Autovías: largos tramos de dos carriles en los que no se paga pero sí se pierde. Un viaje a Asturias ya no es lo mismo, por mucho que se empeñen en vestir de peregrino a esos tramos de asfalto: Autovía del Camino de Santiago la llaman.
Apenas se intuyen las luces de neón de los garitos al estilo del Big Club en Airbag, paredes que daban cobijo a camioneros borrachos de kilómetros. Escondidos han quedado pueblos candidatos a apertura de informativo por su querencia a esas tragedias resultas de odios heredados y, a 120 km/h, de la Castilla que fue lienzo de Delibes queda apenas un mal dibujo de trazos de cultivo. Los Monegros y sus buitres leonados ya no asustan desde que el aire acondicionado viene de serie. Atrás ha quedado la recurrente excusa: Duérmete, que entramos en Los Moneeeeegros -así, alargando la e para dar más miedo-, decían los padres cuando lo que querían evitar era el enésimo ¿cuándo llegamos? de los hijos.
Pese a todo, aún encontré en San Leonardo de Yagüe un auténtico bar de ventilador en el techo, servilletas en el suelo y órdagos en la mesa. Por supuesto, me paré a comer.
Entretenido con la retahíla de pueblos sin mar, pero con nombre para ser tomados en serio, los Bercianos del Real Camino, El Burgo Ranero o Mansilla de las Mulas, me llevan a las puertas del puerto de Pajares. Algo me entra en el ojo y por un instante planteo arrancarme con el Asturias, Patria querida. Dadas sus reminiscencias de himno báquico, frecuentando el número uno de las 40 bacanales (Marco siempre en el dos), decido poner la radio y disfrutar del descenso.
Desde hace unos años, Avilés recibe con cielo limpio, reconversión y Woody Allen mediante. El paseo clásico me lleva calle Rivero arriba hasta llegar a la Plaza España y de ahí a Galiana o Ferrería y la primera sidra en la Plaza Carbayedo, donde un niño chuta un balón y sueña en voz alta con el Oviedo en primera. La prudencia y los zapatos nuevos me llevan a delegar en el camarero el acto de escanciar. Léase acto con connotación sexual, porque escanciar la sidra es una prueba de hombría, de asturianidad. Pobre del que no alce el brazo lo suficiente y no ponga mirada marcial al frente.
Si alguno se anima a seguir con las sidras, aquí va un consejo previo paso a mayores. Es importante ensayar ante el espejo antes de pedir uno de los licores tradicionales. Mucho mejor soltar de carrerilla “meponesunlicorHijoputa”, que pararse a dudar si la frase lleva coma o no. Tampoco se debe optar por la comodidad de la opción genérica y dejar al camarero que pregunte por la marca.


Rafa Pérez Fotoperiodista que intenta entender el mundo a través de los viajes y la fotografía.



Un amigo de Oviedo me comentó una vez ,que el nombre, es debido a la expresión que le sale de la boca al bebedor ,al cual se invita, después del primer trago..
Buen relato (junto a mis dotes fotográficas tengo que cultivar las prosísticas. ainsssss).
Con respecto a lo de la sidra, yo debo de ser metrosexual, pues desde mi 1'83 (a sumar el brazo extendido) no ha caído nunca.
Supongo que son cosas de los abstemios. Yo soy más de fabada y frisuelos.
Un saludo y buena estancia.
Me llamaron mucho la atención esas tremendas autovias tan maravillosamente gratuitas. Aquí serían autopistas de pago. Lo más gordo era que eran elevadas, aquellos viaductos deberían llevar avisos para conductores con vétigo.
Xavi, no sé a qué se debe el nombre, pero sí que hay que pedir con cuidado o a una distancia prudencial de la barra.
Sergio, no son mala elección la fabada y los frisuelos. En la segunda o tercera carta hablaré de la fabada.
Jordi, son maravillosas y gratuitas, pero le quitan romanticismo al viaje.
Y luego dicen que las comas no son importantes “me pones un licor Hijoputa” “me pones un licor, Hijoputa”…una gran diferencia
Más que importantes, María Jesús. Sobre todo si no quieres tener problemas con el camarero
Un gran libro de puntuación que se titula “Perdón imposible” de José Antonio Millán