Se acaba de inaugurar en la librería Altaïr la exposición Tintín en Bruselas y Valonia, formada por 12 imágenes de mi trabajo siguiendo los pasos del personaje en Bélgica. La exposición coincide con el estreno, mañana viernes, de la película de Steven Spielberg Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio.
Tintín ha estado presente en la infancia de muchos de nosotros y, seguramente, tiene algo de culpa en lo mío con los viajes. Las tardes con Tintín soñaba con viajar con él al Congo (controversia incluida), a Rusia, al Tíbet e incluso a la Luna. La exposición se puede ver desde ayer día 26 hasta el próximo 20 de diciembre. Como el día de inicio me ha pillado corriendo delante del huracán Rina por tierras hondureñas, estoy pendiente de visitar la exposición próximamente. En la serie de fotos, de un trabajo mucho más amplio, se han tratado de mostrar las diferentes localizaciones que tienen que ver con el personaje: un mercado o un museo donde Hergé encontraba inspiración para sus viñetas, la estación de metro Stockel o la Gare du Midi. También hay una imagen que representa una curiosidad del personaje. A Tintín nunca se le conoció pareja, de ningún tipo. Bueno, tenía a Milú, pero quiero creer que no cuenta. Si alguno se pasa por la librería antes que yo, le agradecería cualquier comentario.

Qué: Exposición Tintín en Bruselas y Valonia
Dónde: Librería Altaïr. Gran Vía de las Cortes Catalanas, 616 (Barcelona)
Cuándo: Del 26 de octubre al 20 de diciembre

Para los que no tengáis oportunidad de pasar por Altaïr, os dejo algunas de las fotos que se pueden ver en la exposición.

Tweet

Haced clic para ampliar la imagen. Merece la pena, la reducción de WP le quita color.

La semana pasada he vuelto a Flandes. Y van… Es un sitio recurrente al que me gusta escaparme de vez en cuando. Esta entrada rompe la dinámica acostumbrada en el blog, pero si me sobran los motivos para volver a Flandes, ¿por qué no detallarlos aquí?

Ver Gante al caer la noche. Desde el puente de San Miguel, en cualquiera de los canales, al pie de la catedral de San Bavón… La iluminación de la ciudad la hizo merecedora de un premio por parte de Phillips, que algo saben de luces.

Llegar en tren a la estación de Amberes-Central, una de esas estaciones con el eterno encanto que dan las despedidas, por supuesto también los encuentros. Si la imaginamos en blanco y negro, en los andenes podremos ver a enfermeras llorando por soldados que se marchan al frente.

Aunque sea un clásico, dar un paseo en barca por los canales de Brujas. Los días de otoño dan un color especial al recorrido.

Ir a comprar flores porque sí, sin motivo aparente, al mercado que celebran de lunes a domingo (7 a 13 horas) en Kouter, una plaza junto a la ópera de Gante. Si al acabar rematamos con media docena de ostras y una copa de vino blanco en el quiosco de la esquina, el día será completo.

Tomar una de las famosas cervezas belgas. Hay donde escoger entre varios centenares. La cervecería 2Be en Brujas tiene la mayoría. Cada semana cambian los siete tipos de cerveza de barril que ofrecen. Junto al bar, hay una tienda donde comprar productos belgas. Muy turística para mi gusto. Me quedo en la barra. El Pachinko tendría para una buena temporada de su sección Cervezas del mundo.

Ir a ver cómo ha envejecido la princesa Leia. Durante cinco minutos al día, aparece en la basílica de la Santa Sangre para que los fieles, donación mediante, se puedan acercar a tocar la reliquia. La misión de la princesa es, cada vez que pasa un fiel, pasar un trapo al profiláctico de PVC que protege la reliquia.

Visitar el nuevo museo MAS en Amberes. Espectaculares vistas, de 360ª, desde la décima planta. Se ve perfectamente el recorrido que hace el río Escalda a su paso por la ciudad. El acceso a esa planta y al interior del edificio es gratuito. Para visitar las salas de exposiciones hay que pagar entrada.

Ver la magia de las luces sobre los canales en un día tormenta. Generalmente al caer la tarde, cuando el cielo ha estado amenazando con caerse sobre Gante, unos últimos rayos de sol, a veces simple claridad, bañan de una luz muy especial la zona de canales.

Comprobar en Amberes, también en Brujas y Gante, como el masivo uso que hace la gente de la bicicleta permite a los niños tener mucho espacio donde jugar a perseguir pompas de jabón.

