy partidario de que así sea. Siempre y cuando el dinero se invierta correctamente en la conservación del mismo. Si las entradas fueran muy económicas, se correría el peligro de convertir la sabana en un parque temático y para eso mejor nos vamos al zoo. Un consejo: Masai Mara es el parque más conocido de Kenia, por lo tanto el más visitado, pero en el país hay muchos otros parques con oportunidades para ver animales. Como Samburu, Amboselli o Nakuru por citar algunos.

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El swahili siempre ha sido uno de esos idiomas frecuentado por estetas sin rumbo, progres molones y adeptos a películas de arcas perdidas. El swahili pertenece al conjunto de lenguas bantúes -los de la baraja de cartas de 7 países- que se habla sobre todo en Kenia y Tanzania, pero también en algunas zonas de los países limítrofes. Cuando estuve en Kenia descubrí que no era un idioma difícil y que, sin calzar chaqueta de pana ni mostrar poses ensayadas, se podía aprender lo más básico en pocas lecciones. Así que, durante los próximos días, vamos a hacer una aproximación al idioma. Empezamos con un vídeo. Unos amigos masái quieren enviar un saludo a todos los que pasáis por aquí de vez en cuando.

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Acabo de regresar de pasar unos días en Kenia, visitando Lamu, Nairobi y el Parque Nacional Amboseli. El viaje ha sido fascinante, con algunos momentos sublimes. Ahora toca empezar a editar fotos (hay varios miles), dar forma de artículo a las notas realizadas y preparar algunas entradas para el blog con el fin de tratar de acercaros la magia de este país del este africano. Mientras, os dejo con un pequeño vídeo grabado con el iPhone 4. Es el momento en que una manada de más de 200 elefantes cruza uno de los caminos del Parque Nacional Amboseli. Uno se queda sin palabras. La música, aunque sea un tópico, no podía ser otra que la de la película Out of Africa. Espero que estas imágenes os muestren lo especial que fue para mí ese momento. Pronto, mucho más sobre Kenia.

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