Ver algunos de los mejores ejemplos de Art Nouveau en el barrio Zuid de Amberes, como la casa conocida como Los Cinco Continentes, con una proa de un barco empotrada en su fachada. El Art Nouveau, esa arquitectura que tantas alegrías da a la vista y cuya decadencia marca el punto donde se empezó a perder el norte.

Comer un trozo de las deliciosas tartas o una cake cup de las que preparan en Julie’s House, junto al castillo del Conde, conocido como Gravensteen, en Gante. La tarta de crème brulée con ruibarbo y la de speculoos con chocolate blanco están increíbles.

Seguimos con el dulce -el lunes a dieta-. Los gofres de Max, también en Gante, junto a la iglesia de San Nicolás. Enormes, hechos en el acto, con chocolate y nata. Solos cuestan algo menos de cinco euros y con gracia, es decir como el de la foto, ocho euros. La elegancia del sitio y sobre todo el sabor bien los valen.

Ir a Flandes en la mejor de las compañías. Yo la tuve.

Tweet
He estado de visita por los mercados navideños de Bruselas y Lieja. A la capital oficiosa de Europa le dedicaremos el tiempo y el espacio que merece un poco más adelante. Eso no quita que os deje algunas imágenes de la Navidad bruselense acompañando al paseo que hice ayer por Lieja.
A las 7 de la mañana, una copiosa nevada cae sobre las calles de Lieja y el río Mosa. Todavía falta un rato para que amanezca -finalmente el sol tan solo se va a intuir durante casi todo el día- y desde la habitación del hotel puedes especular sobre los grados del exterior. Hace frío. Las temperaturas flirtean con el termómetro por debajo del cero y como es muy temprano para un glühwein, habrá que abrigarse un poco más. La nieve ha llegado para formar parte del atrezo navideño que no estaría completo sin la alfombra blanca que lleva hasta la Plaza del Mercado. Las casetas empiezan a abrir sus puertas, los jamones dan vueltas en el asador y llega el aroma de las especias que añaden al vino caliente: canela, jengibre, piel de limón y el librillo de cada maestrillo.

Hacer click para verlas más grandes

Las bajas temperaturas, lejos de asustar a la gente, hacen que se arremolinen junto a las estufas de las casetas y facilitan el acercamiento y el diálogo. En el mercado navideño de Lieja hay algunas casetas dedicadas a la artesanía, llegada de lugares como Bielorrusia, pero son mayoría las que ofrecen algo para comer y alguna bebida como el peket, un licor tradicional de la región destilado a base de hierbas y disfrazado de coco, frambuesa o fruta de la pasión para los menos valientes. Aunque el peket triunfe como aperitivo, lo que realmente apetece es coger una taza de glühwein entre las manos y soplar dejando que el vapor roce tu cara. El jamón asado, los diferentes tipos de setas y, sobre todo, unas patatas con tocino y camembert fundido incitan a que me convierta en un vulgar heliogábalo, pero decido dejar de darle motivos al gimnasio para que me siga enviando ofertas para matricularme en enero y paso de largo.
Todos conocemos la cara más comercial de la Navidad, esa artesanía rendida al molde y a la fabricación en lejanos países de Oriente. Un periodo de anuncios de grandes almacenes y perfumes con la garantía de un buen polvo incluida. En Lieja parece distinto o por lo menos hay barreras que no te dejan ver toda esa parte. Supongo que ayuda bastante escuchar villancicos en vivo y no en distorsionados altavoces, ver patinar a la gente en una pista de hielo con árbol y sus luces en lugar del partido de liga con sesión publicitaria en Canal +, o el hecho de poder mandar una postal con un sello creado para la ocasión en lugar de un PowerPoint con un Papá Noel bailando.
La nieve ha caído intermitentemente durante todo el día y el cielo ha estado pesado, gris. Camino del aeropuerto de Bruselas, mientras repaso las notas, sale la famosa luz de Murphy. Con media sonrisa leo una de esas perlas escuchadas durante el viaje y que no puedes evitar guardar en la Moleskine: “¿A los flamencos les llaman así porque les gusta bailar flamenco?” Teniendo en cuenta que Valonia es la región francófona de Bélgica, doble salida de tono. Pues eso. Feliz Navidad a todos.

El mercadillo de Navidad de Bruselas estará abierto hasta el día 9 de enero y el de Lieja hasta el día 2 de enero. Más información sobre Valonia y Bruselas aquí.

Tweet
© 2010 RAFA PÉREZ - Todos los derechos reservados Suffusion theme by Sayontan Sinha
Content Protected Using Blog Protector By: PcDrome.